La Doctora Karin Weyland presentó
su libro "Negociando la Aldea Global con un pie
aquí y otro allá: La diáspora femenina dominicana
y la transculturalidad como alternativa descolonizadora" en la Universidad
del INTEC en el contexto de la Feria del Libro y posteriormente en la Librería
La Tertulia auspiciada por el Departamento de Sociologia y Antropologia
de la Facultad de Ciencias
Sociales de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Rio Piedras. / Dr. Karin
Weyland presented her book titled "Negotiating the Global Village with a
foot here and the other one there: Women´s Diaspora and Transculturality
as a decolonizing alternative" at INTEC University in the context of the Book
Fair and later on in La Tertulia Library sponsored by the Department of Sociology
and Anthropology from the Social Sciences School from the University of Puerto
Rico, Rio Piedras Campus.
La Doctora Karin Weyland es socióloga
y artista visual; tiene un Doctorado de la Universidad de la New School
For Social Research de la Ciudad de Nueva York (1999), y ha recibido becas
de la OEA (Organización de Estados Americanos) y de la Fulbright
para su investigación sobre la mujer dominicana y la migración
trasnacional. Es autora de varios artículos y ensayos
fotográficos publicados en revistas académicas como Estudios
Sociales (1996; 2001) Ciencia y Sociedad (2004) , Revista de Ciencias Sociales
(2000) de la Universidad de Puerto Rico y Hopscotch: A Cultural Review (2000)
de Duke University. También ha contribuido a la publicación
de libros tales como La República Dominicana en el Umbral del siglo
XXI: Cultura, Política y Cambio Social publicado por la Pontificia
Universidad Católica de Santo Domingo (1996), Mujeres Transformando
la Vida, publicado por la Universidad de Costa Rica (2001), Transnational
Perspectives: Dominican Migration, publicado por la editora
de la Universidad de la Florida (2004), y Miradas Desencadenantes: Los Estudios
de Género en la República Dominicana al Inicio del Tercer
Milenio , publicado por el Centro de Estudios de Género de la Universidad
del INTEC (2005). En
el año 2001 fue co-directora de la Sección de Género
y Estudios Feministas de LASA (Asociación de Estudios Latinoamericanos)
y ha filmado varias producciones documentales de video tales como, "Válvulas
que dan vida" (2002), "Congo Pa' Ti: identidad afro-latina en la cultura
dominicana" (2004), "La obra social del Cenife" (2005) y "Vidas Paralelas:
Mujeres migrantes negociando la aldea global" (2006). Además
ha exhibido su trabajo fotográfico en exposiciones colectivas e individuales
en el Centro de Arte y Cultura Latina de New Brunswick (1998; 2004), Eli
Marsh Gallery, Massachussets (1999), Galería Guérnica (2002),
Casa de Teatro (2003), y el Museo de Arte Moderno de Santo Domingo (2004).
Actualmente, la Doctora
Karin Weyland es Catedrática del Departamento de Sociología
y Antropología de la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras
y miembra de la Academia de Ciencias Dominicana.
El Nuevo Día
La Revista
Domingo, 15 de octubre de 2006
Una mirada feminista al éxodo
dominicano
Por Jorge Duany
La migración vista
como alternativa descolonizadora
Weyland, Karin. Negociando la
aldea global con un pie "aquí" y otro "allá": La diáspora
femenina dominicana y la transculturalidad como alternativa descolonizadora.
Santo Domingo: Instituto Tecnológico de Santo Domingo, 2006. 319 pp.
Este libro se propone demostrar
que el éxodo masivo de mujeres dominicanas constituye una especie
de transnacionalismo "desde abajo". Según la autora, muchas mujeres
desafían la opresión femenina en la República Dominicana
y desarrollan relaciones más igualitarias en Estados Unidos. Para
Karin Weyland, la emigración representa "la oportunidad de resistirse
a las estructuras y valores impuestos por la sociedad dominante y explorar
nuevas formas de ser mujer, esposa y obrera en un mundo globalizado". Uno
de los temas recurrentes del texto es precisamente cómo las migrantes
renegocian su posición marginal dentro de espacios públicos
y privados atravesados por la globalización. La tesis de Weyland es
que la migración es una "alternativa descolonizadora" porque permite
a miles de trabajadoras "resistir y sobrevivir los efectos de la globalización,
organizando sus vidas alrededor de más de dos sistemas sociales, económicos
y políticos y dando curso a identidades y lugares múltiples".
Si bien la autora reconoce que la relocalización podría generar
tensiones emocionales y familiares, insiste en sus beneficios económicos,
sociales y políticos, como la ampliación de las oportunidades
laborales, la autonomía en el hogar y el apoderamiento comunitario.
El libro sugiere que el desplazamiento físico es una importante vía
de movilidad ascendente para numerosos sujetos subalternos, particularmente
las mujeres pobres.
El análisis de Weyland
combina tres marcos teóricos básicos. Para empezar, la autora
se enfoca en la condición socioeconómica de las trabajadoras
dominicanas en Nueva York desde un ángulo feminista. Aquí parte
de la premisa crítica de que "el concepto de mujer se ha asociado demasiado
tiempo con la experiencia de la mujer blanca, anglosajona/europea y burguesa".
Segundo, Weyland aborda el fenómeno migratorio desde una perspectiva
transnacional para examinar los múltiples lazos sociales, económicos
y políticos entre República Dominicana y Nueva York. Por último,
la autora asume una postura poscolonial para interpretar cómo las
migrantes dominicanas cuestionan la desigualdad genérica, racial y
étnica en sus vivencias cotidianas. En este contexto, invoca la expresión
"colonialidad del poder", acuñada por Aníbal Quijano y elaborada
por Ramón Grosfoguel y Agustín Laó, para subrayar que
las relaciones "coloniales" persisten aún después de desaparecer
el colonialismo formal.
El trabajo de Weyland es el producto
de más de una década de investigación sobre la diáspora
dominicana. Este proyecto comenzó en 1993 en Washington Heights,
el vecindario de Manhattan con la mayor concentración de dominicanos
fuera de su país. Inicialmente la autora participó en un estudio
auspiciado por el Hospital Presbiteriano de Columbia, donde entrevistó
a más de 50 familias dominicanas. Luego pasó a laborar voluntariamente
en el Centro de Desarrollo de la Mujer Dominicana, una de las principales
organizaciones de la comunidad dominicana de Nueva York. Allí entrevistó
a fondo a 40 mujeres migrantes, quienes proveyeron la principal base de datos
para su tesis doctoral, sometida a la New School for Social Research en
1999. Finalmente, durante los años 2003 y 2004, entrevistó
a líderes comunitarios dominicanos en Nueva York. En conjunto, completó
cientos de entrevistas, notas de campo y fotografías en blanco y
negro, una muestra de las cuales aparece en el libro.
Una de las hipótesis centrales
de Weyland se refiere al "dinamismo y politización de nuevos espacios
de resistencia en los flujos migratorios actuales, constituidos mayormente
por mujeres". Los datos recopilados, especialmente las historias de vida
de seis dominicanas residentes en Nueva York, tienden a apoyar esa hipótesis.
Según la autora, "todas ellas, desde 'aquí' o desde 'allá',
han creado una red de capital social que facilita los flujos de ideas, productos,
dinero y oportunidades entre República Dominicana y los Estados Unidos".
En Nueva York, muchas dominicanas encuentran empleos más estables
y mejor remunerados que en su país (aunque hayan declinado drásticamente
los empleos manufactureros en aquella ciudad desde la década de 1970).
Tales oportunidades laborales les permiten asumir el papel de principales
proveedoras y jefas del hogar, estén o no presentes sus maridos.
Como señala Weyland, "una mayor flexibilidad y libertad en la toma
de decisiones le ha[n] dado a la mujer migrante un mayor reconocimiento
en el ámbito familiar y comunitario". Aquí la autora se alinea
claramente con estudios previos sobre el impacto emancipador del trabajo
asalariado entre las dominicanas residentes en Estados Unidos y Puerto Rico,
particularmente los ensayos de Patricia Pessar y Luisa Hernández
Angueira.
En síntesis, el libro
de Weyland plantea asuntos clave para el análisis sociológico
de la globalización, la migración laboral y la liberación
femenina. 'Negociando la aldea global' se inserta hábilmente en los
debates contemporáneos sobre esos temas desde una postura feminista,
transnacional y poscolonial. El texto se basa en un sólido y extenso
trabajo de campo, una participación activa y un firme compromiso
con las luchas sociales y políticas de la comunidad dominicana en
Nueva York. La autora concluye que el transnacionalismo "desde abajo" es
"un espacio emergente de contestación" que frecuentemente promueve
los proyectos de los sectores subalternos, especialmente las mujeres trabajadoras.
El problema pendiente para investigaciones futuras es evaluar hasta qué
punto ese espacio emergente puede subvertir el orden establecido para lograr
"una vida planetaria más democrática, plena y segura". Independientemente
de la respuesta, este libro articula las interrogantes de manera aguda,
elocuente y bien documentada.
El autor es Director y Catedrático
del Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad
de Puerto Rico en Río Piedras. Su último libro se titula "The
Puerto Rican Nation on the Move: Identities on the Island and in the United
States" (2002).
Imágenes del libro, "Negociando la aldea
global con un pie aquí y otro allá":
Caricatura del Presidente Leonel Fernández
Imágenes de los archivos de Herbert Kriegger del Instituto
Smithsionano en Washington DC donde la doctora Karin Weyland estuvo haciendo
investigación de archivo sobre la colecciones norteamericanas del
Caribe.
Index of
Karin Weyland´s book / Index del libro de Karin Weyland
• Acknowledgements
• Prologue
• Introduction and Methodological Note
• Chapter One: The decolonization of migration and the
new local/global paradigm
o Latina women, migration and globalization
o Exclusion and invisibility of migrant women in globalization
debates
• Chapter Two: Negotiating the Global City from the Local:
“Nueva Yol” and transculturation as a space of resistance
o Decolonizing Science and the Metropolis from a Trans/Latina
Dominican identity
o The “reconquest” of the Twentieth century: Images and
realities from our “Nueva Yol”
o Washington Heights as a place of transculturation
o Assuming a transnational identity: Community action
and leadership as a basis for “public” social capital
o Community activism and migrant women as visionaries
of transnational alliances
• Chapter Three: Local/Global Identity Politics and migrant
women as new social actors
o The Transnationalization of migrant networks and the
“new” social capital
o “Social Capital” versus “Financial Capital” and the
expansion of a supranational citizenship
o Decolonizing economic, social and cultural practices
of the nation-state through market and family contexts
• Chapter Four: Transnationalism “from below” and its
advantages in a colonial/Imperial relationship
o Transnational migration and political and economic relations
between the Dominican Republic and the United States
o Origins of a Transnationalism “from below” in the socialization
and feminization of the Latino/American nation-state
o The coloniality of power and the latinization of transnational
migration
• Chapter Five: Transnationalism “from above”: its causes
and origins seen from a poscolonial feminist perspective
o The imperial/colonial discourse of U.S. photography
during the nineteenth and beginning of the twentieth century
o The origin of a working-women´s diapora and transnationalism
“from above”
• Final Conclusion: Lessons for the U.S. and Latino/América
from a Trans/Latina Feminist perspective
• Bibliography
Summary of the Book by Chapter
In the first Chapter I analyze the main debates of globalization and their
impact on the “global” and the “local”. It seems that the new global/local
dynamic opens the door to emerging identities and social movements that in
turn take a critical stance towards the state and the project of modernity,
decolonizing existing power relations. In this way, we need to look
at the relationship between nation, citizenship and new gender, racial and
class identities that expose migration as a social change project headed by
new social actors who were previously excluded from the contemporary political
system, or “world-system” as expressed by Immanuel Wallerstein. Addressing
the latest debates on gender and migration from the perspective of identity
politics and the rising of social movements vis.a.vis globalization and the
participation of Latino/American women in these debates, the first Chapter
focuses on the politicizing of new spaces of resistance in current migratory
flows, constituted mainly by women, displacing the economic factor as main
motivation for emigration. It becomes clear in this first chapter, and
throughout the book, that transnationalism goes beyond looking at migration
as a simple cheap labor/capital movement between nations and perceiving migrants
as victims of poverty and international relations, who instead are seen as
social actors with social and political agendas.
