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EL
ESTATUS DE LAS COMUNIDADES AFROLATINAS EN LAS AMERICAS
THE STATUS OF AFRO-LATINO COMMUNITIES IN THE AMERICAS 4, 5 Y 6 DE AGOSTO DE 2005 - AUGUST 4 TO 6, 2005 BUENOS AIRES, ARGENTINA Agenda Borrador Taller organizado por la Iniciativa Global Afro-Latina y del Caribe, que es un programa del departamento de Estudios Latinoamericanos y del Caribe de Hunter College, de la Universidad de New York, en colaboración con el Franklin H. Williams African Diaspora Instittute and Caribbean Cultural Center y el Comité Argentino de Organizaciones Afro Organizador del Taller Internacional sobre la Realidad Actual de las Comunidades Afrodescendientes de las Américas. En cooperación con las siguientes entidades: Organización de desarrollo Etnico Comunitario (ODECO), Honduras. Red de Mujeres Afro-Caribeñas y Afro-Latinoamericanas, Costa Rica. Organizaciones Mundo Afro, Uruguay. United Methodist Office for the United Nations (UMOUN), U.S.A. GELEDES, ONG de Mujeres Afro de Brasil, Brasil. Commission on Pan African Affairs, Barbados. Fundacion Afro-América, Venezuela. Latin American Affairs, Institute of International telations, Trinidad y Tobago. ASONEDH, Andean Afro Latino Organizations, Perú. Concilio Puertorriqueño Contra el Racismo, Puerto Rico Inter-American Consulation on Race, Inter-American Dialogue, U.S.A Inter-Amreican Foundation, U.S.A Esta Conferencia es posible gracias al aporte de la Fundación Ford
EL ESTATUS DE LAS COMUNIDADES AFRO-LATINAS EN LAS AMERICAS
Jueves 4 de agostoTHE STATUS OF AFRO-LATINO COMMUNITIES IN THE AMERICAS 4 al 6 de agosto, 2005 – August 4 to 6, 2005 BUENOS AIRES , ARGENTINA PROGRAMA
PRIMER DIA 18 hs. Ceremonia de Apertura Palabras a cargo del Dr. J. Michael Turner, co-fundador de la Iniciativa Global Afrolatina y Caribeña, GALCI. 10 minutos. Bienvenida de los anfitriones de la conferencia: Sra. Lucía Molina, Presidente de la Casa de la Cultura Indo-Afro-Americana de Santa fe y Sra. María M. Lamadrid, Presidente de la Fundación AFRICA VIVE, Argentina. 10 minutos. Homenaje al Movimiento Afro-Argentino, forma a ser determinada. 25 minutos. Carlos Mundt, Maestria en Diversidad Cultural, UNTREF Dr. Alejando Frigerio, Universidad Catolica, Argentina-UCA Prof. Enique Oteyza, Inandi-Instituto Nacional Contra la Discriminación Comentarios adicionales de las organizaciones colaboradoras: Sr. Jorge Romero Rodríguez, OMA-ALIANZA, ODECO, GELEDES Sr. Humberto Brown, GALCI. 5 minutos cada uno. 20 hs. RECEPCION: CASA AFRO-ECUATORIANA. SEGUNDO DIA Viernes 5 de agosto De 9 am. a medio día. Ceremonia de Apertura Presentación de la Comedia Negra de Buenos Aires. 25 minutos. De 9,30 am. a 12 pm. PANEL: EL ESTATUS DE LAS COMUNIDADES AFROLATINAS EN LAS AMERICAS. Enfasis en Educación, Salud, Género, Inclusión Social, Desarrollo Sustentable, Acciones Afirmativas, Posesión de las Tierras, Derechos Ancestrales, Representación Política. Moderador: Sr. Carlos Rosero, Colombia Panelistas: Sra. Epsy Campbell, Congresista de la Asamblea Nacional de Costa Rica. Sr. Jesús Chucho García, Fundación Afro-América, Venezuela. Sra. Sonia Salgado, Alcaldesa de Arica, Chile. Sr. Manuel Murillo, Red de Abogados Afro-Colombianos Comentaristas: Sr. Jorge Romero Rodríguez, Mundo Afro, Uruguay. Sr. Celeo Alvarez Casildo, ODECO, Honduras. UNESCO, Brasil. Sra. Sandra Torres Paz, Cali, Colombia 11 am. a 11,15 am. Pausa para café. 11,15 a 12 pm Sesión de preguntas y respuestas. Reflexiones a cargo de Luz Marina Mateo, IRI-UNLP, Argentina, Marta Pro Santana, CEPDUR 12 pm. a 13,30 pm. Almuerzo. 