Presentación del Video: Vidas Paralelas:Mujeres Migrantes Negociando la Aldea Global
en la Conferencia Organizada por INSTRAW, Octubre 2005.
Fotos y Datos de la Continuación del Proyecto de Vidas Paralelas en Palavé y Palmarejo, 2006 y con la organización COIN para evitar el tráfico sexual internacional de mujeres.

Video Presentation, "Paralleled Lives: migrant women negotiating the global village"
in the conference organized by INSTRAW, October 2005.
Pictures and Project Follow up of Parallel Lives in Palavé and Palmarejo, 2006 and the women´s shelter COIN to prevent the international women´s sex trade, 2007.

(bilingual, Spanish and English text)




Conferencia 2005 / 2005 Conference





  Durante la Conferencia sobre género, migración femenina y derechos humanos organizada por el INSTRAW, la Oficina para el Desarrollo de la Mujer de las Naciones Unidas, la Profesora Karin Weyland presentó su trabajo en progreso del video-documental, "Mujeres migrantes negociando la aldea global" de 40 minutos de duración que lleva el mismo nombre del libro de su autoría.   Durante la misma, la Profesora explicó sobre las consecuencias que la globalización y el transnacionalismo han traído a la mujer latina migrante, utilizando como estudios de caso la migración dominicana a España, Nueva York y Puerto Rico y la migración haitiana a República Dominicana.  El video-documental muestra testimonios de mujeres migrantes así como imágenes del borde haitiano-dominicano, República Dominicana, Nueva York y Puerto Rico.  /  During the conference on gender, women´s migration and human rights organized by INSTRAW, the Office for the Development of Women belonging to the United Nations, Professor Karin Weyland presented her on-going work on the video-documentary "Migrant women negotiating the global village" of 40-minute-duration that carries the same name of her book.  During the conference, Professor Weyland explained the consequences of globalization and transnationalism on migrant Latina women, using as case-studies the Dominican migration to Spain, New York and Puerto Rico as well as Haitian migration to the Dominican Republic.  The video-documentary shows testimonies with migrant women and images from the Haitian-Dominican border, the Dominican Republic, New York and Puerto Rico


Descripción del video-documental, "Vidas Paralelas" / Description of the video-documentary, "Parallel Lives" (to order the video, press here / para solicitar copias del video, oprima aquí)

El video documental, “Vidas Paralelas: Mujeres Migrantes Negociando la Aldea Global”, dirigido por Karin Weyland y producido por el Centro de Documentación Melassa, aborda la problemática de la mujer migrante en un mundo globalizado, y como las mujeres negocian las circunstancias en que les ha tocado vivir, ya sea en Estados Unidos, Puerto Rico, España, Haití o República Dominicana.  A través de imágenes de la vida cotidiana en sus comunidades y testimonios de mujeres domínico-haitianas en República Dominicana y dominicanas en Nueva York, el video documental explora las migraciones femeninas del Centro a la Periferia y de Periferia a Periferia o Semi-Periferia.  Las similitudes son sorprendentes en cuanto al trato que reciben nuestras migrantes en la nueva dinámica de la economía global, principalmente por discrímen de género, raza y clase social.  Saltar el muro del batey o la frontera elitista de la sociedad moderna/capitalista no es fácil, sin embargo vemos como ellas desarrollan estrategias de lucha comunitaria y superación personal, teniendo un impacto en ellas mismas, en sus familias y comunidades.  Mientras las domínico-haitianas en República Dominicana reclaman una ciudadanía nacional, la cual es negada por el estado-nación pero necesaria para acceder a la aldea global, las dominicanas han logrado un mayor desarrollo económico por la facilidad que les otorga el tener una doble nacionalidad y ejercer sus derechos desde una supraciudadanía o sociedad civil internacional.  Aún así ambas se encuentran en una situación de marginación y subordinación que sólo podrán superar erradicando el patriarcado y cambiando la sociedad desde sus raíces modernas/coloniales. 

The video-documentary, “Paralleled Lives: Migrant women negotiating the Global Village” directed by Karin Weyland and produced by the Center for Visual Documentation Melassa, explores the issues concerning migrant women in a global society, and how women negotiate the circumstances surrounding their lives in the United States, Puerto Rico, Spain, Haiti or the Dominican Republic.  Through images of daily life and testimonies of Dominican-haitian women in the Dominican Republic and Dominican women in New York, this video-documentary explores women´s migrations from the Center to the Periphery and the Periphery to the Semi-Periphery.  Similarities are surprisingly similar when documenting the treatment they are subjet to in the new dynamics of the global economy, paying especial attention to gender, racial and class discrimination.  Overcoming the border of the “batey” (migrant sugar cane communities) or the elitist border between modern/capitalist societies is not easy, however we see how they develop strategies of community struggle and personal resistance, having an impact on themselves, their families and communities.  While Dominican-haitian women claim a national citizenship that is being denied by the nation-state but necessary to access the global village, Dominican women have accomplished a double citizenship and exercise their rights from an international civil society.  Even then, both groups of women find themselves under conditions of marginalization and subordination that they can only overcome eradicating once and for all the system of patriarchy that oppresses them and changing society from its modern/colonial roots. 



Ponencia, “Negociando la aldea global con un pie aquí y otro allá”: La Diáspora dominicana femenina y la transculturalidad como
alternativa descolonizadora, Autoría de Dra. Karin Weyland, Miembra de la Academia de Ciencias Dominicana, Profesora del Area de Sociales del INTEC, Instituto Tecnológico de Santo Domingo, y Catedrática del Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de Puerto Rico, Recinto Río Piedras.

Resumen

Este resumen describe las prácticas culturales y políticas transnacionales de mujeres dominicanas que han migrado a la Metrópolis de Nueva York a partir de los años setenta en un contexto de integración cultural y económica.  Analiza la forma en que han surgido las comunidades transnacionales con el fin de crear alternativas a la globalización “desde abajo” donde las mujeres se posicionan en una nueva sociedad civil internacional, creando en el proceso nuevas formas de ciudadanía y empoderamiento.


Los objetivos principales del libro son los siguientes:

    Analizar la migración femenina dominicana a través del fenómeno global/local--resultado del proyecto de modernidad/colonialidad y la contiuación del mismo a través del neoliberalismo.
    Definir el fenómeno de las nuevas comunidades transnacionales en relación a nuevas dinámicas de poder comunitario, principalmente la creación de una sociedad civil internacional, tomando en cuenta e debilitamiento del estado-nación.
    Definir la mujer latina/dominicana como nuevo sujeto histórico desde una perspectiva de género transnacional crítica con potencial de cambio social en las relaciones patriarcales de poder y con el  estado-nación.
    Analizar los discursos de globalización, Latinidad y transnacionalismo en base a la situación de la mujer Latina migrante, el hogar transnacional y las nuevas prácticas políticas y culturales que son la base de una nueva ciudadanía transnacional.

Preguntas de Investigación:

    ¿Cuál es la relación existente, ya sea de contradicción o de retroalimentación entre estos globalismos y localismos, particularmente desde una mirada de género crítica?
    ¿De qué forma las mujeres migrantes participan en los discursos sobre la globalización,  el transnacionalismo, la Latinidad, y los “viejos” y “nuevos” feminismos? 
    ¿Cuál es la dinámica de las nuevas “comunidades transnacionales” que hoy en día transitan las migrantes dominicanas? ¿Podría considerarse esta movilización parte de un movimiento social globalizado, visionario de una nueva cultura de alianzas transnacionales desde la sociedad civil o la sociedad de redes en respuesta al sistema colonial/moderno y la división del espacio público/privado?
      ¿Es ésta una nueva forma de politizar estos espacios y de crear nuevas formas de ciudadanía, y qué lugar ocupa la mujer y las organizaciones de mujeres en esa nueva politización? ¿Cuáles han sido las respuestas de la segunda generación y el estado-nación?

Antecedentes y Metodología:

La investigación de campo para este ensayo se realizó en la comunidad de Washington Heights, Nueva York durante los años 1993 y 1994, donde realicé trabajo voluntario en el Centro de Desarrollo de la Mujer Dominicana y conduje entrevistas a profundidad con mujeres migrantes.  Luego extendí la investigación a República Dominicana en el 2005 y colaboré con las instituciones CIPAF (Centro para la Investigación y Acción Femenina) y COPADEBA (Centro para los Derechos Barriales).  Durante estos años tome notas de campo y fotografías que son parte de la metodología etnográfica utilizada, y además trabajé con los archivos y fotografías de Herbert Kriegger en el Museo Smithsoniano en Washington DC. Herbert Kriegger fue un etnólogo que trabajó en República Dominicana contribuyendo a la conformación de un transnacionalismo desde arriba, es decir colonial, patriarcal, e imperial.  Para actualizar la investigación original viajé en el 2003 y 2004 a Nueva York y entrevisté a los líderes comunitarios que había entrevistado previamente y algunas mujeres migrantes, además de ponerme al día con las actividades comunitarias más recientes, como por ejemplo la expansión del Centro de Desarrollo de la Mujer Dominicana a Puerto Rico, y posiblemente en un futuro a República Dominicana, además de enterarme de los nuevos cargos políticos.
 
