Texto de Felipe E.
Díaz Soto, "Impresionismo en el Caribe"
En la galería
de arte que está a un lado del céntrico parque Céspedes
de la heroica ciudad de Santiago de Cuba, un estudiante de la Universidad
de Oriente, nos dio una especial introducción a la observación
y entendimiento de pinturas, verdaderas obras de de la cultura artística
cubana, en sus palabras se evidenciaban profundos conocimientos sobre diferentes
aspectos de esta ciencia.
Imagino que sus profesores, familiares y la Revolución estarían
muy orgullosos de oír la fluidez con la que se cambiaba de un tema
a otro, de un aspecto histórico-artístico a otro, mostrando
una alta calidad de aprendizaje facilitada por todo el sistema educativo
del Estado. Según parece y por como cuentan las personas con las que
hablamos es quizás la mayor virtud del sistema cubano actual y uno
de los frutos que la Revolución ha sabido potenciar.
Decidimos no ser simples turistas y caminar lo más posible, aprovechar
que el Caribe nos hace bastante símiles en cuanto a aspectos físicos,
consideramos aprender a usar el “cantaito” y las frases típicas, intentamos
pasar por cubanos, nos metimos en la ilegalidad a la que todo cubano se ve
obligado a entrar para sobrevivir.
Ciertamente la técnica solo nos sirvió para introducirnos en
las conversaciones con las personas y quizás sacar buenos precios
a la hora de comprar, pues no quisimos arriesgarnos a ofender la inteligencia
de los nativos, sobretodo a sabiendas que son bastante “vivos”. Pero igual,
nos pudimos acercar a todo el que se nos cruzó por el frente, en calidad
de falsos cubanos (Guantanameros o de Baracoa) o en calidad de turistas dominicanos
muy interesados en la realidad de cuba (la pura verdad). Hablamos con mucha
gente, mujeres, hombres, empleados, gente que se la busca, gente más
mayor, gente totalmente en contra del régimen y gente bastante revolucionaria.
Intentamos entender cómo piensan, en cuanto a lo social, lo político
y lo económico, usamos la típica pregunta que tanto usan coloquialmente
los cubanos “¿qué tu crees de la vida?” y recibimos impresiones
varias.
En general el cubano entra en una constante negociación y cabildeo
por la vida desde que nace, tanto por que los padres tienen que hacer de
todo para conseguir todo lo que necesita un recién nacido, como el
peculiar hecho que desde que va siendo menos recién-nacido, las necesidades
del infante dejan de ser prioritarias, pues “¿para qué necesita
un nene de más de un año la leche? Es más útil,
para el niño y la familia vender esa leche, que por suerte la revolución
nos da hasta los 7 años del niño”. Por que no solo de leche
vive el nene, y si los padres se mueren de hambre de poco le serviría
la leche al nene, ¿verdad?
Así nos fuimos acercando a conocer los diferentes sistemas de supervivencia
que usa la población cubana, lo que se conoce como actividades productivas,
o sea, los modos de ganarse la vida. El re-juego entre lo poco que da el
Estado, “que por suerte nos lo da” y lo que se puede conseguir bajo el velo
de vista gorda a la que se hacen las autoridades. Como todos los empleos
tienen un solo empleador: el Estado, todo lo que se mueva en la calle, callejones,
techos, casas, vehículos, paradas de “guaguas” y cualquier esquina
de los parques, de alguna manera viene o está ligado al gobierno,
a sabiendas que el salario promedio de uno de estos empleados es de apenas
300 pesos cubanos , lo cual realmente no es suficiente para más de
una semana de vida y pensando que se pretende que esto sea salario mensual,
se entiende un poco el por qué del modus vivendi. Por eso, quien transporta
carne del gobierno, busca la manera de desaparecer un poco para poder venderla,
y parecen ser un buen número los que incurren en esta práctica,
pues en los mercados de Santiago y Guantánamo se puede preguntar sigilosamente
por carne y siempre hay. Igual pasa con la leche, los materiales de construcción,
utensilios del hogar, repuestos de carros y prácticamente todo.
Este sistema de compras ilegales parece tener entre sus pilares de sustento
la mencionada vista gorda de las autoridades y la llamada “fe en el extranjero”.