14 pm. Visita a Comunidades Afroargentinas. 18 pm. Regreso a la Universidad. 19 pm. a 20 pm. Presentaciones de Agencias y Fundaciones Multilaterales. Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, Programa de las Naciones Unidas para El Desarrollo, Fundación Interamericana. Centrales y Locales. Inter-American Foundation 20 pm. a 20,15 pm. Anani Dzidzienyo, Brown University, USA Sheila S. Walter, Afrodiaspora Inc., USA 20,15 pm. a 20,30 pm. Reflexiones a cargo de GELEDES, Instituto de Mujeres Negras, Brasil. 20,45 pm. a 23 pm. GALA AFRO Presentación de la obra de teatro “LOS NEGROS DE SANTA FE”, de la Casa de la Cultura Indoafroamericana, y espectáculo musical del Grupo de Candombe Argentino “Familia Rumba Nuestra”. BANQUETE. TERCER DIA Sábado
6 de agosto
10 am. a 11 am. PANEL: LAS COMUNIDADES DE LA DIASPORA AFRICANA EN ARGENTINA. Caboverdeanos, Nigerianos, Afroindígenas Panelistas: a ser determinados. 11,00 am.: Suggested respondent - Dr. Rogelio Fernandez Couto, Fundación Centro Psicoanalitico Argenino 11,30 am: Reflections: Suggested speaker Dra. Dina Picotti , Maestria en Diversidad Cultural-UNTREF; Direccion de Africa SubSahariana de la Cancelliria Argenina 11,45 am. a 13 pm. ALMUERZO: Comidas de Cabo Verde. 13,15 pm. a 14,15 pm. PANEL: LA JUVENTUD AFRODESCENDIENTE. Panelistas: jóvenes de AFRICA VIVE, Casa de la Cultura Indo-Afroamericana, Sociedad Caboverdeana y grupos de los Estados Unidos y de las Américas. Comentarista: Prof. Luisa Casalet, Mundo Afro, Uruguay. Reflexiones: Juventud Afro-Latina de E.E.U.U 15 pm. a 17 pm. PANEL: PREPARACION DE SANTIAGO + 5. Maderador: Ivanir dos Santos, CEAP Panelistas: Dra. Marta Pro Santana CEPDUR, Peru Sr. Jorge Romero Rodríguez, Mundo Afro, Uruguay Sr. Celeo Alvarez Casildo, ODECO, Honduras. GELEDES: Instituto da Mulher Negra, Brasil Sr. Jesús Chucho García, Fundación Afro-América, Venezuela Comentador: Sra. Sheila S. Walker, Afrodiaspora Inc., U.S.A Reflexiones a cargo de: a ser determinado Gilberto Leal-Salvador, Niger Okan, Brasil Padre Glyn Jemmott Nelson, de la Costa Chica, Oaxaca, Mexico Sra. Miriam Gomes, Universidad Nacional de Tres de Frebreo CIERRE OFICIAL DE LA CONFERENCIA: EVENTO ESPECIAL. Sra. Marta Moreno Vega, GALCI, USA Sra. Miriam Gomes, Universidad Nacional de Tres de Frebreo 21 PM. Programa de Tangos, opcional. U$ 60. |
Los africanos en la región
-Pcia. de Córdoba, zona de Villa María y Villa Nueva (1) -
¿Por qué los africanos en un Congreso sobre la Inmigración?
La inmigración es, sin duda alguna, una huella profunda en el ancho camino por el cual venimos construyendo nuestra identidad, ya sea que hablemos de la Nación toda o de nuestra región en particular. Por ello el concepto de inmigrante es de tanta importancia en este país. De allí que el territorio cubierto por este concepto ha sido campo de batalla entre los sectores que intentan monopolizar el discurso en la sociedad. No es poco habitual encontrar textos en los que la categoría de inmigrante alcanza, de manera especial, a los europeos que ingresaron al país en las distintas corrientes migratorias que poblaron estas tierras. Incluso, no es raro escuchar aquella repetida frase cuya sentencia dice que somos un país construido por quienes bajaron de los barcos, en clara alusión a los europeos que llegaron y se establecieron en este suelo. Pero, también otros navegaron los mares y bajaron de los barcos y quedaron en estas tierras. Nos referimos a quienes siendo cautivados en el continente africano, y reducidos a una posesión del hombre blanco, fueron traídos como esclavos para que su trabajo enriqueciera esta comarca.