Introducción: La mujer latina, la migración y el fenómeno de la globalización.
“Porque soy mestiza, continuamente me salgo de una cultura para entrar en otra, porque estoy en todas las culturas al mismo tiempo, alma entre dos mundos, tres, cuatro, me zumba la cabeza con lo contradictorio. Estoy norteada por todas las voces que me hablan simultáneamente”  GloriaAnzaldúa—La Frontera/Borderland (1987).


Sin llegar a pertenecer completamente a la cultura dominante neoyorkina cuya frontera se traza de forma imaginaria a partir de la Calle 96 en la Zona Oeste de Manhattan hacia el “downtown,” la comunidad translocal de Washington Heights vive con dinamismo su experiencia comunitaria transnacional, “transculturalizando” las creencias y costumbres de ambos lugares, a veces en complicidad y a veces en oposición.  En la esquina de la Calle 181 y Saint Nicholas Avenue—hoy denominada la Avenida Juan Pablo Duarte--mujeres dominicanas empujan sus carritos con plásticos que cubren el rostro de sus niños del frío y fundas de compra a los lados; otras venden habichuelas dulces cerca de la parada del subway mientras más mujeres se desmontan de los trenes con paso rápido hacia sus hogares para cocinar y atender a sus familias luego de un día en la factoría, la oficina, la casa de familia o el hospital; otras atienden a clientes en las tiendas de telecomunicaciones, ropa o zapatos, en salones de belleza o restaurantes, clientes que buscan la típica comida dominicana o que le planchen el cabello al estilo “santo domingo” en un ambiente ameno y familiar, con productos y sabores “locales”.  Las tiendas de envío siempre están llenas, las remesas alcanzando en 2004 un monto anual de 2 mil millones de dólares que llegan a más del 30 por ciento de la población en República Dominicana quiénes dependen de esas remesas para subsistir . 

En el contexto actual de una transculturalidad cotidiana, podemos afirmar que las migraciones son producto de la nueva dinámica global/local o “globalización.”  Se entiende por “globalización” la internacionalización del capital a nivel global, un fenómeno que ha estado ocurriendo en las últimas cuatro décadas, liderado por Estados Unidos y otros centros de poder como Europa y Japón desde donde un grupo pequeño de companías multinacionales controlan la tecnología, la producción y los mercados financieros . Algunos autores se han referido a esta nueva restructuración de las economías como “el nuevo orden mundial” (Frobel et.al. 1980), sin embargo un concepto más revolucionario de la división internacional del trabajo fue presentado por el sociólogo Immanuel Wallerstein (1974, 1979 y 1991) quién recurre a la división “Centro” y “Periferia” para distinguir entre países “desarrollados” y “subdesarrollados”.  Esta teoría que divide a la “economía mundo” de acuerdo a los proyectos de colonialidad/modernidad del siglo XVI permite estudiar los aspectos socio-culturales de la globalización en que se fundamentan los discursos coloniales/modernos, es decir el género, la raza y la comunidad nacional (García Canclini 1989, 1995, 1996; Weyland 1999, 2001).  Al parecer, la misma exclusión contenida en los discursos de la globalización y los procesos que la conforman le ha dado reconocimiento a los procesos de resistencia y a los discursos identitarios, y ha arrojado grandes potenciales de cambio social, cuestionando a su vez las bases en que el sistema económico mundial se fundamenta.  Una perspectiva socio-cultural, permite además enfocarse en las migrantes como actores sociales con suficiente poder para transformar la estrucura social; como veremos a continuación, la nueva dinámica global/local ha contribuído a estos cambios.

Por ejemplo, así como las migrantes son afectadas por la integración económica y cultural, legado del colonialismo imperial, ellas también tienen un impacto en la creación de nuevos espacios identitarios y nuevos proyectos político-culturales desde la conformación de “comunidades translocales/transnacionales”.  Llamadas “comunidades translocales/transnacionales” son todas aquellas comunidades de migrantes residentes en el extranjero que están organizadas social, económica y políticamente a través de la frontera.  Es decir, que desde una localidad “al borde” las migrantes han desarrollado lazos fuertes entre la vida social y la política municipal de la Ciudad donde residen, y los pueblos de orígen, transcendiendo doblemente los bordes geográficos y nacionales, de “aquí” para “allá” y de “allá” para “aquí”.  En el proceso, actuando desde estas comunidades las migrantes también han establecido un precedente nunca antes visto en cuánto a la formación de nuevos discursos, alianzas, e identidades, que sirven como crítica tanto al pasado “tradicional” patriarcal como al proyecto de “modernidad” excluyente actual.  Este es el caso de la mujer dominicana migrante que se ha trasladado hacia Nueva York (Weyland 1999), Boston (Levitt 2001), Puerto Rico (Duany 1995) y España (Gallardo 1995), ayudándola a redefinir los imaginarios locales y globales dados por los proyectos del estado-nación y las relaciones internacionales que éste dictaminaba.  Entonces, en un contexto de translocalidad entre el “aquí” y el “allá”, vemos que la mujer migrante participa en dos procesos paralelos, interrelacionados y contradictorios, constituídos por la vuelta a lo local, por un lado, y la pertenencia a la aldea global, por el otro.  Como veremos a continuación ambos están redibujando la relación entre “lo local” y “lo global”, dándole a la mujer más autonomía para actuar y decidir como relacionarse con los mercados internacionales. 

Paradójicamente, también se globaliza lo local y localiza lo global, desplazando la idea de lo soberano y debilitando o influenciando las políticas internacionales definidas exclusivamente desde un sistema de poder patriarcal “tradicional” construído en base al ser nacional.  Este no se abandona pero se modifica con elementos de la “modernidad” al asumir otro sistema de valores basado en la “transnacionalidad o transculturalidad”, es decir, en los patrones culturales, sociales, y económicos que se transmutan de una sociedad a otra, produciendo una “cultura híbrida” o nuevo espacio de negociación localizado fuera del estado-nación y de la cotidianidad nacional.  Por un lado, entonces vemos que se da la transformación del concepto de “comunidad” fragmentado ahora en enclaves contestatarios de diferencia, negociación y resistencia que reflejan una vuelta a “lo local” desde donde el sujeto actúa su transculturalidad como alternativa a la pobreza, la exclusión y la discriminación.  Lo local se revaloriza al ponerse en perspectiva las culturas y conocimientos subalternos ancestrales que se proyectan de forma “translocal”, es decir de la comunidad hacia el mundo sin importar los límites territoriales de la nación, asumiendo nuevos y múltiples significados dependiendo hasta donde viajen y como lleguen (medios de comunicación, contacto humano, llamadas de teléfono, enviós, remesas, redes sociales, familiares, etc).  Esta vuelta a “lo local” es contestataria y difiere de la división del conocimiento actual que asocia lo “moderno” con lo “global” y lo “tradicional” con lo “local”; esta es una definición estática de la cultura que no coincide con las realidades sociales de los flujos migratorios actuales. 

Por el otro lado, también se da el surgimiento de nuevas identidades culturales que se mueven a través de la fronteras y que transcienden previas identificaciones con la comunidad imaginaria del estado-nación, “globalizando” una ideología de consumo dominante cómplice de las dinámicas capitalistas neoliberales y nociones hegemónicas de “raza” y “género” mantenidas por el capital cultural privilegiado.  En conclusión, la nueva dinámica local/global ha transformado el sentimiento de pertenencia a una comunidad local la cual ya no depende de una identificación nacional con un territorio específico, es decir al estado-nación, sino que se adhiere a una comunidad o aldea “global”, por un lado, y a los procesos de supervivencia y resistencia “local” de un barrio o comunidad “étnica” por el otro, conformándose entonces en una comunidad transnacional. 

Desde los años sesenta en adelante, el gran número de mujeres migrantes ha ido cambiando la esencia de la migración, y millones de Latino/Americanas se han movilizado hacia el Centro, es decir ha ocurrido una “recolonización” o “Reconquista”, encabezada mayormente por mujeres que por su circularidad entre Estados Unidos y Latino América, ha revertido por primera vez el camino de “asimilación” de grupos “étnicos” llegando a cuestionar las bases etnocéntricas del “sueño americano”.  Estos cambios a su vez nos han obligado a hacer una revisión de nuestro enfoque sobre la migración hacia la Metrópolis, utilizando como punto de partida el género y la “raza” de los sujetos versus los procesos anteriores de “asimilación étnica”.  Contrario a la experiencia anterior del migrante, que se enfoca en el sujeto masculino y que le lleva una a dos generaciones “americanizarse” y obtener el “sueño americano”, las mujeres migrantes han obtenido una mayor inclusión y participación en el mapa cultural y ecónomico de la economía global desde la primera generación ya que además de insertarse en la comunidad local receptora, en este caso Nueva York, han mantenido contacto fluído con las comunidades de orígen, transformando el proceso de asimilación.  En su libro, Local Histories/Global Designs, Walter Mignolo nos dice que “en la segunda mitad del siglo veinte el surgimiento del colonialismo global, administrado por corporaciones transnacionales, borró la distinción que era válida para las formas antiguas del colonialismo y la colonialidad del poder.  Ayer la diferencia colonial estaba allí afuera, lejos del Centro.  Hoy está en todas partes, en las periferias del Centro y en los centros de la Periferia” (2000:ix).  En una nueva transculturalidad cotidiana, las mujeres migrantes han reconquistado el espacio de la Metrópolis, fusionando el Centro con la Periferia, y transformando a la vez el discurso dominante de Estados Unidos con respecto a la migración y la etnicidad.  Dada la relación excluyente entre colonialidad/modernidad y desarrollo/estado-nación (Mignolo 2000), no es coincidencia entonces que la mayoría de los migrantes actuales esté constituído por mujeres; mujeres que “son” y “no son” de la nación, así como Latino América es y no es del Occidente ya que ninguna de las dos se ha beneficiado completamente del proyecto de modernización.  Bajo el dominio del sistema patriarcal y la expansión del capital global, ambas han sido desplazadas a los márgenes del “desarrollo” y la acumulación de capital e imaginadas como seres pacíficos o necesarios de “domesticar”.  Veamos los elementos históricos y los puentes económicos e ideológicos que contribuyen a una diáspora femenina.