The second Chapter comprises an ethnographic study of
the Dominican community in Washington Heights, New York, during the nineties
and here I describe several types of transnationalism at the economic, political
and social level. The ethnography focuses on the transnational practices
of the first generation, exploring whether the second and third generations
will continue the same transnational patterns that their parents started.
It faces the problems of Latina youth who have limited access to local labor
markets and become involved in practices of resistance and accommodation according
to their age, such as youth pregnancies and gang involvement, cultural patterns
that also become transnationalized. Guided by the dominant value system
back in the Dominican Republic, parents choose to participate in both societies
even when their decisions do not go accordingly to the values and preferences
of the second generation, giving rise to generational tensions and lack of
community leadership. On the other hand, this Chapter erases the myth
that transnationalism is an impediment for the incorporation of migrants
to a U.S. way of life. Particularly interesting is to see how Dominican
politicians in New York build their careers over “there” to have political
influence over “here”. At the same time, a transnational perspective
stands in opposition to the politics of Balaguer, analyzed in Chapter Four,
of centralizing authoritarian power with respect to state and migratory issues,
delaying the passing of law that regulates migration and instead falling
onto implicit policies between the Dominican Republic and the United States,
a legacy that until this date has been difficult to change, regardless of
current President Leonel Fernández speeches and conferences.
In the Third Chapter I describe the experiences of migrant
women workers who live between New York and the Dominican Republic, and I
analyze Dominican women´s market options in the new global economy,
particularly their entrance into Free Trade Zones and sweatshops in New York
City, both processes seen as part of the U.S. imperial legacy, and the formation
of a periphery neoliberal government. In this Chapter I also explore
the benefits of transnationalism “from below” and from a gender perspective,
focusing on the construction of “social capital” and the social networks of
migrant women. It particularly addresses the impact that Latina women
have had in the cultural democratization of Dominican social classes, based
on the new valorization of women´s work, their incorporation into U.S.
labor markets, and their remittances. A “transnational home” takes
on a new meaning since it is in within the “domestic” space that most social
and political struggles are played out, as well as from community or grassroots
organizations. In both spaces migrant women take advantage of their
new “social capital” and participate actively in producing social change.
Transnational networks from the “home” and the “community” point to a new
direction for global capitalism, and I particularly emphasize the rupture
between public and private divisions, the return to the “local community”,
and the role of women in defining a “supranational” citizenship, all characteristics
that would fit Manuel Castells´definition of the steps necessary for
a transformation from an “identity of resistance” to a “project identity”
(Castells 1997:8).
Chapter Four advances the thesis that only through the
study of transnational communities, and the role of women in them, may we
arrive at a closer reading of these realities, and gain a better understanding
of their impact in the staging and politicizing of new emerging spaces of
empowerment. A transnational perspective on migration and the participation
of Latina women in the global economy, brings about a new visibility to women´s
work and their transnational home, contrary to the politics of ex-president
Joaquín Balaguer who distanced the contributions of migrants from projects
of national development and public policies in order to stop any mobilizing
effect that the Diaspora could have on society in general, and in particular
to the nation-state status-quo. The high number of U.S. tourist visas
issued to Dominicans for decades, brings into clarity the colonial relationship
between the U.S. labor market and the number of Dominicans emigrating to
the United States, exceeding national quotas, not only of residents but also
of “tourists”. A transnational perspective on migration, furthermore,
with a historical and contemporary account of “mestizaje” and the formation
of the nation-state, and the role of women in these projects, reveals the
“ideological” and “economic” bridges of migration even before its onset during
the sixties and the benefits of this phenomenon in a transnational agenda
“from above”. Chapter Four also provides a literature review on migration
and transnationalism, based on what has been written about the Dominican Republic,
“here” and “there”, and identifies the main debates on transnational migration,
race, nation and a Latino/a identity, from a poscolonial perspective, that
is, taking into consideration the Euroamerican imperial legacy and the origins
and advantages of transnationalism.
Reading into the colonial discourses of the United States and through the
interpretation of the work of ethnologist Herbert Kriegger whose photographs
and writings of his arqueological surveys I researched at the Smithsonian
Museum, the Fifth Chapter analyzes the role of the U.S. military Occupation
and its impact on the education and socialization of working women in the
beginning of the twentieth century. Much the same way chronicle writers
described and photographed the “exoticism” and the “innocence of elegant primitive
women and naked children” reinvindicating a “stable version of the imperial
macho”, Kriegger uses the camera through which “modern rationality” became
“imperial domination”(Díaz Quiñones 2000:204-206). Within
a Puerto Rican context, this same author writes, “to occupy a territory, photograph
the sceneries and the cities, serve as a spy, and write chronicles were in
1898, all different moments of the same project” (Díaz Quiñónez
2000: 204-206). Between the years of 1920 and 1940, Kriegger assumed
the role of chronicle writer in the Dominican Republic, and with his camera
and research, he exposes Dominican people to the colonial gaze that later
on would determine many of the social and economic decisions between both
countries, such as the reinforcement of the patriarchal system that followed
nineteenth century Catholicism and the transnationalization of capital that
unified local markets, opening a door to what today we know as “globalization”.
Working directly for the Secretary of Agriculture, of which depended the National
Museum of Natural History of the United States, part of the methodology of
this book involves the juxtaposition between Kriegger´s photographs
on Chapter Five and the photographs throughout the rest of the book that capture
the daily processes of local resistance. I hope that the reader can
differentiate between these two visual methodologies that today constitute
part of the Caribbean photographic historiography/genealogy. Both visual
methodologies are witness to the origins and consequences of transnationationalism
“from above” and “from below”, offering as a result a new configuration of
the local/global dynamic, with all its contradictions, resistance strategies,
and complicities. As Susan Sontag says, every photograph “confers in
each moment the character of a mystery” (Sontag 1977:3). Our mission
is to clarify the mysteries of contemporary society that at times could be
seen as “rituals of chaos” (Monsiváis 1995).
Overall, in this book I give emphasis to the new forms of transnational
organization not only at a family level, but also at a community level, and
analyze the solidarity between different Latina groups in New York, and how
these movements are part of a “transnational” movement of women that becomes
exposed with the study of transnational migration. It is particularly
interesting the way that local processes and social change have been influenced
by globalization and modernization, and how women have survived, choosing
mobility between one or more nations. Migrant women have gained access
to resources through community and grassroots organizing, processes that
go along transnational practices as much as they resist global capitalist
practices. From a gender perspective, the book then explores the relationship
between the United States and the Dominican Republic and raises important
questions regarding the advantages of transnational solidarity projects discussed
throughout the book. Some of the questions are as follow:
• How are resisted, negotiated and reapplied the processes
of exclusion of Latinos/as vis.a.vis Latino Americans, that is to say “Latino/Americans”
to the global village?
• What is the relationship of this resistance to the strategy
of the “return to the community”, and how does this process inform other processes
taking place not only at the local but also at the global level?
• What is the place of Latina migrant women in a free
trade economy focusing on the Dominican Republic where an implicit migratory
policy is promoted, and in what ways do they participate in discourses of
globalization, Latino/a identities, feminisms, movements of women, citizenship,
migration and transnationalism? Is this location different for women
than men?
• What is the dynamic of the new “translocal/transnational”
communities that Dominican migrants travel today?
• Could this mobilization be part of a global social movement
with a new vision of a new transnational culture of alliances born out of
civil society, or a global/local network society capable of transforming our
sense of community and family? Is this a new way of doing politics and
developing citizenship?
• What has been the resistance from the part of the production
of knowledge in academic centers and from the part of the world-economy towards
this community tendency of transnational solidarity, and what implications
has had in terms of the fight for the defense of gender and “in”migrants rights?
• What have been the answers from the nation-state at
both sides of the border? And finally, what can we learn from migrant women
to take on a more egalitarian exchange between transnational capital and
labor?
• Could these lessons help improve the socio-economic
situation of our Latino/American communities in the United States and in
Latin America?
Focusing on the questions mentioned above, the thesis of the book, “Negotiating
the Global Village”, questions the production of knowledge, in particular
the divisions between traditional disciplines and Area Studies, and proposes
new academic divisions based on contemporary local/global dynamics, as is
further discussed in Chapter Two. The conclusion of the book also emphasizes
the formation of a new transnational juncture that must be taken into consideration
to even begin to comprehend and decolonize the contradictions and the complicities
of the history and everyday life of our “America”. Only in this way
we can eradicate imperial/colonial relations of power and build a more democratic
academic and community life based on cultural diversity and social justice,
from a “mestiza” social perspective whereus equality on difference, Latino/American
regional political unity, and universal citizenship become our most important
achievements.
Book´s Methodological Note
Living transnationally between the Dominican community of Washington Heights
in New York City, and the Dominican Republic between the years 1993-1996,
and returning later on to both places in 1998, 1999, and 2001, I could appreciate
a strong Dominican desire to overcome internal and external obstacles translated
into the efforts of thousands of women faced with domination, an Euroamerican
legacy of imperialism and colonialism. After spending almost a year
in Santo Domingo in 1995, I went back in 2001 and have lived there for the
next five years, teaching at the University of INTEC (Instituto Tecnológico
de Santo Domingo). Since then, and until 2006 I was the founder and
director of the Visual Documentation Center, Melassa, dedicated to the production
of conscious-raising documentaries about identity and Latina/o culture, and
the cultural and academic exchange of students from U.S., Dominican and European
universities. I am also a member of the Dominican National Academy of
Sciences, and during the year 2003-2004 I obtained a research fellowship from
this institution in order to update and translate my doctoral dissertation.
Furthermore, I was able to complete this book with the help of a Fulbright
Fellowship that allowed me to return to the Dominican Republic and stay for
several years teaching and doing research on the Dominican Diaspora.
Coming back to my first years of research in Washington
Heights, in 1993 I began to work at the Columbia Presbyterian Hospital as
part of a psychological study on suicide and family, through which I met more
than 50 Dominican families who, in case of a family emergency, would recur
to the emergency room of the hospital. Since most families did not
have health insurance, they would attend the hospital to see a doctor through
the emergency room and were immediately recruited into the study. Free
of charge, one of my colleagues would recruit the families into the study,
and in exchange they would receive therapy and medical attention for the
next eighteen months. Our job was to interview the mother and the daughter
and complete a series of questionnaires about family behavior and personality
disorders related to suicide. My interest in the situation of Dominican
women, and Latina women in general, grew when I saw that psychological answers
to the problems these women faced were not enough to understand family dynamics
of this migrant community. Therefore I volunteered at the Center for
the Development of Dominican Women in 1994 in order to expand my knowledge
of the community and the women who participated in the organization program.
This was my first experience collaborating in a community based organization,
and I could see the difference between the atmosphere in the hospital and
at the Center where women felt at “home”. The Center provided them
with a space where they could express their needs and train themselves to
overcome them, as well as a place where their “voice” could be heard and
respected in their own terms. The hospital, on the other hand, being
an official institution, raised many suspicions amongst Dominican families,
and one could notice the distance between patients and workers, as well as
the incongruence between the interests of researchers and the needs of the
community and families.