Pero en Argentina, la invisibilidad de lo africano ha sido construida de manera meticulosa. Como sociedad tendemos a negar la rica participación de los hombres y mujeres africanos en la construcción de la Nación. Es más, relativizamos tanto la presencia de lo africano en nuestra historia y en nuestro presente que podemos generar confusiones como, por ejemplo, la que se plasma en el libro colectivo “No más invisibles. Afrolatinoamericanos hoy (1995)”, editado por el Grupo de los Derechos de las Minorías (Inglaterra) comentando la realidad de las “colectividades negras” en la región, Argentina es considerada un país que tuvo poca población afrolatinoamericana en su historia. Tampoco, según la misma publicación, se registra huella importante de la presencia de esos pueblos en nuestro suelo. El mismo material niega la existencia de minorías afroargentinas en la actualidad. La publicación parece hacerse eco de la negación de las mayorías argentinas a la hora de reconocer los compatriotas de origen africano.
Claro que esto no se condice con la realidad, basta señalar la inmigración desde Cabo Verde que se estableció en Dock Sud y Avellaneda. Esa sola comunidad en la actualidad alcanza una cifra de 8.000 personas(2). Por otra parte, es de innegable importancia la influencia de las culturas africanas en el proceso de construcción de la identidad argentina(3) .
Podría preguntarse si la calidad de compulsivo que tuvo el traslado de la población africana hacia América, impide incluirla en los distintos fenómenos de la inmigración. Quizás no sólo es factible esa posición sino que puede ser de gran interés, y revelador, estudiar este fenómeno como una inmigración. Es decir, una población que vino desde otras tierras y se radicó en ésta aportando su cultura.
De todos modos no se innovaría mucho con esta postura, basta recordar al escritor ecuatoriano Benjamín Carrión (1889-1979) que en su artículo “El mestizaje y lo mestizo”(4) hablaba de la “caudalosa inmigración negra”. Desde este punto de vista, sin olvidar las particularidades atroces del fenómeno de la esclavitud, podemos avizorar la incidencia cultural que tuvo esta población en la conformación de la identidad argentina. Como también notar que el lugar de subalternidad que se les otorgó a esa población no desaparece cuando termina la esclavitud. Existe un hilo de continuidad que conecta, a pesar de las transformaciones económicas y culturales, los mecanismos utilizados por la sociedad para la construcción de la subalternidad otorgado a diferentes grupos sociales a lo largo de la historia. Es decir, sería posible realizar una suerte de genealogía de la subalternidad. Incluso relevar cómo se ha ido marcando, en los cuerpos de los de abajo, su posición social. Es decir se puede estudiar las transformaciones que recibe el concepto de esclavo a raíz de la conquista y la colonización de América. Cuestión que nos lleva a pensar la forma particular en que se construye la subalternidad social que ocupará este grupo y, cómo se filtra a la nueva realidad económica, política y social que se vive cuando llegan las otras corrientes inmigratorias. Porque debemos entender que la población africana, básicamente esclava, es parte del sustrato social al que van a sumarse las corrientes migratorias europeas, que vendrían más adelante.
Por ello, en este Congreso de Historia dedicado a la inmigración, al pretender hablar de todos aquéllos que vinieron desde otras tierras y se establecieron en estas latitudes, no puede dejarse de lado la población africana. Aunque la historia les ha menguado espacio, la presencia de los africanos en nuestro medio ha sido de gran importancia, aunque su “visibilidad” social no fue, ni es, importante. En general la sociedad no ha reconocido mucho el aporte de los africanos a la construcción de nuestro país. En la región de Villa María, esa cuestión parece poco advertida, incluso, con honrosas excepciones, por quienes han escrito la historia de la región. Pero estos aparentes olvidos de la importancia de lo africano poseen razones que no pueden estar muy desprendidas de las que se esgrimieron para justificar la esclavitud. Es decir, una cultura eurocentrista. El pensamiento imperante apenas pasada la conquista, cuando se establece el sistema feudal de producción en esta parte del mundo, planteaba la superioridad del hombre blanco y europeo.