El Orígen de la diáspora femenina obrera y el transnacionalismo “desde arriba”:

Durante la Ocupación de Estados Unidos en el país (1916-1924) se conformó un imaginario social del Caribe en base a la alteridad, es decir a la construcción del “otro dominicano”; el imaginario colonial obedecía nociones occidentales de racionalidad y progreso, y la dicotomía occidental entre “civilizacion” y “barbarie/primitivo”.  La representación de la mujer estaba limitada a objeto sexual de deseo, y siempre aparecían inocentes, con muchos niños, mostrando su potencial educativo y civilizador, paradas o sentadas, descalzas, frente a viviendas humildes, trabajadoras, y sumisas.  Imágenes como la de Herbert Kriegger legitimaron la transferencia de una autoridad patriarcal a otra, es decir de la colonial a la nacional (Ver foto 1). 

Históricamente el lugar que ha ocupado la mujer dominicana en los mercados locales y globales como mano de obra barata se debe a la relación imperial/colonial que Estados Unidos ha mantenido con Latino América y el Caribe.  Esta relación colonial/imperial ha determinado el transcurso, y algunas veces, el destino laboral de muchas mujeres obreras mientras las clases criollas fueron favorecidas por la Colonia y la conformación de las instituciones democráticas de la nuevas repúblicas.  En el ensayo, “Nuestra América”, José Martí ya nos había advertido de la corrupción al interior de las nuevas repúblicas, y su ensayo se convierte en un texto “fundacional” de la identidad nacional y regional latinoamericana en oposición y en complicidad con Estados Unidos (Laó Montes 2003).  Aún basándose en el proyecto modernista de desarrollo que articularon los intelectuales de esa época, José Martí supo defender los derechos de los “nativos” de América, campesinos, mujeres, negros e indígenas, con la visión de establecer una democracia popular que le hiciera frente al colonialismo y al imperialismo norteamericano emergente, y que desarrollara un conocimiento Latinoamericano propio, como él mismo escribió: “la universidad europea ha de ceder a la universidad americana” y “nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra”.  Pero al estar arraigado en la corriente positivista que influyó su pensamiento, es decir en la racionalidad y el progreso del s.XVI, el mismo Martí se demuestra ambivalente cuando describe a las masas “incultas”, “tímidas” y “perezosas” o al “criollo exótico”, debilitando su retórica y proyección, las cuales se asemejan a los discursos de la época que truncaron el desarrollo propio del Caribe y Latino América (Weyland 2004b).    

En el caso dominicano, por ejemplo, la intervención norteamericana a principios del siglo veinte llegó a impedir el desarrollo de un sector industrial femenino que sólo logró expandirse con el surgimiento de las Zonas Francas en la segunda mitad del siglo XX y con la exportación de mano de obra barata femenina.  Los procesos coloniales/imperiales que se dieron antes de la incorporación de mujeres a las Zonas Francas y en las factorías de Nueva York fueron resultado de políticas públicas y de acuerdos entre el gobierno local y el gobierno de Estados Unidos, representado en ese entonces por las fuerzas militares que tenían intervenido el territorio dominicano.  Este conjunto de políticas se ocuparon sútilmente de mantener a la mujer como una miembra agregada a los proyectos de desarrollo nacional.  Posteriormente, durante la dictadura de Leónidas Trujillo (1930-1961), la mujer dominicana fue excluída aún más violentamente de los procesos sociales y políticos de la nación, silenciando su contribución por un lado, y delimitando las labores de las primeras “feministas” a labores sociales.  En su novela, In the Time of the Butterflies (1995) Julia Alvarez relata el asesinato de las Hermanas Mirabal por su resistencia a la ideología oficial trujillista.  A pesar de esta situación de represión y censura, algunos logros se consiguieron en el marco de la dictadura de Trujillo, entre ellos el voto para la mujer.  Sin embargo, era notorio el carácter patriarcal de ésta primera mitad del siglo XX, apoyado tanto por el gobierno ocupacional norteamericano como las instituciones locales, cuya ideología se reflejaba especialmente en el sistema educativo y en los sectores laborales de la mujer trabajadora (Guerrero 1991).  Debido a una fuerte división entre lo público y lo privado, heredada de la visión educativa y religiosa del siglo XIX, la labor de la mujer que trabajaba fuera del hogar todavía era considerada una extensión del hogar, es decir, que a pesar de la transcendencia de su trabajo en la economía nacional, éste pertenecía al ámbito doméstico por sus características manuales y de servicio y por lo tanto no era debidamente reconocido o remunerado. 

A finales del siglo XIX y durante la primera mitad del siglo veinte, era común que las escuelas enseñaran a las mujeres labores domésticos que requerían destreza manual, como por ejemplo, cocinar, planchar, limpiar y particularmente coser, limitando el futuro desenvolvimiento de la mujer dominicana, en particular la mujer obrera .  Además de las instituciones gubernamentales, la iglesia católica también dio un fuerte apoyo a ésta ideología de dependencia patriarcal en cuánto a lo referente a la socialización y educación de la mujer, sustentando tanto el régimen ocupacional como dictatorial.  Tan temprano como en el 1900, la industria textilera era el sector económico más importante para la mujer dominicana que dominaba su fuerza de trabajo con 5,332 trabajadoras de un total de 202,807 (Guerrero 1991).  Las obreras trabajaban en talleres de costura y comercios a pequeña escala al igual que en talleres del estado que producían para la armada; muchas más trabajadoras laboraban desde sus casas y aunque no tenemos un número exacto, probablemente este sector era el sector laboral más extenso en esa época, comparado quizás con el sector femenino campesino y con las demás obreras quiénes tenían una relación precaria con el mercado local. 

A pesar del gran número de trabajadoras textileras, en talleres y del hogar, el control norteamericano sobre las políticas de impuesto durante los ocho años de ocupación truncaron el desarrollo de la industria textilera dejando entrar productos manufacturados desde Estados Unidos, entre ellos ropa, zapatos y carteras.  Después del Acto Impositivo del 1919 que permitió que Estados Unidos se convirtiera en el exportador principal de productos industriales, la producción local se redujo, desplazando la labor de muchas costureras.  La subcontratación de obreras que trabajaban desde la casa se convirtió en la forma dominante de trabajo femenino en la industria textilera.  Y mientras la producción nacional fue desplazada más y más hacia el interior del área doméstica, el hogar continuó siendo el sitio de producción marginal, minimizando la importancia de objetivos nacionales de desarrollo, en particular aquellos que beneficiarían a las mujeres como el fortalecimiento de una clase obrera femenina.  La organización de la fuerza laboral de la mujer, centrada alrededor de una producción local y no de capital extranjero fue bloqueada.  Este proceso colonial/imperial contribuyó aún más a la baja remuneración y a la inestabilidad del trabajo de la mujer en ese entonces.  Por otro lado, la reducción de la producción en el sector nacional como resultado de las políticas norteamericanas no sólo redujo las posibilidades de la organización laboral del trabajo de la mujer sino que contribuyó a una crisis en la producción en las primeras etapas de la industria textil manufacturera, dejando abierta las puertas a la importación masiva de productos originarios de Estados Unidos . 
Además de éstos cambios estructurales, también hubo serias transformaciones a nivel ideológico que tuvieron un impacto en la educación formal de la mujer obrera y también en los marcos de referencia a los que ella estaba expuesta en su trabajo y círculos sociales.  A principios de 1920, mientras la industria textilera sufrió una baja en producción por la entrada masiva de productos importados de Estados Unidos, el gobierno militar norteamericano reestructuró el sistema educacional y los talleres de labores y costura pasaron a convertirse en Escuelas Vocacionales para Señoritas.  Según la normativa de esa época, allí la mujer aprendía actividades tradicionales como cocinar, planchar, y coser, y producía para el mercado internacional al mismo tiempo, tanto desde las escuelas como de la casa .  El gobierno militar dio becas a jóvenes y construyó escuelas a través del territorio nacional, fortaleciendo así la ideología educacional dominante a través de la cual las mujeres eran instruídas en labores femeninas y economía doméstica.  Que la educación formal de la mujer era una prioridad secundaria en el desarrollo nacional del país estuvo claro en 1921, cuando la economía dominicana entró en una grave crisis económica y una nueva ley estipuló que algunas de las Escuelas Vocacionales fueran cerradas (Guerrero 1991:83; 1993).  La cancelación de escuelas redujo aún más las pocas oportunidades que quedaban en la industria textilera y la demanda de mujeres profesionales que enseñaban en las escuelas, desplazando a la mujer de la esfera laboral pública, que a su vez significaba menores beneficios y organización. 