While I worked at the hospital I remembered in several
occasions, the critiques I had read about Oscar Lewis book, La Vida, and his
conclusions about Puerto Rican migrants based on an ethnographic study spreading
one single Puerto Rican family across San Juan and New York, and their patterns
of prostitution and domestic violence coined into the “culture of poverty”.
Unfortunately, such ethnography had a great impact on public policy from
the part of U.S. official institutions towards the Latino/Puerto Rican community.
I also remembered the most recent work of Phillippe Bourgois (1995) and his
description of Puerto Rican women as frequent victims of “nervous breakdowns”,
and could not help thinking about patterns of domination and resistance that
I have read more recently and observed in the imperial/colonial relationship
between the United States and the Caribbean, in contrast to patterns of abuse,
violence and victimization that other researchers and public policy writers
attributed to the social character of the group and its “making it in America”.
In fact, many of these public policies followed the partial descriptions
of these first researchers who used Latino communities as experiments for
their psychological studies, ignoring the history of resistance from the
part of Latino communities and the year 1898 that marked the onset of the
United States as an imperial center. Public policy also ignored the
impact official history had on Latino/a identities, particularly from the
point of view of women.
Due to the lack of a Latino academic production at the
time that would take a more contestatarian position, today there is a vast
literature on Latina women and their psychological pathologies (Guarnaccia,
De la Candela and Carrillo 1989, Lewis-Fernández 1992). Back
then, in order to avoid this line of work, I decided to leave the research
at the hospital and explored other venues to access the community. Confirming
my initial observations, when I visited the area of the hospital in 2003,
I could see that as the hospital increased its number of work and residential
buildings, and new residents moved into the newly renovated apartment complex,
tensions I had noticed earlier had increased with the new demographic distribution.
During Giuliani´s governance during the nineties, many areas in the
city were renovated, ignoring the processes of local resistance and displacing
old residents from their communities, in particular working-class, Latina,
Puerto Rican and Afro-American communities. This process was part of
a larger attempt of transforming the City of New York into an administrative
space of the global economy, where the FIRE sector would occupy an important
place. In fact, the New York FIRE sector along with capital value have
received full attention in the media and public discourses, while “ethnic”
communities, and their “cheap labor” are being displaced by more expensive
residential buildings and cultural economies with high class consumption despite
their cultural and economic contributions to the global economy. These
processes have received the name of “gentrification” (Smith 1996), and have
had a strong impact in many Latina communities such as the Lower East Side,
42nd Street, Harlem and Washington Heights, today the largest Dominican community
in the United States, as we shall describe ahead.
Through my work at the Women´s Center, and during
my later visits to the City, I had the opportunity of participating in various
grassroots mobilization such as all night vigils and manifestations against
cuts on public spending, the loss of jobs, reduction of welfare spending,
police brutality, increased violence against women and the feminization of
poverty, central themes for the understanding of global dynamics and the position
of Latina migrant women today. At the Center I also collaborated
in various educational projects and participated in several of their activities
from English and Literacy classes, to programming meetings and festivities.
These times were of much enthusiasm since a group of Latina women were preparing
themselves to attend the Women´s World Conference in Beijing in 1995
sponsored by the United Nations. By this time, losing more than my
“Argentinian” accent, I was already living in the Washington Heights area
and was part of the daily life of the community, traveling in the subway,
engaging in supermarket and “ethnic” shopping, singing in parades and street
festivities, as well as participating in political campaigning, and other
community events. Little by little I became immersed in the New York
Latino culture, and was able to complete a series of in-depth interviews
with forty Dominican women, and later on with community leaders and entrepreneurs.
In 1995 I obtained a fellowship from the Organization of American States
to travel to the Dominican Republic and was affiliated with CIPAF, a long-standing
research center for women´s action. Through this organization
I contacted several migrant and non-migrant families and other community
organizations such as COPADEBA, Council for the Defense of Neighborhood Rights,
and the Neighborhood Association of Arroyo Hondo, all of whom welcomed and
offered me new opportunities for interviewing families and community leaders.
I also interviewed some relatives of the families I had interviewed in New
York City, especially in the Cibao region, and studied Dominican perceptions
on migration through different social stratums and geographical sectors of
the country. Many women understand this project as lifestyle, a choice
informed by cultural and imperial/colonial patterns, while only at the surface
may seem a simple opportunity many cannot resist when facing the demand of
women´s cheap labor force, and the several neoliberal economic and
political crises that have impacted women and their families the most.
In 2003 and 2004 I traveled back to Washington Heights after living in the
Dominican Republic for two and three years respectively. During this
time I interviewed some of the same community leaders I had interviewed earlier,
and obtained a new look at contemporary politics, although not much had changed
since the late nineties. And I concluded that even though women had
been at the forerun of new social movements through their participation in
community and other struggles in New York City and at a transnational level
as well, due to the little valorization their work receives in public discourses,
we have not been able to fully benefit from the development of local agendas
and transnational alliances that include women´s concerns and strategies
at both sides of the border, making women´s great contributions invisible.
Furthermore, the division between the “public” and the “private” has taken
away recognition from women´s community organizing and their daily
resistance, pushing the new achievements and spaces of empowerment back into
the domestic sphere. As we shall see throughout the Chapters of this
book, a translocal/transnational agenda is necessary if we want to fully
grasp the relationship between gender, power and identity, particularly the
space gained by Translatina women, and their participation and autonomy in
a transnational network society, and the new forms of citizenship they have
conquered.
La doctora
Karin Weyland comparte su nuevo libro con las estudiantes de la Maestría
de Género de la Universidad del INTEC donde impartió clases
en el verano del 2006 / Dr. Karin Weyland shares his new book with students
from the Gender Studies Master´s Degree Program from INTEC Universtiy
where she taught during the summer of 2006:
Grupo de estudiantes de la cuarta ronda de la Maestría de Género
del Centro de Estudios de Género del INTEC donde la Doctora Karin
Weyland impartió clases en el verano del 2006 utilizando como referencia
bibliográfica su propio libro, entre otras.
Especialización/Maestría en Género y Desarrollo
/ INTEC University
ASG-402 Ciencia, Cambio de Paradigma y Movimientos Sociales / Syllabi
Profesora Dra. Karin Weyland
DESCRIPCION:
En esta asignatura se analizaran los diferentes fundamentos teóricos
y metodológicos que sustentan el pensamiento social latinoamericano
y la forma en que este ha incidido en los procesos de desarrollo de la región.
El contenido de la asignatura inicia a partir del surgimiento del pensamiento
moderno en Europa y su relación con el proceso de colonización,
independencia, y conformación de las naciones latinoamericanas.
Después de analizar la forma en que estos procesos establecieron
la organización social de las naciones latinoamericanas, se analiza
el desarrollo del siglo XX como época de cambios profundos en la
forma de entender las relaciones sociales. Para concluir, se analizan
las nuevas propuestas de concepción del sujeto social y de los procesos
políticos y sus posibles implicaciones para el fortalecimiento del
ejercicio de la ciudadanía en América Latina.
CALENDARIO Y CONTENIDOS:
UNIDAD I: Los cimientos filosóficos y políticos de la
Modernidad
• Renacimiento e ilustración: secularización,
razón, y sujeto
• Razón crítica y razón instrumental:
La irrupción de la ciencia moderna. Revolución Científica
y revolución industrial
• La racionalidad científica: la oposición
sujeto-objeto y los sujetos universales
• Sujetos, democracia, y ciudadanía: Las reivindicaciones
de las mujeres
• La modernidad y las grandes ideologías del siglo
XX: Positivismo, liberalismo, socialismo. La emancipación como
gran utopía moderna.
Metodología de ésta unidad:
Conferencias de la Profesora y discusión en clase sobre las lecturas
Bibliografía:
Mayo, Viernes 26, 4-8 pm
Rubén H. Pardo. “Verdad e historicidad. El conocimiento científico
y sus fracturas” En: Díaz, Esther. La posciencia: el conocimiento
científico en las postrimerías de la modernidad. 1ra. Ed. Buenos
Aires: Biblos, 2000.
Treviño Moreno, Pedro. “Apuntes para una definición de la
modernidad” En: Zidane Zeraqui. Modernidad y Posmodernidad La crisis de los
paradigmas y valores. México, D.F.: Limusa, 2001. pp. 9-?
“El Malestar en la modernidad” En: Lyon, David. Postmodernidad. Madrid:
Alianza, 1996. Págs. 43-69.
Karl Marx, 18th Century Brumaire (traducción al español)
y el Manifiesto Comunista.
Molina Petit, Cristina. 2000. “Ilustración” En: Celia Amorós
(dir.). 10 palabras clave sobre Mujer. España. Pp. 189-216
Mayo, Sábado 27, 9 am – 1 pm
Zeraqui, Zidane. “La crisis de los paradigmas: por una nueva lectura de
la historia” En: Zidane Zeraqui. Modernidad y Posmodernidad La crisis de los
paradigmas y valores. México, D.F.: Limusa, 2001. Págs. 27-49
“Las formas de acción colectiva” Touraine, Alain. América
Latina Política y Sociedad. Págs. 97-130
Arendt, Ana. “Introducción” del Libro: La vida del Espíritu.
UNIDAD II: Independencia y Dependencia en América: Modernidad
Incompleta
• Modernidad y modernización en América
Latina: una modernidad incompleta
• Pensamiento político latinoamericano en el siglo
XIX: Organizaciones independentistas y creación de la nación
• Nacionalismo e integración latinoamericana
• Positivismo y liberalismo en América Latina:
la promesa de la libertad, el orden y el progreso
• José Martí: el redescubrimiento de la
identidad panamericana
• La mujer en el pensamiento latinoamericana
• Organizaciones femeninas y feministas de finales del
siglo 19 y principios del 20
• Los EEUU y América Latina: La construcción
de la dependencia. El destino manifiesto y la política hacia la región
latinoamericana
• La guerra fría y la polarización del
escenario internacional
Metodología de ésta unidad:
Conferencia de la Profesora, Presentaciones Orales de los/as estudiantes
y discusión en clase
Bibliografía:
Junio, Viernes 2, 4 – 8 pm
González Uresti, Luz Arali. “Crisis o continuidad paradigmática
en relaciones internacionales” En: Zeraqui, Zidane. Modernidad y Posmodernidad:
La crisis de los paradigmas y valores. México, D.F.: Limusa, 2001.
Págs. 51-75
Karin Weyland. Negociando la Aldea global con un pie “aquí” y otro
“allá”: La diáspora femenina y la transculturalidad como Alternativa
Descolonizadora. Santo Domingo: Universidad del Intec y la Academia de Ciencias
Dominicana, 2006, Capítulos 4 y 5.
Subirats, Eduardo. La modernidad truncada de América Latina. Caracas:
2001. (Cap. 4 pp. 51-70, Cap. 5 pp. 71-84, Cap. 6 pp. 85-89, Cap. 7 pp.
90-102, Parte II pp. 103-125)
Touraine, Alain. América Latina: Política y Sociedad. ( Cap.
1 pp. 35-55, Cap. 2 pp. 56-93)
Junio, Sábado 3, 9 am – 1 pm
Michiel Baud, “Manuel Arturo Peña Batlle y Joaquín Balaguer
y la identidad nacional dominicana” en Política, identidad y pensamiento
social en la República Dominicana (siglos XIX-XX), Raymundo González,
y etal, editores. Santo Domingo, Republica Dominicana: Academia de Ciencias
Dominicana, Págs. 153-179.
Pedro San Miguel, “Premodernidad, modernidad, y narración en Juan
Bosch” en política, identidad y pensamiento social en la República
Dominicana (siglos XIX-XX), Raymundo González, y etal, editores.
Santo Domingo, Republica Dominicana: Academia de Ciencias Dominicana, Págs.
239-252.