Entidad jurídica y registros de esclavos en la región
En el presente trabajo, mediante el relevamiento de algunas fuentes documentales, se intenta dar cuenta de la importante presencia del hombre africano en la región. Entendiendo que el esfuerzo de aquellos gajos arrancados de la genealogía africana tuvieron mucho que ver con la prosperidad de este lugar. Sólo que mediante una invención histórica como lo es el concepto de “raza”, sin sustento biológico alguno, fueron ubicados en un espacio subalterno que los ha condenado a la invisibilidad social que, desde lo que planteamos puede tener conexión con algunas invisibilidades actuales que trascienden lo africano.
Para pensar la llegada de aquellos candidatos a bestias que bajaron de los barcos de esclavos puede recordarse la frase del Dante que dice “los que entren aquí, abandonen toda esperanza”. En cada uno de aquellos viajes esos hombres y mujeres transitaban un camino que los llevaba a un punto intermedio entre dos cuestiones que hoy nos parecen tan alejadas una de otra. Porque a pesar de poseer caracteres de humanidad, jurídicamente eran “cosas” susceptibles de ser apropiadas por otras personas. Por ello, como veremos más adelante, los esclavos aparecían inventariados junto a herramientas y animales. Pero, el mismo sistema jurídico que preveía esto, también ofrecía mecanismos para la conversión de esos objetos de derechos (cosas) en sujetos de derechos (personas). Así, los esclavos eran una entidad jurídica de muy difícil resolución dado que por un lado eran un bien de propiedad cosificado, en tanto que por otra parte, poseían la condición de dependientes y súbitos de un Imperio. A diferencia de los indígenas americanos, los esclavos, al inicio de la trata esclavista, no contaron con un cuerpo legal específico.
Es decir que ha mediado de 1600, fecha en la que puede aseverarse, con un respetable grado de certeza, ya existían esclavos trabajando en la zona de la actual Villa María, no se contaba sino con una serie de textos dispersos que daban reconocimiento jurídico a los mismos.
En realidad hasta 1680, en que se realizó la Recopilación de Leyes de Indias, que reunió las Pragmáticas y Reales Cédulas relacionadas con los esclavos de Indias, éstos fueron reconocidos jurídicamente como los siervos de las partidas medievales. (5) El 31 de mayo de 1789, con el Código Carolino, o Código Negrero, se consagra la libertad de tráfico negrero (en el Río de la Plata esta modalidad comenzó a regir en 1791). Estas y otras normas legales que rigieron la relación con los esclavos, no sólo fueron tinta sobre el papel sino que marcaron de manera indeleble aquellos cuerpos en que se inscribía, con hierro candente la marca del propietario (como en el ganado); los latigazos del castigo; las mutilaciones ejemplificadoras, etc. Todo ello legislado en el marco de un sistema que mediante esas marcas fijaba la subalternidad del otro diferente. Así es que hasta 1784, año en que se prohíbe esta práctica, cada africano que era embarcado para América era marcado con unos hierros caliente que se nominaban “piezas de carimbar”(6) . Los hombres sufrían el hierro candente en sus espaldas y las mujeres en uno de sus glúteos. Estos datos son útiles para valorar, con mayor objetividad, el mensaje de aquellas voces que hablan de una gran benevolencia por parte de la legislación española para con los esclavos.
Negación de la identidad de origen a los africanos de la región
Estos seres humanos, traídos de África como esclavos, lo primero que perdían cuando llegaban a estas tierras, que la conquista y la colonización denominaron América, era su identidad de origen. Ansaldi dice que al arribar aquí los africanos pierden “sus identidades originarias y pasan a ser –con carga igualmente despectiva- simplemente negros. Como han repetido varios autores, el africano deviene en América no sólo esclavo sino también negro y mulato. Estos apelativos son, al mismo tiempo, calificaciones”(7). Una manera de poner en evidencia la subalternidad. Posicionamiento que se le seguirá adjudicando al negro a lo largo de la historia argentina, reservando siempre un lugar para los “otros negros”. Espacio subalterno en el que han sido ubicados diferentes grupos sociales, por ejemplo los gauchos e inmigrantes pobres o, en otro momento histórico los “cabecitas negras”.
Esta cosificación puede advertirse en los muchos registros de africanos que hay en esta zona de la provincia de Córdoba. Así tenemos que, aquellos hombres, que según el derecho de la época eran considerados cosas, aparecen en los inventarios como esclavos, sin mención alguna a sus nacionalidades. En los casos excepcionales en que aparece la nacionalidad de origen del esclavo, lo hace como una suerte de “marca” que permite aclarar cuestiones relacionadas con la legalidad de la venta o para poner en evidencia la “calidad” del producto.