En República Dominicana, durante ésta misma época, la penetración cultural del Imperio materializada en la importación masiva de productos estadounidenses y en la propaganda de los mismos tuvo cambios profundos en los patrones culturales de los dominicanos y dominicanas, sobre todo de las élites, quiénes se ajustaban a la idea que “lo de afuera es mejor que lo local,” cambiando su gusto de la cultura europea o europeísmo, que había dominado desde el siglo dieciseis hasta el diecinueve, por la emulación de los estilos de vida norteamericanos.  Este cambio ideológico de cierta forma surge de los programas de ayuda social por parte del gobierno de Ocupación y de los estilos de vida propios de las familias de Estados Unidos dueños de plantaciones de azúcar quiénes a menudo viajaban o vivían gran parte del año en República Dominicana .  Durante los años 1920, los productos de Estados Unidos, en particular aquellos asociados a la moda, se convirtieron en los nuevos símbolos de estatus y prestigio que sólo las élites transnacionales (extranjeras y dominicanas) podían tener acceso.  La propaganda estadounidense, representada por frases como “¿Quieres ser un deportista?” o “¿Quieres ser un campeón del buen gusto?” ser convirtieron en la referencia cultural de muchos dominicanos y dominicanas (Citadas en Guerrero, 1991: 45).  Por primera vez, la moda fue introducida como un significador social que distinguía las diferencias sociales entre los que vivían en la ciudad y los que vivían en el campo y que no tenían acceso a esos nuevos símbolos de poder .  Por primera vez también, el campo perdió el prestigio que anteriormente había tenido debido a que había sido considerado siempre como la base principal de la economía local, no tanto en base a las plantaciones de azúcar que han estado mayormente dominadas por el capital extranjero, sino más bien por la producción de tabaco, cacao y café.  Esta es una producción a menor escala que se ha dado principalmente en la Región del Cibao y está caracterizada por una distribución más democrática y equitativa de la tierra y de las ganancias (Turits 1997) donde la mujer ha ocupado un rol principal en el cuidado del conuco y la producción para consumo familiar y para el mercado local .

La relación colonial/imperial entre el capital estadounidense y la mano de obra femenina dominicana durante la primera mitad del siglo veinte entonces tuvo grandes implicaciones económicas e ideológicas para las mujeres quiénes se vieron incluídas en procesos globales de dominación y al mismo tiempo excluídas de proyectos de desarrollo nacional que le hubieran otorgado a la mujer una mayor participación en mercados laborales locales y una mayor valorización de su trabajo tanto a nivel local como global.  Como resultado de ésta dinámica transnacional “desde arriba”, los cambios estructurales en la economía local truncaron la contribución de la mujer agricultora a la economía familiar y a las nuevas economías de mercado local, obligándola a abandonar el campo y a trasladarse a la ciudad .   En su estudio sobre la inserción femenina a mercados de trabajo, Marina Ariza determina que la migración no es en sí misma una variable en la inserción femenina laboral, ya que hay otros factores que inciden en el trabajo de las mujeres como la edad, la inestabilidad marital y/o situación conyugal, los hijos, la jefatura de hogar, y la educación, entre otros.  Sin embargo, en su estudio en las ciudades de Santiago y Santo Domingo, ella llega a la conclusión que la migración “promueve una actividad económica más intensa en las mujeres”, particularmente en mujeres menos escolarizadas (Ariza 2000:205).  Como otras autoras han señalado (Fernandez-Kelly 1983; Arraigada 1992), el capital transnacional urbano atrae el trabajo de la mujer por su bajo costo, despojando a las mujeres de sus formas tradicionales de supervivencia e incrementan el número de ellas en búsqueda de trabajo en sectores específicos como la industria manufacturera o el servicio doméstico en zonas urbanas.  Ya para los años ochenta, cuando la economía dominicana entró en recesión, se concentraba el 44 por ciento de la fuerza laboral femenina en las ciudades, agudizando los problemas estructurales y laborales, entre ellos, el subempleo y la expansión del sector informal.  A su vez, esta situación provocó la caída del ingreso real de los trabajadores aunque compensada ésta por una crecida diferenciación del ingreso urbano con el rural en más de un 70 por ciento (Ariza 2000).  Entonces vemos que en base a las políticas ya establecidas a comienzos de siglo, y como resultado de una penetración ideológica-cultural del capital norteamericano imperial, el sector femenino de la economía dominicana se ha organizado hacia el sector de servicio exportador, particularmente las Zonas Francas, la agroindustria y el turismo, donde la migración de la mujer ha jugado un papel importante a nivel económico y de movilidad.   Por otro lado, estos sectores se han convertido en los nuevos ejes del crecimiento económico, desplazando las oportunidades de desarrollo local rural-urbano y el prestigio que anteriomente tenía el trabajo en el campo.  A su vez, estos cambios tuvieron un impacto muy fuerte en las familias, incrementando el anhelo, en particular de las mujeres, de trasladarse a las ciudades de Santo Domingo y de Nueva York. 

Mientras entre los años 1857 y 1929 en Estados Unidos, la migración masculina de orígen Europeo superó a la femenina en todos los años menos uno, a partir de los sesenta más de la mitad de la migración ha estado constituída por mujeres (Houston et. al. 1984).  En el caso de República Dominicana, entre los años 1962 y 1994, la mujer dominicana migrante superó a su contraparte masculino llegando  a un promedio entre 50 y 60 por ciento por año del total de migrantes durante décadas (Ver Tabla 1).

Tabla 1
Número de “inmigrantes” y su distribución en porcentaje por sexo
Año            % Distribución por Sexo   
    Hombres    Mujeres    Hombres    Mujeres
1960    NA    NA    NA    NA
1961    NA    NA    NA    NA
1962    2,099    2,504    45.6    54.4
1963    4,662    6,021    43.6    56.6
1964    3,314    4,223    43.1    56.9
1965    4,290    5,214    45.1    54.9
1966    7,150    9,353    43.3    56.7
1967    4,709    6,805    40.9    59.1
1968    4,083    5,167    44.1    55.9
1969    4,845    5,825    45.4    54.6
1970    5,072    5,735    46.9    53.1
1971    5,963    6,661    47.2    52.8
1972    5,087    5,673    47.3    52.7
1973    6,570    7,371    47.2    52.8
1974    7,567    8,113    48.3    51.7
1975    6,639    7,427    47.2    52.8
1976    5,714    6,812    45.6    54.4
1977    5,191    6,464    44.5    55.5
1978    9,355    10,103    48.1    51.9
1979    8,868    8,651    50.6    49.4
1980    NA    NA    NA    NA
1981    NA    NA    NA    NA
1982    8,036    8,914    47.4    52.6
1983    10,086    11,250    47.3    52.7
1984    11,220    11,927    48.5    51.5
1985    11,503    12,284    48.4    51.6
1986    12,720    13,455    48.6    51.4
1987    11,860    12,998    47.7    52.3
1988    13,272    13,917    48.8    51.2
1989    12,827    13,896    48    52
1990    21,289    20,902    50.5    49.5
1991    22,184    19,219    53.6    46.4
1992    20,583    21,386    49    51
1993    21,942    23,477    48.3    51.7
1994    24,868    26,321    48.6    51.4
               

Exclusión e invisibilidad de la mujer migrante en los debates de la globalización.

A pesar que casi el sesenta por ciento de la migración contemporánea de orígen caribeño/latinoamericano está constituida por mujeres (Tienda et. al. 1984), la ausencia de una visión de género en las investigaciones sobre la migración se le puede atribuir a una variedad de factores, pero en especial es causada por demógrafos y economistas que ven a los y las migrantes como mano de obra barata y miden la migración sólo en base a las oportunidades económicas, sin embargo no ven a la mujer como un ente productivo capaz de dejar a su familia para integrarse a mercados laborales “internacionales”, enfocándose entonces en las contribuciones económicas de los varones migrantes (Piore 1979; Tienda et.al. 1984).  También se debe a que muchos de los primeros estudios sobre la migración están basados en el programa de braceros mexicanos entre 1940 y 1960, asumiendo entonces que la mayoría de migrantes Latino/Americanos son de orígen mexicano, masculinos y que vienen a Estados Unidos temporalmente.  Otros estudios (INSTRAW 1994) indican que encuestas realizadas a hogares migrantes influenciadas por la perspectiva económica, no han tomado en cuenta la participación de la mujer porque ven al hombre como el jefe de familia responsable por tomar las decisiones económicas, y muchas veces en los Censos son ellos los que responden por la familia entera.  Estos enfoques, principalmente el que prioratiza el factor económico como motivo para emigrar, invisibiliza la participación de la mujer en las migraciones y no reconoce sus contribuciones, aún en casos como el de República Dominicana donde la migración femenina ha llegado al 60 por ciento del total (Weyland 1999).