Raymundo González, “Hostos y la conciencia moderna en República
Dominicana”, en
política, identidad y pensamiento social en la Republica Dominicana
(siglos XIX-XX), Raymundo González, y etal, editores. Santo Domingo,
Republica Dominicana: Academia de Ciencias Dominicana, Págs. 95-104.
Lusitania Martínez, “Abigail Mejia y los inicios del movimiento
feminista dominicano” en política, identidad y pensamiento social
en la Republica Dominicana (siglos XIX-XX), Raymundo González, y
etal, editores. Santo Domingo, Republica Dominicana: Academia de Ciencias
Dominicana, Págs... 131-152.
Hartsock, Nancy. “La teoría feminista y el desarrollo de la estrategia
revolucionaria” En: Ziliah Eisenstein (ed.), Patriarcado Capitalista y Feminismo
Socialista. Madrid: Siglo XXI, 1980.
Petchesky, Rosalind. “Para terminar con la duplicidad: Informe sobre los
grupos marxistas-feministas 1-5” En: Ziliah Eisenstein (ed.), Patriarcado
Capitalista y Feminismo Socialista. Madrid: Siglo XXI, 1980.
Entrega de los resúmenes de las presentaciones orales de la Unidad
2, Sábado 3 de Junio, en clase
UNIDAD III: Contextos de cambio en el mundo contemporáneo.
• Modernidad y Posmodernidad: El debate de una crisis
• La posmodernidad: La critica de los fundamentos
• La critica del sujeto y de la ciencia: la crisis de
los paradigmas
• La reivindicación de lo diverso: los nuevos
temas, los nuevos sujetos, y los nuevos movimientos sociales. La crisis
de la política.
• El fin de la guerra fría y el debate sobre el
fin de la historia y el final de las ideologías.
• América Latina y la simultaneidad de los tiempos:
premodernidad, modernidad, posmodernidad.
• Feminismo de la igualdad y de la diferencia como precursores
del debate de la posmodernidad.
Metodología de ésta unidad:
Conferencia de la Profesora, Presentaciones Orales de los/as estudiantes
y discusión en clase de las lecturas
Bibliografía:
Junio, Viernes 9, 4- 8 pm
Ballesteros, Jesús. Postmodernismo: Decadencia o Resistencia. Tecnos
Editorial. Págs. 15-65 (Cap. 1 pp. 17-24, Cap. 2 pp. 25-34, Cap.
3 pp. 35-42, Cap. 4 pp. 43-53, Cap. 5 pp. 54-63)
“Postmodernidad: la historia de una idea” En: Lyon, David. Postmodernidad.
Madrid: Alianza, 1996. Págs. 17-41
Fox Keller, Evelyn. “La paradoja de la subjetividad científica”
En: Dora Fried Schnitman (comp.) Nuevos Paradigmas, Cultura y Subjetividad.
Buenos Aires: Paidós, 1998, pp. 148-182
Guattari, Félix. “El nuevo paradigma estético” En: Dora Fried
Schnitman (comp.) Nuevos Paradigmas, Cultura y Subjetividad. Buenos Aires:
Paidós, 1998, pp. 185-212
Junio, Sábado 10, 9 am – 1 pm
Pisano, Margarita. “Una ventana para respirar” En: Edda Gaviola y Lissette
González. Feminismos en América Latina. (2001)
Lovera, Sara. “Igualdad y diferencia” En: Conmujer, De igual a igual. México:
Marzo 2000, pp 39-44
Sendón de León, Victoria. “¿Qué es el feminismo
de la diferencia?
Entrega de los resúmenes de las presentaciones orales de la Unidad
3, Sábado 10 de Junio, en clase
UNIDAD IV: Democracia, crisis del estado y sociedad civil
• El estado nación y la crisis de la política
• Ciudadanía y democracia en América Latina
• Sociedad civil y democratización
• Poder, sujeto social y procesos políticos
Metodología de ésta unidad:
Conferencia de la Profesora y discusión en clase de las lecturas
Bibliografía
Julio, Viernes 7, 4 – 8 pm
Anisi, David “La crisis del estado de bienestar” En: David Anisi. Creadores
de escasez: del bienestar al miedo. Págs. 14-74
Iann, Octavio. “Las ciencias sociales y la modernidad-mundo” En: Castel,
Robert; Alain Touraine, Mario Bunge et al. Desigualdad y Globalización.
Buenos Aires: Manantial, 2001. Págs. 81-118
Carretón, Manuel Antonio. “Democracia y democratización:
teoría y procesos” En: Política y Sociedad entre dos épocas:
América Latina en el cambio de siglo. Rosario, Argentina: Homo Sapiens,
2000, pp. 65-91
Carretón, Manuel Antonio. “Sociedad civil y democratización.
Una ilustración” En: Política y Sociedad entre dos épocas:
América Latina en el cambio de siglo. Rosario, Argentina: Homo Sapiens,
2000, pp. 131-137
Nun, José. “El caso de América Latina”, Cap. XVIII, “Un balance
desdichado”, Cap. XIX, “Una idea y sus manifestaciones concretas”, Cap.
XX y “La democracia condicional”, Cap. XXI del libro Democracia ¿Gobierno
del pueblo o gobierno de los políticos? Madrid: Siglo Veintiuno.
pp.117-151
Julio, Sábado 8, 9 am – 1 pm
Zibechi, Raúl. “La izquierda uruguaya: de la hegemonía cultural
a la hegemonía política” En: En: Bernard Duterme (coord.).
Movimientos y Poderes de Izquierda en América Latina. Madrid: Editorial
Popular, 2005. pp. 123-128
Arruda Sampaio, Plinio. “Lula, un gobierno decepcionante para el movimiento
popular brasileño” En: En: Bernard Duterme (coord.). Movimientos
y Poderes de Izquierda en América Latina. Madrid: Editorial Popular,
2005. pp. 129-134
Touraine, Alain. “El fin de la ola liberal” En: Robert Castel, Alain Touraine,
Mario Bunge et al. Desigualdad y Globalización. Buenos Aires: Manantial,
2001, pp. 29-42
Capella, Juan-Ramón. “Globalización: una ciudadanía
evanescente” En: Nicholas C Burbules y Carlos Alberto Torres (coord.). Globalización
y Educación. Manual Crítico. Madrid: Editora Popular, 2005,
pp. 169-190
Entrega de Trabajo de Medio Término en base a preguntas sobre las
tres primeras unidades: Julio, Sábado 8, entrega en clase.
UNIDAD V: Globalización, exclusión y nuevos paradigmas
• Los efectos del neoliberalismo en Latino América
• Migración, nación y nuevas formas de
ciudadanía
• Nuevos sujetos sociales: Repensando el genero, la raza
y la clase
• Hacia una nueva pedagogía y construcción
del conocimiento
• El rol de las mujeres migrantes en la aldea global,
estrategias de negociación y resistencia
• Identidad y los nuevos movimientos sociales latinoamericanos
• Alianzas transnacionales y redes de solidaridad
Metodología de ésta unidad:
Conferencia de la Profesora, presentación de videos en clase y discusión
de las lecturas
Bibliografía:
Julio, Viernes 14, 4 – 8 pm
Castells, Manuel. “El fin del patriarcado: movimientos sociales, familia
y sexualidad en la era de la información” El poder de la identidad.
Alianza Editorial, pp. 159-269
Sader, Emir. “¿Son eficaces las luchas latinoamericanas contra el
neoliberalismo?” En: Bernard Duterme (coord.). Movimientos y Poderes de
Izquierda en América Latina. Madrid: Editorial Popular, 2005. pp.
73-79
Dos Santos, Theotonio. “De la resistencia a la ofensiva: el programa alternativo
de los movimientos sociales” En: Bernard Duterme (coord.). Movimientos y
Poderes de Izquierda en América Latina. Madrid: Editorial Popular,
2005. pp. 81-92
Ouviña, Hernán. “Zapatistas, Piqueteros y Sin Tierra. Nuevas
radicalidades políticas en América Latina” En: Bernard Duterme
(coord.). Movimientos y Poderes de Izquierda en América Latina. Madrid:
Editorial Popular, 2005. pp. 93-108
Blackmore, Jill. “Globalización ¿Un concepto útil
para la teoría del replanteamiento feminista y las estrategias en
la educación?” En: Nicholas C Burbules y Carlos Alberto Torres (coord.).
Globalización y Educación. Manual Crítico. Madrid:
Editora Popular, 2005, pp. 101-122
Sábado 15, 9 am – 1 pm
Alvarez, Sonia E. 1997. “Articulación y transnacionalización
de los feminismos latinoamericanos” En: Debate Feminista. Año 8,
Vol. 15. pp. 146-170.
Karin Weyland. Negociando la Aldea global con un pie “aquí” y otro
“allá”: La diáspora femenina y la transculturalidad como Alternativa
Descolonizadora. Santo Domingo: Universidad del Intec y la Academia de Ciencias
Dominicana, 2006, Capítulos 1, 2, 3 y Conclusión.
Gloria Anzaldúa, “La conciencia de la mestiza/ Towards a New Consciousness”
en Bordelands: La Frontera. San Francisco: Aunt Lute Books, 1987
Kellner, Douglas. “Globalización y nuevos movimientos sociales.
Lecciones para una teoría y pedagogía críticas” En:
Nicholas C Burbules y Carlos Alberto Torres (coord.). Globalización
y Educación. Manual Crítico. Madrid: Editora Popular, 2005,
pp. 211- 230
McCarthy, Cameron y Grez Dimitriades. “Globalización de las pedagogías.
Poder, resentimiento y re-narración de la diferencia” En: Nicholas
C Burbules y Carlos Alberto Torres (coord.). Globalización y Educación.
Manual Crítico. Madrid: Editora Popular, 2005, pp. 151-167
Entrega de Trabajo Final en base a preguntas sobre las dos últimas
unidades:
Julio, Lunes 24, 5 pm (entrega en la Oficina del Centro de Género)
METODOLOGIA Y EVALUACION
La metodología en clase es altamente participativa, aunque la profesora
expondrá los diferentes temas en forma de conferencia. Se espera
que los-as estudiantes asistan a clase con las lecturas previamente leídas,
y traigan comentarios y preguntas que sirvan como puntos de partida para
la discusión en general. En clase también se presentaran
diferentes videos, o partes de ellos, según el tiempo asignado, que
ayudaran a promover la discusión, entre ellos, “Congo Pa Ti: identidad
afro-latina en la cultura dominicana”, “Las Piqueteros”, “Vidas Paralelas:
Mujeres migrantes negociando la aldea global”, y “Afro-argentinos-as: El
estatus de las comunidades afro-descendientes en las Americas”.
La evaluación tomará en cuenta la participación en
clase de los-as estudiantes, elaboración de resúmenes de lecturas
asignadas y presentaciones orales de los-as estudiantes, además de
la presentación de dos ensayos, uno de medio término y otro
al final del curso, de acuerdo a preguntas elaboradas por la profesora.
El producto final de las presentaciones orales no está limitado a
presentar el material hablado, sino que también puede incluir teatro,
poesía, una canción, historietas, imágenes, video y
fotografías, o cualquier otro tipo de creatividad/educación
popular que nos ayude a explorar y comprender mejor el material, es decir
de una forma crítica y que rompa con los esquemas tradicionales pedagógicos.
Puede elaborarse en grupos de acuerdo a las necesidades del producto final
con previa autorización de la profesora.
Asistencia y Participación:
15
Resumen y presentación oral:
25
Trabajo de medio término:
25
Trabajo final:
25
Total
100
Resumen
del libro /Book´s summary:
“Negociando la aldea global con un pie aquí y otro allá”:
La Diáspora dominicana femenina y la transculturalidad como
alternativa descolonizadora
Autoría de Dra. Karin Weyland, Miembra de la Academia de Ciencias
Dominicana, Profesora del Area de Sociales del INTEC, Instituto Tecnológico
de Santo Domingo, y Catedrática del Departamento de Sociología
y Antropología de la Universidad de Puerto Rico, Recinto Río
Piedras.