El historiador Pablo Granado, en su libro “Villa Nueva, un pueblo con historia” recoge datos de los inventarios y tasaciones de los bienes del Capitán don Diego Ferreyra Abad y de José T. Carranza. En el primero de esos documentos, del año 1688 (8) , aparecen mencionados, Marcos de 70 años de edad , Su de 24 años, Mariana de 18 y Antonio Tomás de un mes de edad. A los dos primeros sólo se los referencia como “negros”. En tanto que la identidad de las dos mujeres, y la del menor Antonio Tomás, son marcadas con el calificativo de “mulatos”.
En el otro inventario, de 1815, de los bienes que en vida habían pertenecido a don José Torrés Carranza, figuran 7 esclavos. Rosa de 70 años de edad (9), Pamaleon de 28 años, y otros tres esclavos cuyas edades oscilan entre los 18 y los 22 años. En todos los casos se habla de esclavos, negros, y mulatos. No mencionándose sus orígenes.
El inventario y tasación de los bienes del Capitán don Diego Ferreyra Abad, es un trámite que se realiza con el objeto de entregar estos bienes a su hijo que estaba casado con María Abreú y Albornoz. Mujer que era descendiente de un tratante de esclavos, don Luis de Abreú y Albornoz. Hombre que en 1601 había formado una sociedad con Pantaleón Marquez Correa para “el tráfico de esclavos en Córdoba de Angola a Potosí”(10) . El mismo Granado señala que estos personajes compran esclavos de Guinea para venderlos como procedentes de Angola.
Esta manera de referenciar a quienes son contabilizados entre las propiedades, trasciende a quienes han perdido la libertad. En el padrón de feligreses del Curato del Río Tercero Abajo, puede verse como se menciona a los “esclavos”, “esclavos libres”, “pardos(11)” y “pardos libres”, sin relacionarlos con ninguna nacionalidad. Esta cuestión puede ser atendible cuando se refieren a los pardos, pero en el caso de esclavos de muchos años de edad pareciera que está relacionado con esa negación de la identidad de origen que señaláramos. Reforzando esta presunción, en el mismo documento, notamos que algunos “indios” son identificados por sus nombres, aclarando que se trata de “indio pampa”. En otros casos se deja constancia que el feligrés registrado es un “español”. La relevancia de corroborar esta negación de la identidad de origen, hace pie en ese trocamiento al que hace mención Ansaldi, diciendo que el africano en América pasa a ser esclavo para luego derivar en “negro”. Una denominación que marcará un lugar en lo social que, como ya señalamos, a lo largo de la historia será ocupado por diferentes grupos que portarán las “marcas” de rasgos culturales tenidos en baja estima por los segmentos dominantes de la sociedad.
Para establecer el momento de relevo de la minoría africana, por aquéllas compuestas por inmigrantes de otros lugares, debe tenerse en cuenta que la proporción de habitantes esclavos africanos, y sus descendientes, en el país fue de gran importancia hasta finales del Siglo XIX y principio del XX, cuando se da el gran flujo migratorio europeo. (12) Para fijar la época de ese mismo relevo en nuestra zona debemos advertir que los primeros grandes movimientos migratorios que trajeron europeos, se asentarán en Bs. As., Santa Fe y algunos otros territorios del litoral. Luego llegarían a esta zona. A medida que se desarrollaba el aluvión de europeos, los africanos y sus descendientes comenzaron a ver diluido su grupo social de referencia. Ese fenómeno, incrementó el mestizaje. Este dato es de gran importancia para pensar la continuidad de lo africano en el país. Más allá de las pestes y las campañas militares que, si bien cobraron la vida de muchos de los integrantes de esta población, no terminaron con la presencia africana en nuestro país como tantas veces se ha señalado. Ya vimos como existe en la actualidad población africana, aunque con escasa visibilidad social, y es claro que también hay descendientes de aquellos otros que fueron esclavos.
Esclavos y esclavistas: Nombres y cantidades en la región
Regresando a la población afroargentina en los siglos pasados, y en ánimo de proporcionar algunos datos numéricos, puede decirse que en 1778, según el censo que se realizara en Buenos Aires, se contabilizaban 15.719 españoles, 1.288 mestizos e indios y 7.268 mulatos y negros. Es decir que más del 35% de la población de la reina del plata no era blanca. Ese mismo año se produce una importante novedad legal, el día 9 de agosto, una Real Cédula permitió que los esclavos pudieran libertarse. Para ello debían ofrecer y pagar, a sus amos, el valor al que ellos mismos estaban tasados. Ahora los negros podían comprar su libertad.