Para mejor entender la experiencia migratoria dominicana entonces es necesario enfocarse en el estudio de la mujer y comenzar a visualizar que como resultado directo de la migración, la mujer dominicana ha podido revertir muchas de las imágenes que se tenían de la mujer en el siglo XIX y comienzos del siglo XX, rompiendo con las relaciones coloniales/modernas, y dando lugar a nuevos significados de su comportamiento laboral, familiar y comunitario. 
 
Al trasladarse a Nueva York, muchas mujeres migrantes han tenido oportunidad de reflexionar y actuar sobre la problemática de género, emergiendo como nuevos actores sociales en la creación de soluciones.  Muchas veces estas soluciones dependen de una nueva vida “al borde”, es decir transnacional, la cual le provee de mayores libertades y logros personales.  Otro cambio directo de la migración ha sido que en Nueva York ha habido también un aumento de la mujer como jefa del hogar; según estudios de Ramona Hernández, catedrática de la Universidad de Nueva York CUNY, el 38% de los hogares dominicanos en Nueva York está encabezado por mujeres, factor que según la investigadora contribuye a la pobreza de la comunidad dominicana en Nueva York .  Sin embargo estas conclusiones le restan importancia al rol que los hogares de jefas de familia han tenido en la economía nacional y/o en el proceso migratorio.  Como dice Susan Brown (1972; 1977) en su estudio de familias de escasos recursos en Santo Domingo, estos hogares proveen a la mujer de mayor flexibilidad y autonomía, modalidades necesarias para desarrollar estrategias de supervivencia, tanto en la familia no migrante como en la migrante. 
La expansión del rol social de la mujer latina debido al traslado o migración nos lleva a reflexionar sobre sus motivaciones para emigrar, y podemos asegurar que la falta de visibilidad y reconocimiento de la mujer históricamente, tanto en el plano familiar como laboral están ligados directamente con el crecimiento de las migraciones de mujeres.  Los tres debates existentes sobre la globalización (alcance e inevitabilidad, resistencia local y complicidad) presentados en la primera sección de este ensayo comprueban que las mujeres han aprovechado la nueva coyuntura global/local para romper con la dominación patriarcal tradicional y con la colonialidad/modernidad del poder.  La apertura cultural y económica en los tiempos de globalización son en parte responsables de estos cambios, favoreciendo no sólo el avance económico de la mujer dominicana sino también su desenvolvimiento  social y crecimiento personal, no sólo a nivel individual sino también comunitario como veremos en las imágenes siguientes.

Recurriendo a un nuevo capital social, es decir a los contactos de familiares y amistades en el lugar de origen y de llegada, la mujer migrante ha creado las redes necesarias para sostener un hogar transnacional, maximizando sus recursos y ajustando los valores de aquí y de allá.  Este nuevo capital social y económico, sin embargo está acompañado de mucho sacrificio e inestabilidad familiar.  Sin embargo, muchas mujeres ponderan la posibilidad de expandir sus oportunidades, como por ejemplo esta mujer migrante explica las ventajas de vivir en una Ciudad “global” donde siempre hay un flujo constante de trabajos, dinero y oportunidades para el negocio y la vida transnacional:
En Nueva York siempre encuentro la forma de ganar dinero y eso me hace sentir más independiente que mis hermanas en la República Dominicana.  Por ocho años he trabajado en el sector textilero, ya sea cosiendo o limpiando hilos, y me he ganado un promedio de U$200 a la semana, en contraste con 200 pesos a la semana si me hubiera quedado en la República Dominicana.   Además de eso, siempre estoy buscando algo extra para hacer, haciendo comida para vender, o trayendo cosas desde “allá” para vender “aquí”, o también administrando un sans entre amigos y conocidos.  En Nueva York el dinero aparece rápido, y hay más oportunidades para ganar dinero tanto para los hombres como para las mujeres (Milagros)

Al igual que Milagros, muchas mujeres migrantes comentan sobre los beneficios de trabajar en Nueva York y enviar remesas a su familia, haciendo rendir más los salarios:
Siempre que podía, hacía dos tandas para cobrar el doble y ganar más dinero para enviárselo a mi hermana para que pague el colegio de mi hijo.  Nunca lo hubiera podido enviar a un buen colegio con el dinero que ganaba en la República Dominicana limpiando oficinas.  Allí ganaba en un mes la mitad de lo que yo le pagaba de escuela desde “aquí” (María). 

Como vemos, la migración amplía los roles sociales de la mujer, es decir, el nuevo salario de la factoría ayuda a construir un nuevo capital pero no cambia completamente los roles asignados a las mujeres ya que muchas de ellas siguen haciendo los mismos trabajos y además asumen el rol de administradora y proveedora del hogar.  Lo que realmente cambia es el valor que se le atribuye a las remesas y al trabajo que las mujeres envían y hacen desde “allá”.
    De esta forma, la mujer migrante ha traído muchos avances a sus comunidades, tanto en Nueva York como en República Dominicana, contribuyendo al desarrollo comunitario y la democratización de la cultura y espacios públicos.

El deterioro de la economía neoyorkina para finales de los ochenta, al igual que el incremento de la violencia debido a la expansión de un mercado abierto de distribución de drogas, afectó la posición de la mujer quién se había ganado un nueva valorización de su trabajo en la factoría, y ahora tenía que asumir otro tipo de trabajo en el área de servicios, mucho más competitivo, o enfrentarse al desempleo y la ayuda social; el incremento de embarazos de adolescentes también fortaleció los lazos de mujeres jóvenes al estado del cual recibían cupones y cheques de la Oficina de Ayuda Social.

De esta coyuntura económica y política, nace la idea en los ochenta de crear un Centro para el Desarrollo de la Mujer Dominicana, fundado y dirigido desde 1988 por la líder comunitaria Rosita Báez para mejorar la calidad de vida de la mujer en Washington Heights, como ella expresa: “El Centro es un proyecto que se lleva a cabo en los hogares de las mujeres de Washington Heights.”  Politizando la esfera privada y rompiendo con la división colonial/nacional de lo público y lo privado, Rosita valora el “hogar” como espacio  contestatario donde la mujer migrante acumula las preocupaciones de la vida cotidiana.  Otra colega de Rosita Báez, Antonia Cruz nos cuenta: “Necesitábamos un lugar donde compartir como compañeras y amigas y donde pudiéramos discutir la situación en que muchas mujeres vivimos. Eramos nueve mujeres que nos reuníamos para decidir que tipo de organización queríamos fundar y en que dirección queríamos ir.”  Antonia nos explica que muchas organizaciones orientaban sus preocupaciones hacia Santo Domingo y ellas querían un “lugar” para “abordar la crianza de hijos e hijas en Nueva York, y enfrentar los problemas que significaba ser Latina, negra e inmigrante.”  Los testimonios de la mayoría de las líderes comunitarias femeninas demostraron, más que los hombres, una sensibilización por temas de la identidad, en particular el “ser mujer migrante” como expresa Rosita:

Las mujeres inmigrantes están obteniendo más oportunidades en este país; creo que esto es un fenómeno histórico sujeto a una realidad económica ya que la economía de Estados Unidos está organizada alrededor de la mano de obra barata.  Nuestras mujeres proveen eso, pero en el proceso también hay un empoderamiento porque ellas logran su independencia económica y una mejor educación.  Sin embargo, hay un gran número de mujeres que están oprimidas y que son explotadas, como por ejemplo en las factorías, en los restaurantes y las que trabajan atendiendo personas en las casas.  Estos trabajos tienden a pagar muy poco y tienen muy pocos beneficios (Rosita Báez).

El ser “mujer migrante” en la Ciudad de Nueva York, como afirma Rosita Báez, es ventajoso pero implica mucho sacrificio.  Por lo tanto, podemos concluir que empoderamiento de la mujer que resulta del proceso migratorio trae consigo rasgos de opresión y explotación que sólo cambiando el sistema actual desde abajo, es decir descolonizando el proyecto de modernidad/colonialidad, podremos superar y alcanzar una visión más humana del desarrollo y la convivencia entre comunidades y naciones.  