Resumen
Este resumen describe las prácticas culturales y políticas
transnacionales de mujeres dominicanas que han migrado a la Metrópolis
de Nueva York a partir de los años setenta en un contexto de integración
cultural y económica. Analiza la forma en que han surgido las
comunidades transnacionales con el fin de crear alternativas a la globalización
“desde abajo” donde las mujeres se posicionan en una nueva sociedad civil
internacional, creando en el proceso nuevas formas de ciudadanía y
empoderamiento.
Los objetivos principales del libro son los siguientes:
Analizar la migración femenina dominicana a través
del fenómeno global/local--resultado del proyecto de modernidad/colonialidad
y la contiuación del mismo a través del neoliberalismo.
Definir el fenómeno de las nuevas comunidades
transnacionales en relación a nuevas dinámicas de poder comunitario,
principalmente la creación de una sociedad civil internacional, tomando
en cuenta e debilitamiento del estado-nación.
Definir la mujer latina/dominicana como nuevo sujeto
histórico desde una perspectiva de género transnacional crítica
con potencial de cambio social en las relaciones patriarcales de poder y
con el estado-nación.
Analizar los discursos de globalización, Latinidad
y transnacionalismo en base a la situación de la mujer Latina migrante,
el hogar transnacional y las nuevas prácticas políticas y culturales
que son la base de una nueva ciudadanía transnacional.
Preguntas de Investigación:
¿Cuál es la relación existente,
ya sea de contradicción o de retroalimentación entre estos
globalismos y localismos, particularmente desde una mirada de género
crítica?
¿De qué forma las mujeres migrantes participan
en los discursos sobre la globalización, el transnacionalismo,
la Latinidad, y los “viejos” y “nuevos” feminismos?
¿Cuál es la dinámica de las nuevas
“comunidades transnacionales” que hoy en día transitan las migrantes
dominicanas? ¿Podría considerarse esta movilización
parte de un movimiento social globalizado, visionario de una nueva cultura
de alianzas transnacionales desde la sociedad civil o la sociedad de redes
en respuesta al sistema colonial/moderno y la división del espacio
público/privado?
¿Es ésta una nueva forma de politizar
estos espacios y de crear nuevas formas de ciudadanía, y qué
lugar ocupa la mujer y las organizaciones de mujeres en esa nueva politización?
¿Cuáles han sido las respuestas de la segunda generación
y el estado-nación?
Antecedentes y Metodología:
La investigación de campo para este ensayo se realizó en la
comunidad de Washington Heights, Nueva York durante los años 1993
y 1994, donde realicé trabajo voluntario en el Centro de Desarrollo
de la Mujer Dominicana y conduje entrevistas a profundidad con mujeres migrantes.
Luego extendí la investigación a República Dominicana
en el 2005 y colaboré con las instituciones CIPAF (Centro para la
Investigación y Acción Femenina) y COPADEBA (Centro para los
Derechos Barriales). Durante estos años tome notas de campo
y fotografías que son parte de la metodología etnográfica
utilizada, y además trabajé con los archivos y fotografías
de Herbert Kriegger en el Museo Smithsoniano en Washington DC. Herbert Kriegger
fue un etnólogo que trabajó en República Dominicana
contribuyendo a la conformación de un transnacionalismo desde arriba,
es decir colonial, patriarcal, e imperial. Para actualizar la investigación
original viajé en el 2003 y 2004 a Nueva York y entrevisté
a los líderes comunitarios que había entrevistado previamente
y algunas mujeres migrantes, además de ponerme al día con las
actividades comunitarias más recientes, como por ejemplo la expansión
del Centro de Desarrollo de la Mujer Dominicana a Puerto Rico, y posiblemente
en un futuro a República Dominicana, además de enterarme de
los nuevos cargos políticos.
Introducción: La mujer latina, la migración y el fenómeno
de la globalización.
“Porque soy mestiza, continuamente me salgo de una cultura para entrar en
otra, porque estoy en todas las culturas al mismo tiempo, alma entre dos
mundos, tres, cuatro, me zumba la cabeza con lo contradictorio. Estoy norteada
por todas las voces que me hablan simultáneamente” GloriaAnzaldúa—La
Frontera/Borderland (1987).
Sin llegar a pertenecer completamente a la cultura dominante neoyorkina cuya
frontera se traza de forma imaginaria a partir de la Calle 96 en la Zona
Oeste de Manhattan hacia el “downtown,” la comunidad translocal de Washington
Heights vive con dinamismo su experiencia comunitaria transnacional, “transculturalizando”
las creencias y costumbres de ambos lugares, a veces en complicidad y a veces
en oposición. En la esquina de la Calle 181 y Saint Nicholas
Avenue—hoy denominada la Avenida Juan Pablo Duarte--mujeres dominicanas empujan
sus carritos con plásticos que cubren el rostro de sus niños
del frío y fundas de compra a los lados; otras venden habichuelas
dulces cerca de la parada del subway mientras más mujeres se desmontan
de los trenes con paso rápido hacia sus hogares para cocinar y atender
a sus familias luego de un día en la factoría, la oficina,
la casa de familia o el hospital; otras atienden a clientes en las tiendas
de telecomunicaciones, ropa o zapatos, en salones de belleza o restaurantes,
clientes que buscan la típica comida dominicana o que le planchen
el cabello al estilo “santo domingo” en un ambiente ameno y familiar, con
productos y sabores “locales”. Las tiendas de envío siempre
están llenas, las remesas alcanzando en 2004 un monto anual de 2 mil
millones de dólares que llegan a más del 30 por ciento de la
población en República Dominicana quiénes dependen de
esas remesas para subsistir .
En el contexto actual de una transculturalidad cotidiana, podemos afirmar
que las migraciones son producto de la nueva dinámica global/local
o “globalización.” Se entiende por “globalización” la
internacionalización del capital a nivel global, un fenómeno
que ha estado ocurriendo en las últimas cuatro décadas, liderado
por Estados Unidos y otros centros de poder como Europa y Japón desde
donde un grupo pequeño de companías multinacionales controlan
la tecnología, la producción y los mercados financieros . Algunos
autores se han referido a esta nueva restructuración de las economías
como “el nuevo orden mundial” (Frobel et.al. 1980), sin embargo un concepto
más revolucionario de la división internacional del trabajo
fue presentado por el sociólogo Immanuel Wallerstein (1974, 1979 y
1991) quién recurre a la división “Centro” y “Periferia” para
distinguir entre países “desarrollados” y “subdesarrollados”.
Esta teoría que divide a la “economía mundo” de acuerdo a los
proyectos de colonialidad/modernidad del siglo XVI permite estudiar los aspectos
socio-culturales de la globalización en que se fundamentan los discursos
coloniales/modernos, es decir el género, la raza y la comunidad nacional
(García Canclini 1989, 1995, 1996; Weyland 1999, 2001). Al parecer,
la misma exclusión contenida en los discursos de la globalización
y los procesos que la conforman le ha dado reconocimiento a los procesos
de resistencia y a los discursos identitarios, y ha arrojado grandes potenciales
de cambio social, cuestionando a su vez las bases en que el sistema económico
mundial se fundamenta. Una perspectiva socio-cultural, permite además
enfocarse en las migrantes como actores sociales con suficiente poder para
transformar la estrucura social; como veremos a continuación, la nueva
dinámica global/local ha contribuído a estos cambios.
Por ejemplo, así como las migrantes son afectadas por la integración
económica y cultural, legado del colonialismo imperial, ellas también
tienen un impacto en la creación de nuevos espacios identitarios y
nuevos proyectos político-culturales desde la conformación
de “comunidades translocales/transnacionales”. Llamadas “comunidades
translocales/transnacionales” son todas aquellas comunidades de migrantes
residentes en el extranjero que están organizadas social, económica
y políticamente a través de la frontera. Es decir, que
desde una localidad “al borde” las migrantes han desarrollado lazos fuertes
entre la vida social y la política municipal de la Ciudad donde residen,
y los pueblos de orígen, transcendiendo doblemente los bordes geográficos
y nacionales, de “aquí” para “allá” y de “allá” para
“aquí”. En el proceso, actuando desde estas comunidades las
migrantes también han establecido un precedente nunca antes visto
en cuánto a la formación de nuevos discursos, alianzas, e identidades,
que sirven como crítica tanto al pasado “tradicional” patriarcal como
al proyecto de “modernidad” excluyente actual. Este es el caso de la
mujer dominicana migrante que se ha trasladado hacia Nueva York (Weyland
1999), Boston (Levitt 2001), Puerto Rico (Duany 1995) y España (Gallardo
1995), ayudándola a redefinir los imaginarios locales y globales dados
por los proyectos del estado-nación y las relaciones internacionales
que éste dictaminaba. Entonces, en un contexto de translocalidad
entre el “aquí” y el “allá”, vemos que la mujer migrante participa
en dos procesos paralelos, interrelacionados y contradictorios, constituídos
por la vuelta a lo local, por un lado, y la pertenencia a la aldea global,
por el otro. Como veremos a continuación ambos están
redibujando la relación entre “lo local” y “lo global”, dándole
a la mujer más autonomía para actuar y decidir como relacionarse
con los mercados internacionales.
Paradójicamente, también se globaliza lo local y localiza lo
global, desplazando la idea de lo soberano y debilitando o influenciando
las políticas internacionales definidas exclusivamente desde un sistema
de poder patriarcal “tradicional” construído en base al ser nacional.
Este no se abandona pero se modifica con elementos de la “modernidad” al
asumir otro sistema de valores basado en la “transnacionalidad o transculturalidad”,
es decir, en los patrones culturales, sociales, y económicos que se
transmutan de una sociedad a otra, produciendo una “cultura híbrida”
o nuevo espacio de negociación localizado fuera del estado-nación
y de la cotidianidad nacional. Por un lado, entonces vemos que se da
la transformación del concepto de “comunidad” fragmentado ahora en
enclaves contestatarios de diferencia, negociación y resistencia que
reflejan una vuelta a “lo local” desde donde el sujeto actúa su transculturalidad
como alternativa a la pobreza, la exclusión y la discriminación.
Lo local se revaloriza al ponerse en perspectiva las culturas y conocimientos
subalternos ancestrales que se proyectan de forma “translocal”, es decir
de la comunidad hacia el mundo sin importar los límites territoriales
de la nación, asumiendo nuevos y múltiples significados dependiendo
hasta donde viajen y como lleguen (medios de comunicación, contacto
humano, llamadas de teléfono, enviós, remesas, redes sociales,
familiares, etc). Esta vuelta a “lo local” es contestataria y difiere
de la división del conocimiento actual que asocia lo “moderno” con
lo “global” y lo “tradicional” con lo “local”; esta es una definición
estática de la cultura que no coincide con las realidades sociales
de los flujos migratorios actuales.
Por el otro lado, también se da el surgimiento de nuevas identidades
culturales que se mueven a través de la fronteras y que transcienden
previas identificaciones con la comunidad imaginaria del estado-nación,
“globalizando” una ideología de consumo dominante cómplice
de las dinámicas capitalistas neoliberales y nociones hegemónicas
de “raza” y “género” mantenidas por el capital cultural privilegiado.
En conclusión, la nueva dinámica local/global ha transformado
el sentimiento de pertenencia a una comunidad local la cual ya no depende
de una identificación nacional con un territorio específico,
es decir al estado-nación, sino que se adhiere a una comunidad o aldea
“global”, por un lado, y a los procesos de supervivencia y resistencia “local”
de un barrio o comunidad “étnica” por el otro, conformándose
entonces en una comunidad transnacional.