Es bien sabido que la Revolución ha etiquetado como gusanos a los
desertores del sistema, sobretodo a los llegados a Estados Unidos, quienes
forman la Nueva Habana en el Estado de la Florida que cada vez es más
cubano; estas personas (incluidas las que están en países como
Dominicana, España y otros) que son cubanas hasta después de
muertas, constituyen quizás el brazo más fuerte de sustentación
económica de una considerable parte de la población en Cuba.
Con sus constantes remesas proporcionan la liquides necesaria para que pueda
circular un mayor número de productos ilegales en las calles cubanas,
y de paso, puedan gestionarse como mantenerse vivos. De hecho es interesante
como las ciudades tienen tiendas, que una vez fueron exclusivas para turistas,
ahora abiertas a todo público, aunque con una casi exagerada seguridad
y una marcada discriminación al nativo cubano, pero en sí,
el mayor consumidor en las mismas es ese cautivo ciudadano que gasta un dinero
idiopático para el Estado.
Nuestras conversaciones se inclinaban entonces, hacia el por qué de
la ilegalidad, por qué un Estado que asumió el rol de proveer
todo lo que la población necesite, no se muestra desesperado por cubrir
plenamente al menos las necesidades básicas. En cierto momento, después
de entender por qué los moto-taxis nos cobraran antes de llegar a
los sitios convenidos y otras veces nos dejaban antes de llegar: para protegerse
de los policías que les multaban por ejercer el honroso trabajo de
cobrar dando pasajes. De hecho, cuando te agarran montado, la solidaridad
dicta hacer el papel de familiar o buen amigo del conductor y expresar que
estás montado por cortesía, como un favor, nunca cobrando.
Después de comprender cómo se transpira la clandestinidad en
todas las relaciones, cómo la ilegalidad se vuelve necesaria y hasta
inherente al estilo de vida cubano; entonces nos sentimos como si este complejo
sistema con su batiborrillo de trucos y artimañas es incompresible,
para nosotros en sobremanera, pero sorprendentemente para lo es también
para sus sobrevivientes.
Estos moto-taxis, los bici-taxis (que sí son legales), los booteros
(jeeps) y las llamadas guaguas, son las opciones de transporte en las ciudades
cubanas. En el contexto dominicano cuando se dice: “vino un camión
de gente” se refiere a que llegó mucha gente, pero esto extrapolado
al contexto cubano es simplemente que llegó una guagua del transporte
público, pues además de que el vehículo más moderno
que pudimos ver en manos de un nacional cubano era tan moderno como podía
ser la tecnología en el año 1974, a pesar de que los Rent-cars
para turístas tienen actualizados carros del 2006 y lujosos modelos
como el Audi A4, para el grueso de la población cubana, el pueblo,
el medio más usado de transporte son camiones de millones de años
de antigüedad adaptados con techo de lona, una o dos hileras de sillones
corridos a los bordes y escaleras improvisadas, a las que hay que esperar
a tiempo indefinido que generalmente no es menos de 30 minutos, para luego
contar con la suerte (dependiendo del día y la hora) de encontrar
un rincón entre la escalera y los sillones para montarse.
Exclamaba un transportista interurbano, llamado “bootero, de pasajes o de
pisi-corre” que si el gobierno no va a suministrar transporte para la población,
lo menos que puede hacer es permitirles a ellos (que tienen los automóviles
adaptados para ello y la disposición) dar transporte…. Que nos den
el permiso ” Quizás sea cierto lo que varias personas nos llegaron
a decir: “la economía cubana, ni los mismos cubanos entienden como
funciona”
Lo cierto es que esta gente comprende y se enorgullece de las virtudes de
Cuba, de los logros en educación, conocimientos médicos, de
los beneficios logrados por la Revolución (como la reciente Revolución
energética), de las ventajas ante el sistema que existía previo
a la misma Revolución; y comprende también que quizás
Revolución no lo es todo. Entre todas las líneas que oímos,
anotamos, recordamos y volvemos a leer y revivir solo se lee la necesidad
de libertad, libertad para ser, para hacer. Esta gente que está cargada
de un profundo amor por su tierra, por su cultura, por lo que son, por lo
que tienen, parecen querer poder abrazar físicamente el deseo de lo
que quisieran ser. “libertad para poder buscar el dinero de sobrevivir legalmente”
nos decía la única persona que no puso entre líneas
su deseo, sino que lo sacó a flote.