Dado lo expuesto anteriormente, veamos como relacionamos lo logros de la mujere migrante, es decir su nuevo capital económico y social, y los aportes que ha hecho a sus comunidades de origen y destino con el movimiento feminista.  ¿De qué forma han contribuído las mujeres migrantes a los “viejos” y “nuevos” feminismos?  En lo que refiere a la categoría de género, hablar de un feminismo “global” o “nacional” ha traído numerosos cuestionamientos a la validez del movimiento de mujeres, prefiriendo las mujeres identificarse con los feminismos locales, de la misma comunidad o barrio, por ejemplo, así como prefieren identificarse con las identidades que mejor reflejen sus experiencias diarias, ya sea ésta “latina”, “negra”, “índigena” o “mujer migrante”.  Como crítica a Robin Morgan, autora de Sisterhood is Global (1984), Amrita Basu en su libro, The Challenge of Local Feminisms, argumenta que los movimientos de mujeres son producto de las influencias globales y locales, más que de políticas de desarrollo y modernización negociadas entre organismos internacionales y los respectivos gobiernos, y que a pesar que la mayoría de los feminismos han estado dirigidos por mujeres de clase media, particularmente en Latino América (Bose y Acosta-Belen 1995; Saffa 1995b), hay muchas mujeres de bajos recursos que han participado en activismo comunitario de base y redes de solidaridad internacional que hoy día constituyen movimientos de mujeres sólidos y resistentes y que han contribuido enormemente a los encuentros de mujeres locales y de conferencias globales al igual que son parte de proyectos nacionales de desarrollo, particularmente a partir de la década de los ochenta con la ayuda financiera de organismos internacionales que han institucionalizado y burocratizado muchos de estos esfuerzos de base como parte de políticas de desarrollo nacional (Basu 1995:2).  La misma autora distingue al feminismo, a veces prejuiciado por sus perspectivas nacionales y de clase, de las luchas de resistencia de mujeres y define a los “movimientos sociales de mujeres” como una gran variedad de luchas en contra de la desigualdad de género, que pueden ser locales o nacionales, afiliados a partidos políticos o no, a movimientos nacionalistas/dictatoriales o no, de corta o larga duración, y que pueden constituirse en coaliciones de varias clases o de una base social más estrecha, o de redes informales (Basu 1995:3-10), como el caso de los movimientos sociales identitarios de las Madres de Plaza de Mayo en contra de la dictadura argentina.  En el caso de las mujeres Latinas/dominicanas en Nueva York, las luchas de resistencia comunitaria a partir de las políticas implantadas por las instituciones públicas como la Policía, la Oficina de Ayuda Social y la Oficina de Inmigración, han sido quizás los feminismos locales más fuertes en la comunidad de Washington Heights.  Debido a su especificidad histórica y a su contexto comunitario, los movimientos locales de resistencia de mujeres latinas/dominicanas generalmente reconocen la heterogeneidad y la diversidad que no ofrecen los feminismos globales, dando paso a una transformación “desde abajo”.  Ya las mismas mujeres migrantes encuentran difícil separar lo subalterno de lo local, y mientras no pueden escapar la inevitabilidad del proceso de dominación colonial/moderno, si pueden transformar sus luchas sociales, adaptando, rechazando o integrando los diseños globales a sus agendas locales, y aumentando así sus formas de participación y visibilidad.  Como mujeres migrantes, este proceso se facilita aún más por la movilidad inherente a las comunidades transnacionales, convirtiéndose el traslado o la movilidad en una estrategia viable de descolonización que trasciende los procesos soberanos del estado-nación.

Las estrategias de descolonización, particularmente la flexibilidad entre el “aquí” y el “allá” dan paso a la acción solidaria transnacional a través de la cual las mujeres migrantes expanden sus roles y redes sociales, mientras que los envíos, las llamadas y visitas frecuentes, y la vida “entre dos mundos” en general comienza a imponerse como “un bolsillo de esperanza”.  Las nuevas formas de pensar en la supervivencia familiar incluyen el reuso, la recategorización, y la deterritorialización de los discursos dominantes, posicionándose entonces en contra de las estructuras rígidas de la nación y la modernidad.  La “cultura mundo” de Wallerstein debe hacer lugar a la intensificación de “lo local” y a las luchas políticas localizadas, aún cuando estas representen un nivel primario de agencia o empoderamiento colectivo, quizás hasta segregado y fragmentado pero con potencial para coaliciones regionales y agendas transnacionales lideradas por organizaciones y movimientos supranacionales.  En algunos países como México, ya están trabajando estas alianzas descolonizadoras entre residentes mexicanos en Estados Unidos y los gobiernos federales y municipales para avanzar las necesidades de una gran parte de la población mexicana que colabora con organizaciones y federaciones de mexicanos/as residentes en Estados Unidos.  En la conclusión hago algunas recomendaciones sobre la dirección en que las instituciones dominicanas a ambos lados de la frontera pudieran encaminarse para el beneficio tanto de las comunidades migrantes aquí y allá y para potencializar el capital social y los nuevos espacios de empoderamiento ya conquistados por las mujeres, particularmente si vemos a la migración como un “nuevo” movimiento social de mujeres.

Conclusión.

Para concluir, quisiera resaltar el impacto de la diáspora femenina y las ventajas de una visión de género transnacional sobre la migración:
    Participación de la mujer en un sistema transnacional socio-cultural y maximización de recursos a través de las fronteras, particularmente en términos de residencias, negocios y una mejor calidad de vida.
    Mayor participación de la mujer en la migración y en las luchas comunitarias—encargada de la reunificación familiar y el proceso migratorio.
    Mayor visibilidad de la mujer migrante y valorización de su trabajo a nivel local y global
    Politización del ámbito doméstico y comunitario—estrategias de supervivencia y creación del “hogar transnacional”.
    Alianzas transnacionales a nivel familiar/comunitario con potencial de cambio social, para dar lugar a una sociedad civil internacional.
    Reconceptualización de la ciudadanía, desde abajo y fuera de la nación, y conformación de un nuevo capital social y económico.
    Afirmación del transnacionalismo, es decir de los “procesos a través de los cuales migrantes forjan y sostienen relaciones sociales múltiples que unen sus sociedades de origen y de llegada, integrando dos idiomas, dos hogares y dos sistemas políticos, contribuyendo a ambos lados de la frontera”.

Además quisiera concluir con un listado de los desafíos al fortalecimiento de la
comunidad transnacional, aquí y allá, y algunas recomendaciones:

Desafíos:

    Prácticas y orientaciones de la 2da generación (30% nacidos en EU)
    Movilidad ascendente de Latinos/as que deja “el barrio”
    Falta de liderazgo y choque cultural entre la primera y segunda generación
    Orientación externa de los recursos locales
    Políticas domésticas de Estados Unidos (terrorismo internacional y recorte de ayuda social)
    Falta de preocupación y participación por parte del estado dominicano en programas transnacionales de incentivos, y por la defensa de los derechos del “inmigrante” en Estados Unidos
    Falta de recursos, tiempo y energía

Recomendaciones:

    Implementación de programas transnacionales a través de los centros comunitarios en Nueva York, las asociaciones culturales, profesionales y deportivas.
    Coordinación con Oficinas del Estado: Secretaría de Relaciones Exteriores, la Secretaría de Estado de la Mujer, la Organización Internacional de las Migraciones.
    La aprobación de leyes que ayuden a legalizar las migraciones, a través de contratos de trabajo, campañas de educación y prevención, etc.
    Creación de una institución que promueva la educación de valores dominicanos e historia del país dirigido a la segunda generación de dominicanos/as en el exterior en colaboración con centros académicos aquí y allá, y la otorgación de recursos para la investigación.
    Coordinación de remesas a través de bancos e instituciones financieras que promuevan los créditos y prestamos a dominicanos/as en el exterior para la inversión local (microempresas)
    Promover el turismo dominicano/a y las inversiones en el país, tanto a nivel residencial como de negocios, planes específicos con el sector industrial, bancario y de bienes raíces.
    Crear una Oficina de Atención en el país para los/as dominicanos/as en el exterior, con una base de datos on line que promueva y difunda información, y coordine planes y programas mencionados
    Crear una comisión que se ocupe de la organización y los recursos de programas de desarrollo comunitario con una visión de desarrollo más humana que potencialice los espacios ya conquistados por las mujeres migrantes.

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Entre las participantes de la Conferencia en el INSTRAW se encontraba la Licenciada Francisca Ferreira de la organización COIN que sirve como albergue a mujeres retornadas del tráfico sexual internacional.  /  Among the participants in the Conference at INSTRAW was Lic. Francisca Ferreira from the women´s shelter and organization COIN that works with migrant women who were caught in the sexual internacional trade.
Ponencia en la Conferencia sobre Género, Migración Femenina y Derechos Humanos. INSTRAW, Noviembre 2005 /Gender, migration and human rights´Conference, INSTRAW, Nov. 2005.

Lic. Francisca Ferreira, COIN

La Migración Femenina desde la República Dominicana.


En las décadas de los  60 a los 80 la migración de dominicanos hacia el exterior estuvo protagonizada por los hombres, aunque ya en la primera mitad del siglo pasado encontramos datos de movimientos migratorios femeninos hacia las islas menores del Caribe, ejemplo de esto es el burdel oficial “Campo Alegre” que ya en 1949 funcionaba en Curazao, con la presencia de mujeres dominicanas.  A partir de los 80 observamos como la migración dominicana ha venido feminizándose, especialmente hacia Europa, Las Antillas Menores y hacia algunos países de América Latina. El flujo migratorio internacional de mujeres dominicanas ha alcanzado importantes proporciones en las últimas décadas.

Según datos de la OIM, la República Dominicana se encuentra entre los diez países con mayor número de mujeres en el exterior, ocupando el cuarto lugar después de Tailandia, Filipinas y Brasil. De hecho según el Centro Latinoamericano de Demografía (CELADE) cerca de 300 mil personas abandonaron el país entre 1970 y 1990, de las cuales un 60 % son mujeres. y las Antillas Menores ha sido mayormente femenina. De igual manera hemos vivenciado a partir de los 80 una migración feminizada hacia países europeos; según el estudio de Antonio Izquierdo un 89% de los dominicanos en España que participaron en el proceso de regularización de 1985 son mujeres.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      

Esta feminización de las migraciones tiene sus orígenes en "la ventaja comparativa de las desventajas de las mujeres". Ellas son consideradas como trabajadoras de bajo costo, dóciles, flexibles y con menos vínculos estables en el lugar de destino. En el mundo globalizado, estas "cualidades" las hacen más atractivas que los varones, en un mercado laboral que procura mano de obra intensiva. Y las más afectadas en el sistema de explotación son las analfabetas o con poca o ninguna capacitación educacional (M.Ballara,  2001)
 En el caso de República Dominicana, el incremento de la participación de la mujer en los flujos migratorios está relacionada con la nueva división internacional del trabajo y sus consecuencias de cara a las mujeres del tercer Mundo y de regiones como el Caribe en particular, donde la mano de obra femenina tiene demanda en función de su docilidad y bajo costo (Gallardo Rivas 1995).