Desde los años sesenta en adelante, el gran número de mujeres
migrantes ha ido cambiando la esencia de la migración, y millones
de Latino/Americanas se han movilizado hacia el Centro, es decir ha ocurrido
una “recolonización” o “Reconquista”, encabezada mayormente por mujeres
que por su circularidad entre Estados Unidos y Latino América, ha
revertido por primera vez el camino de “asimilación” de grupos “étnicos”
llegando a cuestionar las bases etnocéntricas del “sueño americano”.
Estos cambios a su vez nos han obligado a hacer una revisión de nuestro
enfoque sobre la migración hacia la Metrópolis, utilizando
como punto de partida el género y la “raza” de los sujetos versus
los procesos anteriores de “asimilación étnica”. Contrario
a la experiencia anterior del migrante, que se enfoca en el sujeto masculino
y que le lleva una a dos generaciones “americanizarse” y obtener el “sueño
americano”, las mujeres migrantes han obtenido una mayor inclusión
y participación en el mapa cultural y ecónomico de la economía
global desde la primera generación ya que además de insertarse
en la comunidad local receptora, en este caso Nueva York, han mantenido contacto
fluído con las comunidades de orígen, transformando el proceso
de asimilación. En su libro, Local Histories/Global Designs,
Walter Mignolo nos dice que “en la segunda mitad del siglo veinte el surgimiento
del colonialismo global, administrado por corporaciones transnacionales,
borró la distinción que era válida para las formas antiguas
del colonialismo y la colonialidad del poder. Ayer la diferencia colonial
estaba allí afuera, lejos del Centro. Hoy está en todas
partes, en las periferias del Centro y en los centros de la Periferia” (2000:ix).
En una nueva transculturalidad cotidiana, las mujeres migrantes han reconquistado
el espacio de la Metrópolis, fusionando el Centro con la Periferia,
y transformando a la vez el discurso dominante de Estados Unidos con respecto
a la migración y la etnicidad. Dada la relación excluyente
entre colonialidad/modernidad y desarrollo/estado-nación (Mignolo
2000), no es coincidencia entonces que la mayoría de los migrantes
actuales esté constituído por mujeres; mujeres que “son” y
“no son” de la nación, así como Latino América es y
no es del Occidente ya que ninguna de las dos se ha beneficiado completamente
del proyecto de modernización. Bajo el dominio del sistema patriarcal
y la expansión del capital global, ambas han sido desplazadas a los
márgenes del “desarrollo” y la acumulación de capital e imaginadas
como seres pacíficos o necesarios de “domesticar”. Veamos los
elementos históricos y los puentes económicos e ideológicos
que contribuyen a una diáspora femenina.
El Orígen de la diáspora femenina obrera y el transnacionalismo
“desde arriba”:
Durante la Ocupación de Estados Unidos en el país (1916-1924)
se conformó un imaginario social del Caribe en base a la alteridad,
es decir a la construcción del “otro dominicano”; el imaginario colonial
obedecía nociones occidentales de racionalidad y progreso, y la dicotomía
occidental entre “civilizacion” y “barbarie/primitivo”. La representación
de la mujer estaba limitada a objeto sexual de deseo, y siempre aparecían
inocentes, con muchos niños, mostrando su potencial educativo y civilizador,
paradas o sentadas, descalzas, frente a viviendas humildes, trabajadoras,
y sumisas. Imágenes como la de Herbert Kriegger legitimaron
la transferencia de una autoridad patriarcal a otra, es decir de la colonial
a la nacional (Ver foto 1).
Históricamente el lugar que ha ocupado la mujer dominicana en los
mercados locales y globales como mano de obra barata se debe a la relación
imperial/colonial que Estados Unidos ha mantenido con Latino América
y el Caribe. Esta relación colonial/imperial ha determinado
el transcurso, y algunas veces, el destino laboral de muchas mujeres obreras
mientras las clases criollas fueron favorecidas por la Colonia y la conformación
de las instituciones democráticas de la nuevas repúblicas.
En el ensayo, “Nuestra América”, José Martí ya nos había
advertido de la corrupción al interior de las nuevas repúblicas,
y su ensayo se convierte en un texto “fundacional” de la identidad nacional
y regional latinoamericana en oposición y en complicidad con Estados
Unidos (Laó Montes 2003). Aún basándose en el
proyecto modernista de desarrollo que articularon los intelectuales de esa
época, José Martí supo defender los derechos de los
“nativos” de América, campesinos, mujeres, negros e indígenas,
con la visión de establecer una democracia popular que le hiciera
frente al colonialismo y al imperialismo norteamericano emergente, y que
desarrollara un conocimiento Latinoamericano propio, como él mismo
escribió: “la universidad europea ha de ceder a la universidad americana”
y “nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra”. Pero
al estar arraigado en la corriente positivista que influyó su pensamiento,
es decir en la racionalidad y el progreso del s.XVI, el mismo Martí
se demuestra ambivalente cuando describe a las masas “incultas”, “tímidas”
y “perezosas” o al “criollo exótico”, debilitando su retórica
y proyección, las cuales se asemejan a los discursos de la época
que truncaron el desarrollo propio del Caribe y Latino América (Weyland
2004b).
En el caso dominicano, por ejemplo, la intervención norteamericana
a principios del siglo veinte llegó a impedir el desarrollo de un
sector industrial femenino que sólo logró expandirse con el
surgimiento de las Zonas Francas en la segunda mitad del siglo XX y con la
exportación de mano de obra barata femenina. Los procesos coloniales/imperiales
que se dieron antes de la incorporación de mujeres a las Zonas Francas
y en las factorías de Nueva York fueron resultado de políticas
públicas y de acuerdos entre el gobierno local y el gobierno de Estados
Unidos, representado en ese entonces por las fuerzas militares que tenían
intervenido el territorio dominicano. Este conjunto de políticas
se ocuparon sútilmente de mantener a la mujer como una miembra agregada
a los proyectos de desarrollo nacional. Posteriormente, durante la
dictadura de Leónidas Trujillo (1930-1961), la mujer dominicana fue
excluída aún más violentamente de los procesos sociales
y políticos de la nación, silenciando su contribución
por un lado, y delimitando las labores de las primeras “feministas” a labores
sociales. En su novela, In the Time of the Butterflies (1995) Julia
Alvarez relata el asesinato de las Hermanas Mirabal por su resistencia a
la ideología oficial trujillista. A pesar de esta situación
de represión y censura, algunos logros se consiguieron en el marco
de la dictadura de Trujillo, entre ellos el voto para la mujer. Sin
embargo, era notorio el carácter patriarcal de ésta primera
mitad del siglo XX, apoyado tanto por el gobierno ocupacional norteamericano
como las instituciones locales, cuya ideología se reflejaba especialmente
en el sistema educativo y en los sectores laborales de la mujer trabajadora
(Guerrero 1991). Debido a una fuerte división entre lo público
y lo privado, heredada de la visión educativa y religiosa del siglo
XIX, la labor de la mujer que trabajaba fuera del hogar todavía era
considerada una extensión del hogar, es decir, que a pesar de la transcendencia
de su trabajo en la economía nacional, éste pertenecía
al ámbito doméstico por sus características manuales
y de servicio y por lo tanto no era debidamente reconocido o remunerado.
A finales del siglo XIX y durante la primera mitad del siglo veinte, era
común que las escuelas enseñaran a las mujeres labores domésticos
que requerían destreza manual, como por ejemplo, cocinar, planchar,
limpiar y particularmente coser, limitando el futuro desenvolvimiento de
la mujer dominicana, en particular la mujer obrera . Además
de las instituciones gubernamentales, la iglesia católica también
dio un fuerte apoyo a ésta ideología de dependencia patriarcal
en cuánto a lo referente a la socialización y educación
de la mujer, sustentando tanto el régimen ocupacional como dictatorial.
Tan temprano como en el 1900, la industria textilera era el sector económico
más importante para la mujer dominicana que dominaba su fuerza de
trabajo con 5,332 trabajadoras de un total de 202,807 (Guerrero 1991).
Las obreras trabajaban en talleres de costura y comercios a pequeña
escala al igual que en talleres del estado que producían para la armada;
muchas más trabajadoras laboraban desde sus casas y aunque no tenemos
un número exacto, probablemente este sector era el sector laboral
más extenso en esa época, comparado quizás con el sector
femenino campesino y con las demás obreras quiénes tenían
una relación precaria con el mercado local.
A pesar del gran número de trabajadoras textileras, en talleres y
del hogar, el control norteamericano sobre las políticas de impuesto
durante los ocho años de ocupación truncaron el desarrollo
de la industria textilera dejando entrar productos manufacturados desde Estados
Unidos, entre ellos ropa, zapatos y carteras. Después del Acto
Impositivo del 1919 que permitió que Estados Unidos se convirtiera
en el exportador principal de productos industriales, la producción
local se redujo, desplazando la labor de muchas costureras. La subcontratación
de obreras que trabajaban desde la casa se convirtió en la forma dominante
de trabajo femenino en la industria textilera. Y mientras la producción
nacional fue desplazada más y más hacia el interior del área
doméstica, el hogar continuó siendo el sitio de producción
marginal, minimizando la importancia de objetivos nacionales de desarrollo,
en particular aquellos que beneficiarían a las mujeres como el fortalecimiento
de una clase obrera femenina. La organización de la fuerza laboral
de la mujer, centrada alrededor de una producción local y no de capital
extranjero fue bloqueada. Este proceso colonial/imperial contribuyó
aún más a la baja remuneración y a la inestabilidad
del trabajo de la mujer en ese entonces. Por otro lado, la reducción
de la producción en el sector nacional como resultado de las políticas
norteamericanas no sólo redujo las posibilidades de la organización
laboral del trabajo de la mujer sino que contribuyó a una crisis en
la producción en las primeras etapas de la industria textil manufacturera,
dejando abierta las puertas a la importación masiva de productos originarios
de Estados Unidos .
Además de éstos cambios estructurales, también hubo
serias transformaciones a nivel ideológico que tuvieron un impacto
en la educación formal de la mujer obrera y también en los
marcos de referencia a los que ella estaba expuesta en su trabajo y círculos
sociales. A principios de 1920, mientras la industria textilera sufrió
una baja en producción por la entrada masiva de productos importados
de Estados Unidos, el gobierno militar norteamericano reestructuró
el sistema educacional y los talleres de labores y costura pasaron a convertirse
en Escuelas Vocacionales para Señoritas. Según la normativa
de esa época, allí la mujer aprendía actividades tradicionales
como cocinar, planchar, y coser, y producía para el mercado internacional
al mismo tiempo, tanto desde las escuelas como de la casa . El gobierno
militar dio becas a jóvenes y construyó escuelas a través
del territorio nacional, fortaleciendo así la ideología educacional
dominante a través de la cual las mujeres eran instruídas en
labores femeninas y economía doméstica. Que la educación
formal de la mujer era una prioridad secundaria en el desarrollo nacional
del país estuvo claro en 1921, cuando la economía dominicana
entró en una grave crisis económica y una nueva ley estipuló
que algunas de las Escuelas Vocacionales fueran cerradas (Guerrero 1991:83;
1993). La cancelación de escuelas redujo aún más
las pocas oportunidades que quedaban en la industria textilera y la demanda
de mujeres profesionales que enseñaban en las escuelas, desplazando
a la mujer de la esfera laboral pública, que a su vez significaba
menores beneficios y organización.
En República Dominicana, durante ésta misma época, la
penetración cultural del Imperio materializada en la importación
masiva de productos estadounidenses y en la propaganda de los mismos tuvo
cambios profundos en los patrones culturales de los dominicanos y dominicanas,
sobre todo de las élites, quiénes se ajustaban a la idea que
“lo de afuera es mejor que lo local,” cambiando su gusto de la cultura europea
o europeísmo, que había dominado desde el siglo dieciseis hasta
el diecinueve, por la emulación de los estilos de vida norteamericanos.