Y se nos revienta la bombilla teórica-académica-conceptual
al recordar y volver a ver la manera en que los textos de la Revolución
(que están por todas las calles cubanas) hablan de la libertad y aspectos
relacionados….
Realmente fuimos con una idea de lo que es la Revolución, al menos
la idea que se puede formar por lo que llega a través de libros, escritos
y gente, la idea de cómo se presenta el sistema cubano: como la alternativa-solución,
como “esperanza ante el desgarrador sistema capitalista, que explota y deshumaniza
la sociedad”, al vivir la realidad desde las calles cubanas, se nos fueron
cayendo “los palitos”, el escenario que nos habían pintado desde fuera
sobre la Revolución, empezó a cambiar de color, forma y textura
y a convertirse en cruda realidad. Donde la más justa manera de juzgar
parece ser el balance de ventajas y desventajas, de virtudes y perjuicios,
qué ofrece la Revolución a favor de la población y qué
no ofrece.
Puede pensarse que el sistema imperante refleja una versión alternativa
de la teoría de Adam Smith, donde la diferencia es que en nuestras
sociedades “la mano” es “invisible” y nos controla como a control remoto,
dominando nuestras acciones, deseos y formas de pensar; y por lo vivido en
Cuba, vemos como “la mano” (la misma mano), también puede ser visible,
y provocar exactamente los mismos resultados.
Puede pensarse entonces, que nuestras sociedades no son tan distintas, al
menos en ese sentido. La dificultad está tal vez en elegir: si queremos
ser manipulados y aparentar que no nos damos cuenta; o saber que somos manipulados
y ser parte del circo (aunque obviamente, sin el pan).
Es una situación que no atañe solo a cubanos, pues en la galimatías
de temas políticos, sociales, interculturales, internacionales, de
influencias políticas y empresariales, en claro detrimento de las
supuestas democracias a las que están asidas nuestras naciones, las
interacciones con Cuba, están totalmente especializadas, desde el
sistema de telecomunicaciones, que aísla la isla, como si fuese una
región aparte; el sistema monetario, con sus pesos convertibles, para
el cambio de monedas extranjeras; el sistema de migración, que intencionalmente
no sella ni la entrada, ni la salida, como clara medida de no perjudicar
a los visitantes que osan entrar a territorio Cubano; como el manejo de la
prensa (en el extranjero) ante los hechos y actividades que ocurren en Cuba,
como lo es la modesta pronunciación en la prensa nacional Dominicana
del Festival Internacional del Caribe 2007, dedicado a República Dominicana
, que fue la excusa que nos llevó hasta esas tierras.
Y bien, lo que nos llevamos de Cuba es una observación de un cuadro
impresionista, y como aprendimos a observar y criticar, desde lejos se ve
una imagen, que luego desde cerca puede cambiar, totalmente.
Me voy a atrever a decir que en Cuba (y quizás en nuestras sociedades,
sobretodo latinoamericanas) la Revolución debe no se… suceder, o volver
a suceder… y sí, hay “que cambiar todo lo que debe ser cambiado”,
sí, hay que luchar por una real igualdad, por una verdadera justicia,
social y económica, ir contra el poder y las jerarquizaciones, no
ir pa´lante, si pa´lante no es la dirección que el pueblo
quiere o lo que más conviene. No olvidar que “Revolución es
el sentir del momento histórico”, no olvidar que momento es algo transitorio
y no un status estático y mucho menos de 48 años. Reconocer
todo lo bueno que tienen nuestras sociedades y salvaguardarlo para no perderlo
jamás, pero también reconocer públicamente todo lo malo
y heroicamente levantarnos a reformarlo. Aprender de la historia, no para
que nos absuelva, sino para no repetir los mismos errores. No olvidar que
los extremos son siempre malos, que los cambios requieren grandes esfuerzos
y sacrificios y que nuestro mundo actual, globalizado o mundializado, nos
brinda cientos de medios para lograr necesarios objetivos, como el que nuestras
sociedades necesitan. Que el Caribe no sea solo las aguas que nos unen,
sino también el espíritu que nos une.