Estas nuevas tendencias en los flujos migratorios, como consecuencia de la globalización y las reformas económicas, han permitido que las mujeres jueguen un papel activo en la toma de decisiones para migrar en procura de un mercado que les permita mejores oportunidades laborales y económicas para apoyar a su familia. En la República Dominicana donde casi el 50% de las familias tienen a una mujer como cabeza de hogar, estas tienen que asumir mayor responsabilidad en la generación de ingresos para el mantenimiento del núcleo familiar. Las dificultades económicas y la falta de oportunidades educativas, laborales y sociales en su país, la obliga a emigrar hacia el exterior en busca de mejor suerte. En la actualidad la migración es una opción de vida para miles de mujeres dominicanas.

Los estudios realizados en el país con mujeres migrantes revelan que la causa principal por la que viajan es la necesidad de mejorar su condición económica y la de su familia. Casi todas hablan de la necesidad de generar ingresos para alimentar y educar a sus hijos, comprar una casa y poner un pequeño negocio, aunque algunas señalan también  que el viaje es una forma de escapar de la violencia y maltrato que reciben de sus parejas (COIN 1998, OIM 2000). 

Concretamente podemos señalar los siguientes factores como determinantes del incremento de la migración femenina en nuestro país:

•    La feminización de la pobreza  y la alta taza de desempleo femenino.
•    La oferta de oficios “feminizados” bien remunerados en los países de destino (trabajo doméstico, bailarina, camarera, prostitución).
•    El efecto de demostración que ejercen algunas migrantes retornadas, ostentando lujos, construcción de viviendas suntuosas etc. estimula a otras mujeres a viajar.
•     Las redes de familiares y amigos favorecen las cadenas migratorias  hacia países específicos, por motivos de reunificación familiar entre otros.
•    La publicidad turística que promociona al país como paraíso sexual y  a las mujeres jóvenes como mercancía sexual barata. Esto es
aprovechado por las redes de traficantes de personas, para hacer negocios a costa de nuestras mujeres.

En las décadas de los 80-90 el mayor flujo migratorio femenino  se registró en comunidades de la región sur del país, tales como Vicente Noble, Tamayo, Barahona, Juan de Herrera en San Juan de la Maguana; Haina, Yaguate y Doña Ana en San Cristóbal. De igual manera el municipio de Nisibón Higuey en la región Este. Más adelante se identifican otras comunidades como Palmarito La Vega, San Francisco de Macorís, Cotuí, Bonao, Villa Altagracia, Bayaguana, así como los barrios de ciudades urbanizadas como Santo Domingo y Santiago.
En la actualidad  nos atrevemos a afirmar que todo el país es un lugar de alto flujo migratorio.

En cuanto al perfil de la mujer migrante, los estudios señalan que la mayoría proceden de las regiones más pobres del país, con un nivel educativo intermedio (muchas han terminado la primaria, algunas la secundaria y otras pocas han iniciado la universidad); las edades están entre 18 a 35 años, casi todas son madres con uno a tres hijos/as promedio; o sea son mujeres jóvenes en edad productiva  y con carga familiar.

Los destinos de las migrantes dominicanas han variado en correspondencia a contextos socio-políticos, económicos y culturales tanto en nuestro país como en los países de destino.  A la caída de Trujillo en los años 60 el principal destino de los migrantes dominicanos fue Estados Unidos y Puerto Rico, para esta época se incrementó también la migración de mujeres hacia las Antillas Menores (Curazao, San Martín, Aruba) y Panamá; posteriormente el boon del petróleo en la década de los 70 dirige la migración hacia Venezuela. El estancamiento económico de los años 80 impulsa a los dominicanos a emigrar masivamente, miles de mujeres emigraron hacia países de Europa que en ese momento presentaban menos restricciones de entrada, tales como España y Holanda. En la década de los 90 se expandió la migración de dominicanas hacia otros países europeos: Italia, Suiza, Austria, Alemania, Bélgica, Grecia.

En los últimos años  se han identificado nuevos destinos en América Latina: Argentina, Costa Rica y Brasil; así como países del continente asiático: Líbano, Israel y Japón. Actualmente en la misma medida que aumentan las restricciones para emigrar a Europa u otros destinos, se incrementa la migración hacia países del Caribe; tenemos datos de presencia de dominicanas en la Guyana Francesa, Surinán, Antigua, Guadalupe, Trinidad. Otro destino es el vecino país de Haití, donde la facilidad para el cruce de fronteras y la existencia de redes de traficantes que ofertan trabajos pagados en dólares, estimula a algunas mujeres a aventurarse a este país.

En diferentes estudios realizados especialmente en los países de destino se ha señalado que una gran cantidad de dominicanas se encuentran ubicadas en estos países en el  sector servicios en las labores más discriminadas (servicio doméstico, niñeras, cuidado de ancianos, bailarinas, camareras,  muchas de ellas en la prostitución y/o bajo condiciones de explotación sexual). Es importante reconocer que la división sexual del trabajo ha condicionado una demanda específica de migrantes por parte de los países de destino y una oferta por parte de los países expulsores destinada a satisfacer estos requerimientos; esta realidad ha restringido en gran medida la incorporación de las dominicanas migrantes a la realización de actividades de servicios domésticos y sexuales. Sin embargo  debemos señalar que en la medida que las mujeres resuelven  su condición de ilegalidad en los países de destino, se van integrando a otras áreas  productivas, como el comercio informal y desarrollo de pequeños negocios.





Migración, Tráfico y Trata de Mujeres.


El proceso de integración de la Comunidad Europea y el cierre de sus fronteras obligó a las migrantes a diversificar las vías de entrada a esos países, potencializándose así las redes migratorias (Gallardo Rivas 1999). Esas nuevas condiciones para la migración legal conllevó al incremento de la migración femenina en situación de riesgo o de vulnerabilidad de violación de sus derechos humanos.
Del  mismo modo la incapacidad de los gobiernos de crear políticas de protección a los derechos humanos de los y las migrantes, aumenta la vulnerabilidad de las mujeres migrantes y en muchos casos las vuelve víctimas de explotación laboral con trabajos mal pagados, en condiciones y exigencias inapropiadas o no convenidas con anterioridad. Muchas de ellas pueden llegar a ser víctimas de explotación sexual.

En Europa, especialmente en países como Holanda, Bélgica, Suiza, Austria, las organizaciones de mujeres que apoyan a las mujeres traficadas han constatado un número creciente de dominicanas, que han llegado allí a través de redes de traficantes para desempeñar trabajos vinculados con la prostitución o fueron trasladadas a estos países con promesas de casamiento. Las mujeres son llevadas a estos países bajo la promesa de obtener diferentes tipos de empleos con mejores condiciones de vida y buenos salarios. Sin embargo, fuera de su país se vuelven presa fácil de explotación y su situación se agrava más al encontrarse solas en un ambiente extraño.

 Sin embargo, no hay datos estadísticos confiables que puedan medir la magnitud del problema. No en tanto, los casos que se conocen indican que muchas de ellas son víctimas de violencia y acoso sexual por parte de los tratantes, empleadores y también de la policía o los funcionarios de migraciones, situación que se verifica cuando se encuentran ilegalmente en el país de destino.

 De acuerdo con un estudio realizado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), sobre el tráfico de mujeres con fines de explotación sexual, se detectó que en diversos países europeos, durante los años 1995 y 1996  al menos el 40% de las mujeres identificadas en esos estudios provenían de la República Dominicana. Según un estudio realizado en Antigua, en 1992, las dominicanas representaban el 90% de las mujeres que trabajaban en burdeles. Asimismo, más del 50% de las prostitutas en las ciudades de Amsterdam, Rotterdam y Utrecht eran mujeres dominicanas.

Si bien es cierto que este panorama ha ido cambiando en Europa, no sucede así en el Caribe. A principios de este año (2005) tuvimos la oportunidad de visitar la Guyana Francesa y contactamos allí unas 200 dominicanas en prostitución, muchas habían llegado a través de redes de traficantes vía Surinán, otras de manera independiente mediante migración irregular.

La trata de mujeres y niñas con fines de prostitución forzada y otras formas de explotación  en condiciones de semi esclavitud, está siendo reconocida como uno de los crímenes de mayor crecimiento en el mundo y una de las violaciones mas graves de los derechos humanos. La trata de seres humanos es la tercera actividad ilegal mas lucrativa del mundo, después de la del tráfico de armas y el de drogas, generando ganancias cercanas  a los  12,000  millones de dólares por año (OIM 2002).

Se estima que al menos una tercera parte de las migrantes dominicanas en Europa, el Caribe y algunos países de Latinoamérica han sido víctimas de trata para fines de trabajo doméstico, matrimonios serviles o explotación sexual. Las investigaciones señalan que la mayoría sale con la oferta de trabajos lucrativos y que algunas de las víctimas incluso tienen conocimiento de que se dedicarán a la prostitución, pero desconocen las condiciones de explotación y coerción a que serán sometidas en el extranjero.

La Trata de Personas es una forma de violación de los Derechos Humanos. Las mujeres tratadas han sufrido uno o varios de los siguientes actos criminales:
•    Sometimiento por deuda
•    Confiscación de la identidad legal, retensión documentos.
•    Encierro fisico o cautiverio
•    Trabajo forzado/servicio sexual forzado
•    Violencia + abuso/ amenazas de uso de violencia
•    Dependencia
•    Asalto y agresión
•    Violación
•    Tortura
•    Rapto
•    Venta
•    Retención Ilegal
•    Privación de los Derechos Laborales
•    Fraude
•    Asesinato

Existen diferentes formas de reclutamiento:
•    Contrato para trabajo doméstico, servicios de niñeras, cuidado de ancianos
•    Contrato como bailarina, camarera, agencias de modelos
•    Matrimonios arreglados con extranjeros
•    Anuncios periódicos, internet
•    A través de redes de familiares y amigos

Los traficantes no siempre son gente desconocida; es frecuente que los intermediarios sean personas conocidas o alguien en quien se confía, éstas pueden ser: pariente, vecino, una persona conocida u otro migrante.

En la casuística del Centro de Acogida  que funciona en el COIN desde el 2003, de 135 mujeres víctimas de tráfico o trata asistidas, el 68 %  fue traficada por redes  de organizadores de viaje, el otro 32% los traficantes fueron parientes, vecinos/as y amigos/as. El costo del viaje osciló entre 30,000 a 200,000 pesos, según el país de destino.



Efectos de la Migración, el Tráfico y la Trata.


En el aspecto positivo tenemos que reconocer que la migración es un factor que determina la  movilización social de muchas mujeres y que las remesas que ellas envían son posiblemente la principal fuente de sostenimiento de sus familias. Los datos económicos señalan que las remesas constituyen el 11% del producto interno bruto (PIB) de la República Dominicana, constituyen la tercera fuente de ingresos del país después del turismo y las zonas francas.
En el aspecto negativo no podemos perder de vista que las mujeres migrantes, por su condición de género, etnia y raza enfrentan problemas específicos, y que tienen relación con la inequidad en el acceso a los servicios básicos públicos (salud, educación, vivienda, previsión); en el acceso a información sobre sus derechos y servicios; dificultades para la inserción y desarrollo en el mercado de trabajo, discriminación y condiciones desventajosas, de precariedad respecto a sus derechos laborales (salarios por debajo del nivel de los nacionales, trabajos insalubres, con largas jornadas, agresión y acoso sexual); deterioro en sus condiciones de vida; abusos en sus derechos humanos como migrantes y mujeres; pérdida de la identidad cultural, dificultades para organizarse y ejercer el liderazgo.( M. Ballara, 2001).

Las mujeres que además han sido víctimas de trata presentan las siguientes dificultades: (Centro de Acogida, COIN) 

•    La mujer traficada genera sentimientos ambivalentes de temor al regreso y deseos de encontrarse con su familia
•    Trastornos sicológicos y emocionales: depresión, temores, desconfianza, ideas suicidas.
•    Sentimientos de persecución (angustia y desesperación)
•    Problemas de adicción al alcohol y a las drogas
•    Salud física (Problemas ginecológicos, ITS/VIH/SIDA, úlceras, gastritis, presión alta)
•    Procreación hijos no planificados con extranjeros.
•    Jurídicos (secuestro hijos/as, violencia)
•    Dificultades familiares (problemas con los hijos/as, separación de su pareja).
•    Mayor pobreza, pérdidas (casa, empleo, dinero).
•    Desarticulación social. Sentimientos de desarraigo, dado que se sienten extrañas tanto en el país de acogida como en el país de origen.
•    Dificultad para reiniciar proyecto de vida en su país, dada su salud física y emocional y la falta de opciones

Preocupaciones internacionales y nacionales frente al tráfico y la trata de mujeres.

•    La rigurosidad de las leyes de inmigración en los países de destino forzan a muchos dominicanos y dominicanas a emigrar ilegalmente.
•    Del mismo modo la dificultad para emigrar legalmente expone a nuestras mujeres y hombres a ser víctimas del tráfico y  la trata.
•    Entre más fuertes son las leyes migratorias más aumenta el tráfico y la trata de personas en los países en vías de desarrollo.
•    La falta de políticas de estado que fomenten la identidad nacional y la equidad de género, estimula la migración femenina.
•    La falta de programas de desarrollo que posibiliten opciones educativas y laborales para hombres y mujeres, incrementan las
migraciones.
•    La impunidad en que viven los traficantes y tratantes, facilita el progreso de este negocio.
•    La falta de protección a las víctimas y sus familias dificulta la denuncia de los traficantes y tratantes. Muchas personas no se atreven a denunciar por temor a ser agredidas


Conclusiones y Recomendaciones.

Si bien es cierto que la migración mejora la condición de la mujer aumentando su autonomía y su status en la familia; la persistente explotación y marginalización que sufren las mujeres en el mercado laboral, así como la vulnerabilidad al tráfico y la trata de personas, nos lleva a cuestionar su efecto positivo. En tal sentido hacemos las siguientes recomendaciones:
A nivel Internacional:
•    Establecer acuerdos migratorios entre países que posibiliten la migración legal regulada.
•    Velar por la aplicación de las leyes y acuerdos internacionales de protección a los derechos humanos de las y los migrantes.
•    Fortalecer el intercambio con organizaciones en el exterior que trabajan protegiendo los derechos de las y los migrantes.
A nivel Nacional:
•    El gobierno dominicano debe crear políticas sociales e implementar programas de desarrollo que  eviten la reproducción de patrones de exclusión y fomento de la pobreza en la sociedad dominicana.
•    Promover el principio de la equidad social y de género, igualdad de oportunidades de educación y empleo para hombres y mujeres.
•    Se necesita aplicar con rigurosidad las leyes nacionales e internacionales. Castigar a los traficantes y tratantes con penas rigurosas, incautándoles el dinero producto de este negocio.
•    Realizar campañas de información sobre la realidad de los viajes y la situación migratoria en los países de destino.
•    Establecer procedimientos claros de protección y seguridad a las víctimas de tráfico y trata.
•    Tanto las/los migrantes que proyectan retornar como los ya retornados necesitan informaciones completas sobre todos los aspectos relativos al regreso a su país de origen, a fin de evitar los problemas insuperables que se plantean, y para facilitar su reintegración.
•    Se hace necesario reforzar los servicios de informaciones y asesoramientos prestados por las autoridades y organismos nacionales, organizaciones internacionales y agencias de apoyo, en consulta con representantes de los grupos asistidos

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 Continuación del Proyecto de Vidas Paralelas en Palavé y Palmarejo (República Dominicana), 2006 /
Continuity of the Paralle Lives Proyect in Palavé and Palmarejo (Dominican Republic), 2006.


Durante el mes de Marzo del 2006 la Profesora Karin Weyland continuó el proyecto del video-documental, "Vidas Paralelas" con las mujeres de MUDHA, el Movimiento de Mujeres Dominico-Haitiano donde impartió un Taller sobre el uso de Cámaras de Video.  Junto a las mujeres de MUDHA, la profesora y una estudiante de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, María Solivan, condujeron una serie de entrevistas en el Batey de Palavé y Palmarejo para el levantamiento de información sobre las estrategias de sobrevivencia de las mujeres migrantes domínico-haitianas.  El estudio está auspiciado por el Centro de Investigaciones Sociales de la misma universidad donde la Profesora actualmente imparte cursos en el Departamento de Sociología y Antropología /  During the month of March of 2006, Professor Karin Weyland continued the project of the video-documentary, "Parallel Lives" with the women of MUDHA, the Dominican-Haitian Women´s Movement where she conducted a Workshop on the uses of video-camaras.  Along with the women from MUDHA, and a student from the University of Puerto Rico at Río Piedras, María Solivan, they conducted a series of interviews in the Palavé and Palmarejo Bateyes with the purpose of gathering information on Dominican-Haitian women´s survival strategies.  The study was sponsored by the Social Research Center at the same university where Professor Weyland is teaching classes at the Sociology and Anthropology Department.











Taller de Uso de Cámaras / Video-camara Workshop













 

























Imágenes del batey de Palavé / Images from the Palavé Batey




 

















Imágenes del Batey Palmarejo y la escuela que auspicia MUDHA / Images from the Palmarejo batey and the school sponsored by MUDHA


En el verano del 2007 la Profesora Weyland continuó haciendo entrevistas a las mujeres migrantes que sobrevivieron la trata sexual internacional que trabajan como promotoras para la casa albergue COIN, República Dominicana para agregar al video-documental, Vidas Paralelas. / During the summer of 2007 Professor Weyland continued to interview migrant women who survived the international sex trade and now work in the women´s shelter COIN, Dominican Republic to include in her video-documentary, Parallel Lives.  



mujeres de coin