Este cambio ideológico de cierta forma surge de los programas de ayuda
social por parte del gobierno de Ocupación y de los estilos de vida
propios de las familias de Estados Unidos dueños de plantaciones de
azúcar quiénes a menudo viajaban o vivían gran parte
del año en República Dominicana . Durante los años
1920, los productos de Estados Unidos, en particular aquellos asociados a
la moda, se convirtieron en los nuevos símbolos de estatus y prestigio
que sólo las élites transnacionales (extranjeras y dominicanas)
podían tener acceso. La propaganda estadounidense, representada
por frases como “¿Quieres ser un deportista?” o “¿Quieres ser
un campeón del buen gusto?” ser convirtieron en la referencia cultural
de muchos dominicanos y dominicanas (Citadas en Guerrero, 1991: 45).
Por primera vez, la moda fue introducida como un significador social que
distinguía las diferencias sociales entre los que vivían en
la ciudad y los que vivían en el campo y que no tenían acceso
a esos nuevos símbolos de poder . Por primera vez también,
el campo perdió el prestigio que anteriormente había tenido
debido a que había sido considerado siempre como la base principal
de la economía local, no tanto en base a las plantaciones de azúcar
que han estado mayormente dominadas por el capital extranjero, sino más
bien por la producción de tabaco, cacao y café. Esta
es una producción a menor escala que se ha dado principalmente en
la Región del Cibao y está caracterizada por una distribución
más democrática y equitativa de la tierra y de las ganancias
(Turits 1997) donde la mujer ha ocupado un rol principal en el cuidado del
conuco y la producción para consumo familiar y para el mercado local
.
La relación colonial/imperial entre el capital estadounidense y la
mano de obra femenina dominicana durante la primera mitad del siglo veinte
entonces tuvo grandes implicaciones económicas e ideológicas
para las mujeres quiénes se vieron incluídas en procesos globales
de dominación y al mismo tiempo excluídas de proyectos de desarrollo
nacional que le hubieran otorgado a la mujer una mayor participación
en mercados laborales locales y una mayor valorización de su trabajo
tanto a nivel local como global. Como resultado de ésta dinámica
transnacional “desde arriba”, los cambios estructurales en la economía
local truncaron la contribución de la mujer agricultora a la economía
familiar y a las nuevas economías de mercado local, obligándola
a abandonar el campo y a trasladarse a la ciudad . En su estudio
sobre la inserción femenina a mercados de trabajo, Marina Ariza determina
que la migración no es en sí misma una variable en la inserción
femenina laboral, ya que hay otros factores que inciden en el trabajo de
las mujeres como la edad, la inestabilidad marital y/o situación conyugal,
los hijos, la jefatura de hogar, y la educación, entre otros.
Sin embargo, en su estudio en las ciudades de Santiago y Santo Domingo, ella
llega a la conclusión que la migración “promueve una actividad
económica más intensa en las mujeres”, particularmente en mujeres
menos escolarizadas (Ariza 2000:205). Como otras autoras han señalado
(Fernandez-Kelly 1983; Arraigada 1992), el capital transnacional urbano atrae
el trabajo de la mujer por su bajo costo, despojando a las mujeres de sus
formas tradicionales de supervivencia e incrementan el número de ellas
en búsqueda de trabajo en sectores específicos como la industria
manufacturera o el servicio doméstico en zonas urbanas. Ya para
los años ochenta, cuando la economía dominicana entró
en recesión, se concentraba el 44 por ciento de la fuerza laboral
femenina en las ciudades, agudizando los problemas estructurales y laborales,
entre ellos, el subempleo y la expansión del sector informal.
A su vez, esta situación provocó la caída del ingreso
real de los trabajadores aunque compensada ésta por una crecida diferenciación
del ingreso urbano con el rural en más de un 70 por ciento (Ariza
2000). Entonces vemos que en base a las políticas ya establecidas
a comienzos de siglo, y como resultado de una penetración ideológica-cultural
del capital norteamericano imperial, el sector femenino de la economía
dominicana se ha organizado hacia el sector de servicio exportador, particularmente
las Zonas Francas, la agroindustria y el turismo, donde la migración
de la mujer ha jugado un papel importante a nivel económico y de movilidad.
Por otro lado, estos sectores se han convertido en los nuevos ejes del crecimiento
económico, desplazando las oportunidades de desarrollo local rural-urbano
y el prestigio que anteriomente tenía el trabajo en el campo.
A su vez, estos cambios tuvieron un impacto muy fuerte en las familias, incrementando
el anhelo, en particular de las mujeres, de trasladarse a las ciudades de
Santo Domingo y de Nueva York.
Mientras entre los años 1857 y 1929 en Estados Unidos, la migración
masculina de orígen Europeo superó a la femenina en todos los
años menos uno, a partir de los sesenta más de la mitad de
la migración ha estado constituída por mujeres (Houston et.
al. 1984). En el caso de República Dominicana, entre los años
1962 y 1994, la mujer dominicana migrante superó a su contraparte
masculino llegando a un promedio entre 50 y 60 por ciento por año
del total de migrantes durante décadas (Ver Tabla 1).
Tabla 1
Número de “inmigrantes” y su distribución en porcentaje por
sexo
Año % Distribución
por Sexo
Hombres Mujeres Hombres
Mujeres
1960 NA NA NA
NA
1961 NA NA NA
NA
1962 2,099 2,504 45.6
54.4
1963 4,662 6,021 43.6
56.6
1964 3,314 4,223 43.1
56.9
1965 4,290 5,214 45.1
54.9
1966 7,150 9,353 43.3
56.7
1967 4,709 6,805 40.9
59.1
1968 4,083 5,167 44.1
55.9
1969 4,845 5,825 45.4
54.6
1970 5,072 5,735 46.9
53.1
1971 5,963 6,661 47.2
52.8
1972 5,087 5,673 47.3
52.7
1973 6,570 7,371 47.2
52.8
1974 7,567 8,113 48.3
51.7
1975 6,639 7,427 47.2
52.8
1976 5,714 6,812 45.6
54.4
1977 5,191 6,464 44.5
55.5
1978 9,355 10,103 48.1
51.9
1979 8,868 8,651 50.6
49.4
1980 NA NA NA
NA
1981 NA NA NA
NA
1982 8,036 8,914 47.4
52.6
1983 10,086 11,250
47.3 52.7
1984 11,220 11,927
48.5 51.5
1985 11,503 12,284
48.4 51.6
1986 12,720 13,455
48.6 51.4
1987 11,860 12,998
47.7 52.3
1988 13,272 13,917
48.8 51.2
1989 12,827 13,896
48 52
1990 21,289 20,902
50.5 49.5
1991 22,184 19,219
53.6 46.4
1992 20,583 21,386
49 51
1993 21,942 23,477
48.3 51.7
1994 24,868 26,321
48.6 51.4
Exclusión e invisibilidad de la mujer migrante en los debates de
la globalización.
A pesar que casi el sesenta por ciento de la migración contemporánea
de orígen caribeño/latinoamericano está constituida
por mujeres (Tienda et. al. 1984), la ausencia de una visión de género
en las investigaciones sobre la migración se le puede atribuir a una
variedad de factores, pero en especial es causada por demógrafos y
economistas que ven a los y las migrantes como mano de obra barata y miden
la migración sólo en base a las oportunidades económicas,
sin embargo no ven a la mujer como un ente productivo capaz de dejar a su
familia para integrarse a mercados laborales “internacionales”, enfocándose
entonces en las contribuciones económicas de los varones migrantes
(Piore 1979; Tienda et.al. 1984). También se debe a que muchos
de los primeros estudios sobre la migración están basados en
el programa de braceros mexicanos entre 1940 y 1960, asumiendo entonces que
la mayoría de migrantes Latino/Americanos son de orígen mexicano,
masculinos y que vienen a Estados Unidos temporalmente. Otros estudios
(INSTRAW 1994) indican que encuestas realizadas a hogares migrantes influenciadas
por la perspectiva económica, no han tomado en cuenta la participación
de la mujer porque ven al hombre como el jefe de familia responsable por
tomar las decisiones económicas, y muchas veces en los Censos son
ellos los que responden por la familia entera. Estos enfoques, principalmente
el que prioratiza el factor económico como motivo para emigrar, invisibiliza
la participación de la mujer en las migraciones y no reconoce sus
contribuciones, aún en casos como el de República Dominicana
donde la migración femenina ha llegado al 60 por ciento del total
(Weyland 1999).
Para mejor entender la experiencia migratoria dominicana entonces es necesario
enfocarse en el estudio de la mujer y comenzar a visualizar que como resultado
directo de la migración, la mujer dominicana ha podido revertir muchas
de las imágenes que se tenían de la mujer en el siglo XIX y
comienzos del siglo XX, rompiendo con las relaciones coloniales/modernas,
y dando lugar a nuevos significados de su comportamiento laboral, familiar
y comunitario.
Al trasladarse a Nueva York, muchas mujeres migrantes han tenido oportunidad
de reflexionar y actuar sobre la problemática de género, emergiendo
como nuevos actores sociales en la creación de soluciones. Muchas
veces estas soluciones dependen de una nueva vida “al borde”, es decir transnacional,
la cual le provee de mayores libertades y logros personales. Otro cambio
directo de la migración ha sido que en Nueva York ha habido también
un aumento de la mujer como jefa del hogar; según estudios de Ramona
Hernández, catedrática de la Universidad de Nueva York CUNY,
el 38% de los hogares dominicanos en Nueva York está encabezado por
mujeres, factor que según la investigadora contribuye a la pobreza
de la comunidad dominicana en Nueva York . Sin embargo estas conclusiones
le restan importancia al rol que los hogares de jefas de familia han tenido
en la economía nacional y/o en el proceso migratorio. Como dice
Susan Brown (1972; 1977) en su estudio de familias de escasos recursos en
Santo Domingo, estos hogares proveen a la mujer de mayor flexibilidad y autonomía,
modalidades necesarias para desarrollar estrategias de supervivencia, tanto
en la familia no migrante como en la migrante.
La expansión del rol social de la mujer latina debido al traslado
o migración nos lleva a reflexionar sobre sus motivaciones para emigrar,
y podemos asegurar que la falta de visibilidad y reconocimiento de la mujer
históricamente, tanto en el plano familiar como laboral están
ligados directamente con el crecimiento de las migraciones de mujeres.
Los tres debates existentes sobre la globalización (alcance e inevitabilidad,
resistencia local y complicidad) presentados en la primera sección
de este ensayo comprueban que las mujeres han aprovechado la nueva coyuntura
global/local para romper con la dominación patriarcal tradicional
y con la colonialidad/modernidad del poder. La apertura cultural y
económica en los tiempos de globalización son en parte responsables
de estos cambios, favoreciendo no sólo el avance económico
de la mujer dominicana sino también su desenvolvimiento social
y crecimiento personal, no sólo a nivel individual sino también
comunitario como veremos en las imágenes siguientes.
Recurriendo a un nuevo capital social, es decir a los contactos de familiares
y amistades en el lugar de origen y de llegada, la mujer migrante ha creado
las redes necesarias para sostener un hogar transnacional, maximizando sus
recursos y ajustando los valores de aquí y de allá. Este
nuevo capital social y económico, sin embargo está acompañado
de mucho sacrificio e inestabilidad familiar. Sin embargo, muchas mujeres
ponderan la posibilidad de expandir sus oportunidades, como por ejemplo esta
mujer migrante explica las ventajas de vivir en una Ciudad “global” donde
siempre hay un flujo constante de trabajos, dinero y oportunidades para el
negocio y la vida transnacional:
En Nueva York siempre encuentro la forma de ganar dinero y eso me hace sentir
más independiente que mis hermanas en la República Dominicana.