En la misma fecha, en la ciudad de Córdoba y su jurisdicción, según el relevamiento que Aníbal Arcondo(13) realiza del empadronamiento de 1778, existía una cantidad de 5.569 esclavos, lo que representaba el 12,51% del total de la población que alcanzaba a 44.500 personas(14) . Del total de esclavos el 37,72% vivía en la ciudad de Córdoba. El partido de Calamuchita albergaba al 10,5% y Río Segundo el 8,6%.
Unos años después, en 1799, según señala Alfredo Furlani(15) , el censo de Córdoba contabiliza 21.230 negros y 17.340 españoles y 5.482 indios. Según estos datos los llamados negros representaban el 48,19% del total de la población. Furlani aclara que la población africana se dividía en 6.338 negros esclavos y 14.892 negros libres. Es decir que al final del siglo XVIII, cuando la trata de esclavos está alcanzando su apogeo, sólo un poco más de tercio de la población de Córdoba y su jurisdicción era de origen europeo, y casi la mitad de sus habitantes tenían origen africano.
En relación a la presencia de hombres esclavos en nuestra región si bien no pueden realizarse estadísticas certeras, sí puede accederse a documentación que testimonia la participación del hombre africano en estas latitudes. Así es que los primeros propietarios de las tierras de la estancia de Yucat estuvieron relacionados con la trata de esclavos. Don Juan de Avila y Zárate, el 16 de abril de 1602 vende a Luis, esclavo descrito como “criollo de la ciudad de los reyes y de edad de beinte (sic) y seis años”(16) . Por su parte Luis de Abreu y Albornoz, en 1606 vende, al precio de 5.400 pesos, 18 esclavos. En tanto que Mariana Chavero, viuda de Antonio Suárez Mejía, vende un matrimonio de esclavos en 1606. Aquí sería conveniente recordar que los africanos que ingresaron a nuestro territorio, hasta el año 1610, eran provenientes de Angola.
Continuando con nuestra limitada enumeración de algunos dueños de esclavos que fueron propietarios en la zona, tenemos que el mismo López Fiuza era dueño de hombres de origen africano. Recordemos que al adinerado portugués, Capitán López Fiuza, según lo plantea Avelino Ferreira Álvarez, en la sociedad cordobesa “se lo consideraba un industrial pacífico y gran bienhechor”(17) . Es importante decir que por aquellos años, el signo de prestigio y posición social no era la propiedad territorial, ni el dinero en sí, sino la posesión de indios o negros. Por otro lado López Fiuza, dueño de un establecimiento rural de gran envergadura, al sentir que transita sus últimos días, llega al convento de la Merced en Córdoba acompañado de Manuel e Ignacio, dos esclavos adolescentes que tenían como misión ahorrarles trabajo a los religiosos en el cuidado del anciano.
El ya citado Furlani, da cuenta del registro de esclavos en los libros racionales (inventarios y entradas y gastos). Allí encontramos esclavos y criados, en los años 1776, 1785, 1793, 1797 y 1801. En estos registros aparecen esclavos que son calificados de fugitivos. Este dato es importante a la hora de tener en cuenta las condiciones de vida de los esclavos, dado que no era raro que alguno de ellos, en busca de la libertad perdida, se escaparan a vivir al monte.
En los mismos registros encontramos a esclavos como Joaquín que aparece (entre 1776 y 1801) como capataz de la estancia de Yucat. En tanto que desde 1793 a 1801, Juan José, también esclavo, figura como capataz en la banda norte de la estancia. En el inventario de ese año figura Diego, esclavo, albañil que trabaja en hornos de ladrillos para la reedificación de las viviendas del lugar.
Otra documentación que nos proporciona datos sobre la presencia del hombre de origen africano en la zona es el padrón de feligreses del Curato del Río Tercero Abajo del año 1795, reproducido por el Fray José Brunet en su obra “Apuntes parroquiales de Yucat"(18). Este Curato cubría desde Yucat hasta Cruz Alta. El padrón registra 198 fieles de la Capilla de Nuestra Señora de las Mercedes, de Yucat. De ese total el 21% eran esclavos (incluidos los esclavos libres) y el 22,22% pardos (incluido los pardos libres). Es decir que cerca de la mitad de la población de los hijos de la iglesia, en Yucat, no eran blancos.
El aporte de los esclavos africanos a la construcción de la riqueza de la zona ha sido de suma importancia. Porque la tierra, por más extensa que sea, no tiene valor si no se le aplica el trabajo o “si no forma parte de una sociedad en la cual el trabajo ha creado el valor del suelo. La tierra no es una fuente de valor, sino un medio natural que emplea la fuerza de trabajo para crear valor”(19) . Desde esta perspectiva, y teniendo en cuenta la cantidad de africanos y aborígenes que trabajaron en el mayor establecimiento rural que había entre Córdoba y el puerto, debemos aquilatar la contribución de los llamados negros en la construcción de la riqueza de la zona.
En relación a esa riqueza generada por la laboriosa vida de los hombres que trabajaron en la estancia de Yucat, debemos decir que entre los años 1687 y 1690, López Fiusa pensó en donar su establecimiento para sostener un hospital que debería fundarse en la ciudad de Córdoba. El Fr. Avelino Ferreira Álvarez, reproduce los datos que el Capitán Fiusa (20) ofrece para la donación. Describe su estancia como un terreno amplio que alberga a decenas de miles de vacas, dos mil mulas, gran cantidad de caballos, chivos, ovejas, y dos grupos de 30 jinetes cada uno para cuidar la hacienda. Según el mismo López Fiusa en su estancia se produce de todo y en importantes cantidades. Así es que hace referencia a 30 carretas de harina despachadas al puerto. L. Fiusa no sólo menciona la harina, también habla de trigo cosechado en su estancia. Lo que pone en evidencia no sólo la siembra de importantes extensiones de trigo, sino que también deja ver que hay un molino para producir harina. Todo esto, revela un establecimiento de gran envergadura para la época, a la vez que permite hacerse una idea de la cantidad de gente que trabajaba en el lugar. Cuestión que remite a laboreo realizado por los aborígenes y los africanos.
Para mensurar, con cierto grado de certeza, la cantidad de esclavos que podrían haber trabajado en la estancia de Yucat, léase lo que señala Ricardo Rodríguez Mola acerca de otros establecimientos rurales y el trabajo de los africanos en esa misma época: “los esclavos africanos, introducidos ya a fines del siglo XVI por el obispo Victoria, trabajaban de vaqueros y peones en las estancias de Buenos Aires, la Banda Oriental, Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos. En Córdoba, los jesuitas, dueños de extensos fundos y estancias, poseen en 1686 trescientos negros que atienden los 5000 caballos, 3000 vacunos y 1000 mulas propiedad de la Compañía. Y en 1767, en la estancia de Alta Gracia, los inventarios registran 140 esclavos y 170 esclavas, disponiéndose de un excedente anual, debido al crecimiento biológico que es vendido. También en Buenos Aires, a mediados del siglo XVIII, sus estancias de Magdalena y Ensenada ocupan mano de obra africana, y más tarde, luego de la expulsión de la orden, proseguirá haciéndolo las Temporalidades, administradora de esos bienes” (21)
A título de reflexión
Como podemos notar, y se desprende de los datos expuestos, la presencia del hombre y la mujer africana en nuestra zona ha sido de gran importancia en cuanto a su número. No hace falta imaginar mucho para entender que también en el trabajo contribuyeron a la construcción de la riqueza de la zona. Los registros de esclavos son numerosos y en ellos, hasta mediados del siglo XIX, siguen figurando estos seres humanos a los que se les robó el nombre y sus orígenes. Por otro lado, en el aspecto cultural son muchas las contribuciones realizadas por las culturas africanas.
Más allá de los discursos hegemónicos que, muchas veces, han “transformado” el pasado trocando memoria por ilusiones. Más allá de las identidades construidas a partir de la exclusión. A pesar de la cristalización de la subalternidad de lo negro y la negación de lo africano, la historia revela la importancia del aporte de esos hombres y mujeres que llegaron como esclavos, trayendo sus culturas. Africanidad que no ha podido ser obviada en la literatura fundante de nación. Así el negro africano está en el “Martín Fierro”, “Amalia”, “El Matadero” y tantas otras obras de las grandes plumas del país. Aunque se los ubicó en un lugar subalterno, e incluso fueron objeto de la negación, no pudieron ser borrados de la historia.
Si entendemos que “la historia es una relación activa con el pasado. El pasado está presente en todas las esferas de la vida social” (22) No podemos sino construir una historia crítica que, a partir de ese vínculo activo con el pasado permita interrogarnos sobre cuestiones del presente. El caso de la negación de la importante presencia africana en la zona, junto a la construcción de lo negro como el lugar de lo subalterno, no puede sino interrogarnos, entre otras cuestiones, sobre cómo se marcan los cuerpos que actualmente llevan impresa su condición de subalternos. Como también darnos cuenta de la importancia que tiene para nuestra identidad recuperar aquello negado y, a la vez, poder ver aquello que socialmente hoy tornamos poco visible. Si iluminamos aquellas zonas de nuestro pasado que dejamos a oscuras, quizás podamos darle luz a las que, en la actualidad, les quitamos brillo y marginamos.
Lic. y Prof Jesús Alberto Chirino
NOTAS
1 Trabajo presentado el 11 d ejunio de 2005 en el III Congreso Provincial de Historia, en la ciudad de Villa María.
2 Dina Picotti señala que según los datos de la comunidad, en 1999, al menos había 1.000.000 de descendientes de afroargentinos que pueden reconocerse como tales.
3 Para confirmarlo están allí los ejemplos del primer tango firmado (el entrerriano) que fue compuesto por un negro, el payador por excelencia Gabino Eseiza, la parrillada, etc.
4 Carrión, Benjamín “El mestizaje y lo mestizo” en “America Latina y sus ideas” Editado conjuntamente por Siglo veintiuno y la UNESCO, primera edición 1986, México. Pág. 388
5 Concepto de “siervo” que era herederos de los esclavos de la época justiniana del Derecho Romano. Según lo plantea Abelardo Levaggi en su libro “La condición jurídica del esclavo en época hispánica”. Revista de Historia del Derecho Nº 1, Bs As. 1973.
6 González Arzac, Alberto: “Abolición dela esclavitud en el Río de la Plata” Aesa, BS. As. Pág. 15.
7 Ansaldi, Waldo: “Cuestión de piel. Racialismo y legitimidad política” en “Calidoscopio Latinoamericano” Editado por Ariel Historia. Argentina, año 2004. Pag. 464.
8 AH de C. Escribanía Nº1 – Año 1730, Leg. 265. Expediente s./f.
9 Las edades de los esclavos son aproximadas
10 Granado, Pablo: “Villa Nueva, un pueblo con historia”
11 Pardos: Esta era una denominación que se usaba para denominar aquellas personas que eran hijos de mestizos y era difícil detallar los grados de cruzamiento de sangre habidos. Los pardos, hijos de esclavas, eran sometidos a la esclavitud.
12 Según David Rock, solamente entre 1871 y 1914 arribaron al país 5,9 millones de inmigrantes. Más de la mitad de ellos permanecería en el país. Al inicio de este fenómeno Argentina apenas contaba con 2 millones de habitantes.
13 Arcondo, Aníbal: “La población de Córdoba según el empadronamiento de 1778” Serie de Estudios Nº 27 (1998), Instituto de Economía y Finanzas. Facultad de Ciencias Económica de la Universidad Nacional de Córdoba.
14 Rufer, Mario: “Violencia, resistencia y regulación social de las prácticas: una aproximación a la esclavitud desde el expediente judicial, Córdoba, fines del Siglo XVIII” en Cuadernos Historia, Serie Económia y Sociedad, Editado por el Área de Historia del CIFFyH de la Universidad Nacional de Córdoba (Arg.). Nº 4. Año 2001,
15 Furlani, Alfredo: “Apuntes y reflexiones para una historia de Yucat” Córdoba 1996, edición del autor. Pág. 109.
16 AHP. Prot. 1602, Folio 110 vta., citado por Carlos Sempat Asadourian.
17 Pág. 152
18 Brunet, José (Fray de la Orden Mercedaria) “Apuntes parroquiales de Yucat” Editado por los PP Mercedarios. Impreso en Villa María, año 2003
19 Puiggrós, Rodolfo: “De la colonia a la revolución” Editorial Sudamericana, Bs. As. 1986. Pág. 100.
20 Ferreira Álvarez (Fr. Mercedario): “El Capitán Juan López Fiusa (Siglo XVII)” Revista e la Junta Provincial de Historia del Córdoba – 2- Año 1967. Pág. 154/155
21 Ricardo Rodríguez Mola en “Identidades secretas: la negritud argentina” de Alejandro Solomianski. Editado por Beatriz Viterbo, Bs. As. 2003, Pág. 73.
22 Chesneaux, Jean: “¿hacemos tabla rasa del pasado? A propósito de la historia de los historiadores”. Siglo XXI, México 2000. Pág. 23
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