Por ocho años he trabajado en el sector textilero, ya sea cosiendo
o limpiando hilos, y me he ganado un promedio de U$200 a la semana, en contraste
con 200 pesos a la semana si me hubiera quedado en la República Dominicana.
Además de eso, siempre estoy buscando algo extra para hacer, haciendo
comida para vender, o trayendo cosas desde “allá” para vender “aquí”,
o también administrando un sans entre amigos y conocidos. En
Nueva York el dinero aparece rápido, y hay más oportunidades
para ganar dinero tanto para los hombres como para las mujeres (Milagros)
Al igual que Milagros, muchas mujeres migrantes comentan sobre los beneficios
de trabajar en Nueva York y enviar remesas a su familia, haciendo rendir
más los salarios:
Siempre que podía, hacía dos tandas para cobrar el doble y
ganar más dinero para enviárselo a mi hermana para que pague
el colegio de mi hijo. Nunca lo hubiera podido enviar a un buen colegio
con el dinero que ganaba en la República Dominicana limpiando oficinas.
Allí ganaba en un mes la mitad de lo que yo le pagaba de escuela desde
“aquí” (María).
Como vemos, la migración amplía los roles sociales de la mujer,
es decir, el nuevo salario de la factoría ayuda a construir un nuevo
capital pero no cambia completamente los roles asignados a las mujeres ya
que muchas de ellas siguen haciendo los mismos trabajos y además asumen
el rol de administradora y proveedora del hogar. Lo que realmente cambia
es el valor que se le atribuye a las remesas y al trabajo que las mujeres
envían y hacen desde “allá”.
De esta forma, la mujer migrante ha traído muchos
avances a sus comunidades, tanto en Nueva York como en República Dominicana,
contribuyendo al desarrollo comunitario y la democratización de la
cultura y espacios públicos.
El deterioro de la economía neoyorkina para finales de los ochenta,
al igual que el incremento de la violencia debido a la expansión de
un mercado abierto de distribución de drogas, afectó la posición
de la mujer quién se había ganado un nueva valorización
de su trabajo en la factoría, y ahora tenía que asumir otro
tipo de trabajo en el área de servicios, mucho más competitivo,
o enfrentarse al desempleo y la ayuda social; el incremento de embarazos
de adolescentes también fortaleció los lazos de mujeres jóvenes
al estado del cual recibían cupones y cheques de la Oficina de Ayuda
Social.
De esta coyuntura económica y política, nace la idea en los
ochenta de crear un Centro para el Desarrollo de la Mujer Dominicana, fundado
y dirigido desde 1988 por la líder comunitaria Rosita Báez
para mejorar la calidad de vida de la mujer en Washington Heights, como ella
expresa: “El Centro es un proyecto que se lleva a cabo en los hogares de
las mujeres de Washington Heights.” Politizando la esfera privada y
rompiendo con la división colonial/nacional de lo público y
lo privado, Rosita valora el “hogar” como espacio contestatario donde
la mujer migrante acumula las preocupaciones de la vida cotidiana.
Otra colega de Rosita Báez, Antonia Cruz nos cuenta: “Necesitábamos
un lugar donde compartir como compañeras y amigas y donde pudiéramos
discutir la situación en que muchas mujeres vivimos. Eramos nueve
mujeres que nos reuníamos para decidir que tipo de organización
queríamos fundar y en que dirección queríamos ir.”
Antonia nos explica que muchas organizaciones orientaban sus preocupaciones
hacia Santo Domingo y ellas querían un “lugar” para “abordar la crianza
de hijos e hijas en Nueva York, y enfrentar los problemas que significaba
ser Latina, negra e inmigrante.” Los testimonios de la mayoría
de las líderes comunitarias femeninas demostraron, más que
los hombres, una sensibilización por temas de la identidad, en particular
el “ser mujer migrante” como expresa Rosita:
Las mujeres inmigrantes están obteniendo más oportunidades
en este país; creo que esto es un fenómeno histórico
sujeto a una realidad económica ya que la economía de Estados
Unidos está organizada alrededor de la mano de obra barata.
Nuestras mujeres proveen eso, pero en el proceso también hay un empoderamiento
porque ellas logran su independencia económica y una mejor educación.
Sin embargo, hay un gran número de mujeres que están oprimidas
y que son explotadas, como por ejemplo en las factorías, en los restaurantes
y las que trabajan atendiendo personas en las casas. Estos trabajos
tienden a pagar muy poco y tienen muy pocos beneficios (Rosita Báez).
El ser “mujer migrante” en la Ciudad de Nueva York, como afirma Rosita Báez,
es ventajoso pero implica mucho sacrificio. Por lo tanto, podemos concluir
que empoderamiento de la mujer que resulta del proceso migratorio trae consigo
rasgos de opresión y explotación que sólo cambiando
el sistema actual desde abajo, es decir descolonizando el proyecto de modernidad/colonialidad,
podremos superar y alcanzar una visión más humana del desarrollo
y la convivencia entre comunidades y naciones.
Dado lo expuesto anteriormente, veamos como relacionamos lo logros de la
mujere migrante, es decir su nuevo capital económico y social, y los
aportes que ha hecho a sus comunidades de origen y destino con el movimiento
feminista. ¿De qué forma han contribuído las mujeres
migrantes a los “viejos” y “nuevos” feminismos? En lo que refiere a
la categoría de género, hablar de un feminismo “global” o “nacional”
ha traído numerosos cuestionamientos a la validez del movimiento de
mujeres, prefiriendo las mujeres identificarse con los feminismos locales,
de la misma comunidad o barrio, por ejemplo, así como prefieren identificarse
con las identidades que mejor reflejen sus experiencias diarias, ya sea ésta
“latina”, “negra”, “índigena” o “mujer migrante”. Como crítica
a Robin Morgan, autora de Sisterhood is Global (1984), Amrita Basu en su
libro, The Challenge of Local Feminisms, argumenta que los movimientos de
mujeres son producto de las influencias globales y locales, más que
de políticas de desarrollo y modernización negociadas entre
organismos internacionales y los respectivos gobiernos, y que a pesar que
la mayoría de los feminismos han estado dirigidos por mujeres de clase
media, particularmente en Latino América (Bose y Acosta-Belen 1995;
Saffa 1995b), hay muchas mujeres de bajos recursos que han participado en
activismo comunitario de base y redes de solidaridad internacional que hoy
día constituyen movimientos de mujeres sólidos y resistentes
y que han contribuido enormemente a los encuentros de mujeres locales y de
conferencias globales al igual que son parte de proyectos nacionales de desarrollo,
particularmente a partir de la década de los ochenta con la ayuda
financiera de organismos internacionales que han institucionalizado y burocratizado
muchos de estos esfuerzos de base como parte de políticas de desarrollo
nacional (Basu 1995:2). La misma autora distingue al feminismo, a veces
prejuiciado por sus perspectivas nacionales y de clase, de las luchas de
resistencia de mujeres y define a los “movimientos sociales de mujeres” como
una gran variedad de luchas en contra de la desigualdad de género,
que pueden ser locales o nacionales, afiliados a partidos políticos
o no, a movimientos nacionalistas/dictatoriales o no, de corta o larga duración,
y que pueden constituirse en coaliciones de varias clases o de una base social
más estrecha, o de redes informales (Basu 1995:3-10), como el caso
de los movimientos sociales identitarios de las Madres de Plaza de Mayo en
contra de la dictadura argentina. En el caso de las mujeres Latinas/dominicanas
en Nueva York, las luchas de resistencia comunitaria a partir de las políticas
implantadas por las instituciones públicas como la Policía,
la Oficina de Ayuda Social y la Oficina de Inmigración, han sido quizás
los feminismos locales más fuertes en la comunidad de Washington Heights.
Debido a su especificidad histórica y a su contexto comunitario, los
movimientos locales de resistencia de mujeres latinas/dominicanas generalmente
reconocen la heterogeneidad y la diversidad que no ofrecen los feminismos
globales, dando paso a una transformación “desde abajo”. Ya
las mismas mujeres migrantes encuentran difícil separar lo subalterno
de lo local, y mientras no pueden escapar la inevitabilidad del proceso de
dominación colonial/moderno, si pueden transformar sus luchas sociales,
adaptando, rechazando o integrando los diseños globales a sus agendas
locales, y aumentando así sus formas de participación y visibilidad.
Como mujeres migrantes, este proceso se facilita aún más por
la movilidad inherente a las comunidades transnacionales, convirtiéndose
el traslado o la movilidad en una estrategia viable de descolonización
que trasciende los procesos soberanos del estado-nación.
Las estrategias de descolonización, particularmente la flexibilidad
entre el “aquí” y el “allá” dan paso a la acción solidaria
transnacional a través de la cual las mujeres migrantes expanden sus
roles y redes sociales, mientras que los envíos, las llamadas y visitas
frecuentes, y la vida “entre dos mundos” en general comienza a imponerse
como “un bolsillo de esperanza”. Las nuevas formas de pensar en la
supervivencia familiar incluyen el reuso, la recategorización, y la
deterritorialización de los discursos dominantes, posicionándose
entonces en contra de las estructuras rígidas de la nación
y la modernidad. La “cultura mundo” de Wallerstein debe hacer lugar
a la intensificación de “lo local” y a las luchas políticas
localizadas, aún cuando estas representen un nivel primario de agencia
o empoderamiento colectivo, quizás hasta segregado y fragmentado pero
con potencial para coaliciones regionales y agendas transnacionales lideradas
por organizaciones y movimientos supranacionales. En algunos países
como México, ya están trabajando estas alianzas descolonizadoras
entre residentes mexicanos en Estados Unidos y los gobiernos federales y
municipales para avanzar las necesidades de una gran parte de la población
mexicana que colabora con organizaciones y federaciones de mexicanos/as residentes
en Estados Unidos. En la conclusión hago algunas recomendaciones
sobre la dirección en que las instituciones dominicanas a ambos lados
de la frontera pudieran encaminarse para el beneficio tanto de las comunidades
migrantes aquí y allá y para potencializar el capital social
y los nuevos espacios de empoderamiento ya conquistados por las mujeres,
particularmente si vemos a la migración como un “nuevo” movimiento
social de mujeres.
Conclusión.
Para concluir, quisiera resaltar el impacto de la diáspora femenina
y las ventajas de una visión de género transnacional sobre
la migración:
Participación de la mujer en un sistema transnacional
socio-cultural y maximización de recursos a través de las fronteras,
particularmente en términos de residencias, negocios y una mejor calidad
de vida.
Mayor participación de la mujer en la migración
y en las luchas comunitarias—encargada de la reunificación familiar
y el proceso migratorio.
Mayor visibilidad de la mujer migrante y valorización
de su trabajo a nivel local y global
Politización del ámbito doméstico
y comunitario—estrategias de supervivencia y creación del “hogar transnacional”.
Alianzas transnacionales a nivel familiar/comunitario
con potencial de cambio social, para dar lugar a una sociedad civil internacional.
Reconceptualización de la ciudadanía, desde
abajo y fuera de la nación, y conformación de un nuevo capital
social y económico.
Afirmación del transnacionalismo, es decir de
los “procesos a través de los cuales migrantes forjan y sostienen
relaciones sociales múltiples que unen sus sociedades de origen y
de llegada, integrando dos idiomas, dos hogares y dos sistemas políticos,
contribuyendo a ambos lados de la frontera”.
Además quisiera concluir con un listado de los desafíos al
fortalecimiento de la
comunidad transnacional, aquí y allá, y algunas recomendaciones:
Desafíos: