Presentación del libro,"Negociando la aldea global con un pie aquí y otro allá"
de Karin Weyland
en la Universidad de INTEC
en la Feria Internacional del Libro, República Dominicana, Mayo 2006 y
en la Librería La Tertulia, Puerto Rico, Diciembre 2006.


Book Presentation, "Negotiating the Global Village with a Foot Here and the Other One There"
By Karin Weyland, at the INTEC University in the International Book Fair, Dominican Republic, May 2006 and at the La Tertulia Library, Puerto Rico, December 2006.


(bilingual, Spanish and English text)
 
libro  libro negociando la aldea global con un pie aqui y otro alla

La Doctora Karin Weyland presentó su libro
"Negociando la Aldea Global con un pie aquí y otro allá: La diáspora femenina dominicana y la transculturalidad como alternativa descolonizadora" en la Universidad del INTEC en el contexto de la Feria del Libro y posteriormente en la Librería La Tertulia auspiciada por el Departamento de Sociologia y Antropologia de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Rio Piedras.  / Dr. Karin Weyland presented her book titled "Negotiating the Global Village with a foot here and the other one there: Women´s Diaspora and Transculturality as a decolonizing alternative" at INTEC University in the context of the Book Fair and later on in La Tertulia Library sponsored by the Department of Sociology and Anthropology from the Social Sciences School from the University of Puerto Rico, Rio Piedras Campus.
 
La Doctora Karin Weyland es socióloga y artista visual; tiene un Doctorado de la Universidad de la New School For Social Research de la Ciudad de Nueva York (1999), y ha recibido becas de la OEA (Organización de Estados Americanos) y de la Fulbright para su investigación sobre la mujer dominicana y la migración trasnacional.   Es autora de varios artículos y ensayos fotográficos publicados en revistas académicas como Estudios Sociales (1996; 2001) Ciencia y Sociedad (2004) , Revista de Ciencias Sociales (2000) de la Universidad de Puerto Rico y Hopscotch: A Cultural Review (2000) de Duke University.   También ha contribuido a la publicación de libros tales como La República Dominicana en el Umbral del siglo XXI: Cultura, Política y Cambio Social publicado por la Pontificia Universidad Católica de Santo Domingo (1996), Mujeres Transformando la Vida, publicado por la Universidad de Costa Rica (2001), Transnational Perspectives: Dominican   Migration, publicado por la editora de la Universidad de la Florida (2004), y Miradas Desencadenantes: Los Estudios de Género en la República Dominicana al Inicio del Tercer Milenio , publicado por el Centro de Estudios de Género de la Universidad del INTEC (2005).  En el año 2001 fue co-directora de la Sección de Género y Estudios Feministas de LASA (Asociación de Estudios Latinoamericanos) y ha filmado varias producciones documentales de video tales como, "Válvulas que dan vida" (2002), "Congo Pa' Ti: identidad afro-latina en la cultura dominicana" (2004), "La obra social del Cenife" (2005) y "Vidas Paralelas: Mujeres migrantes negociando la aldea global" (2006).   Además ha exhibido su trabajo fotográfico en exposiciones colectivas e individuales en el Centro de Arte y Cultura Latina de New Brunswick (1998; 2004), Eli Marsh Gallery, Massachussets (1999), Galería Guérnica (2002), Casa de Teatro (2003), y el Museo de Arte Moderno de Santo Domingo (2004).   Actualmente, la Doctora Karin Weyland es Catedrática del Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras y miembra de la Academia de Ciencias Dominicana.

 
El Nuevo Día
La Revista
Domingo, 15 de octubre de 2006


Una mirada feminista al éxodo dominicano
Por Jorge Duany

La migración vista como alternativa descolonizadora
Weyland, Karin. Negociando la aldea global con un pie "aquí" y otro "allá": La diáspora femenina dominicana y la transculturalidad como alternativa descolonizadora. Santo Domingo: Instituto Tecnológico de Santo Domingo, 2006. 319 pp.


Este libro se propone demostrar que el éxodo masivo de mujeres dominicanas constituye una especie de transnacionalismo "desde abajo". Según la autora, muchas mujeres desafían la opresión femenina en la República Dominicana y desarrollan relaciones más igualitarias en Estados Unidos. Para Karin Weyland, la emigración representa "la oportunidad de resistirse a las estructuras y valores impuestos por la sociedad dominante y explorar nuevas formas de ser mujer, esposa y obrera en un mundo globalizado". Uno de los temas recurrentes del texto es precisamente cómo las migrantes renegocian su posición marginal dentro de espacios públicos y privados atravesados por la globalización. La tesis de Weyland es que la migración es una "alternativa descolonizadora" porque permite a miles de trabajadoras "resistir y sobrevivir los efectos de la globalización, organizando sus vidas alrededor de más de dos sistemas sociales, económicos y políticos y dando curso a identidades y lugares múltiples". Si bien la autora reconoce que la relocalización podría generar tensiones emocionales y familiares, insiste en sus beneficios económicos, sociales y políticos, como la ampliación de las oportunidades laborales, la autonomía en el hogar y el apoderamiento comunitario. El libro sugiere que el desplazamiento físico es una importante vía de movilidad ascendente para numerosos sujetos subalternos, particularmente las mujeres pobres.

El análisis de Weyland combina tres marcos teóricos básicos. Para empezar, la autora se enfoca en la condición socioeconómica de las trabajadoras dominicanas en Nueva York desde un ángulo feminista. Aquí parte de la premisa crítica de que "el concepto de mujer se ha asociado demasiado tiempo con la experiencia de la mujer blanca, anglosajona/europea y burguesa". Segundo, Weyland aborda el fenómeno migratorio desde una perspectiva transnacional para examinar los múltiples lazos sociales, económicos y políticos entre República Dominicana y Nueva York. Por último, la autora asume una postura poscolonial para interpretar cómo las migrantes dominicanas cuestionan la desigualdad genérica, racial y étnica en sus vivencias cotidianas. En este contexto, invoca la expresión "colonialidad del poder", acuñada por Aníbal Quijano y elaborada por Ramón Grosfoguel y Agustín Laó, para subrayar que las relaciones "coloniales" persisten aún después de desaparecer el colonialismo formal.

El trabajo de Weyland es el producto de más de una década de investigación sobre la diáspora dominicana. Este proyecto comenzó en 1993 en Washington Heights, el vecindario de Manhattan con la mayor concentración de dominicanos fuera de su país. Inicialmente la autora participó en un estudio auspiciado por el Hospital Presbiteriano de Columbia, donde entrevistó a más de 50 familias dominicanas. Luego pasó a laborar voluntariamente en el Centro de Desarrollo de la Mujer Dominicana, una de las principales organizaciones de la comunidad dominicana de Nueva York. Allí entrevistó a fondo a 40 mujeres migrantes, quienes proveyeron la principal base de datos para su tesis doctoral, sometida a la New School for Social Research en 1999. Finalmente, durante los años 2003 y 2004, entrevistó a líderes comunitarios dominicanos en Nueva York. En conjunto, completó cientos de entrevistas, notas de campo y fotografías en blanco y negro, una muestra de las cuales aparece en el libro.

Una de las hipótesis centrales de Weyland se refiere al "dinamismo y politización de nuevos espacios de resistencia en los flujos migratorios actuales, constituidos mayormente por mujeres". Los datos recopilados, especialmente las historias de vida de seis dominicanas residentes en Nueva York, tienden a apoyar esa hipótesis. Según la autora, "todas ellas, desde 'aquí' o desde 'allá', han creado una red de capital social que facilita los flujos de ideas, productos, dinero y oportunidades entre República Dominicana y los Estados Unidos". En Nueva York, muchas dominicanas encuentran empleos más estables y mejor remunerados que en su país (aunque hayan declinado drásticamente los empleos manufactureros en aquella ciudad desde la década de 1970). Tales oportunidades laborales les permiten asumir el papel de principales proveedoras y jefas del hogar, estén o no presentes sus maridos. Como señala Weyland, "una mayor flexibilidad y libertad en la toma de decisiones le ha[n] dado a la mujer migrante un mayor reconocimiento en el ámbito familiar y comunitario". Aquí la autora se alinea claramente con estudios previos sobre el impacto emancipador del trabajo asalariado entre las dominicanas residentes en Estados Unidos y Puerto Rico, particularmente los ensayos de Patricia Pessar y Luisa Hernández Angueira.

En síntesis, el libro de Weyland plantea asuntos clave para el análisis sociológico de la globalización, la migración laboral y la liberación femenina. 'Negociando la aldea global' se inserta hábilmente en los debates contemporáneos sobre esos temas desde una postura feminista, transnacional y poscolonial. El texto se basa en un sólido y extenso trabajo de campo, una participación activa y un firme compromiso con las luchas sociales y políticas de la comunidad dominicana en Nueva York. La autora concluye que el transnacionalismo "desde abajo" es "un espacio emergente de contestación" que frecuentemente promueve los proyectos de los sectores subalternos, especialmente las mujeres trabajadoras. El problema pendiente para investigaciones futuras es evaluar hasta qué punto ese espacio emergente puede subvertir el orden establecido para lograr "una vida planetaria más democrática, plena y segura". Independientemente de la respuesta, este libro articula las interrogantes de manera aguda, elocuente y bien documentada.

El autor es Director y Catedrático del Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. Su último libro se titula "The Puerto Rican Nation on the Move: Identities on the Island and in the United States" (2002).



Imágenes del libro, "Negociando la aldea global con un pie aquí y otro allá":




Caricatura del Presidente Leonel Fernández


 



Imágenes de los archivos de Herbert Kriegger del Instituto Smithsionano en Washington DC donde la doctora Karin Weyland estuvo haciendo investigación de archivo sobre la colecciones norteamericanas del Caribe.  



Index of Karin Weyland´s book / Index del libro de Karin Weyland

•    Acknowledgements
•    Prologue
•    Introduction and Methodological Note
•    Chapter One: The decolonization of migration and the new local/global paradigm
o    Latina women, migration and globalization
o    Exclusion and invisibility of migrant women in globalization debates

•    Chapter Two: Negotiating the Global City from the Local: “Nueva Yol” and transculturation as a space of resistance
o    Decolonizing Science and the Metropolis from a Trans/Latina Dominican identity
o    The “reconquest” of the Twentieth century: Images and realities from our “Nueva Yol”
o    Washington Heights as a place of transculturation
o    Assuming a transnational identity: Community action and leadership as a basis for “public” social capital
o    Community activism and migrant women as visionaries of transnational alliances

•    Chapter Three: Local/Global Identity Politics and migrant women as new social actors
o    The Transnationalization of migrant networks and the “new” social capital
o    “Social Capital” versus “Financial Capital” and the expansion of a supranational citizenship
o    Decolonizing economic, social and cultural practices of the nation-state through market and family contexts

•    Chapter Four: Transnationalism “from below” and its advantages in a colonial/Imperial relationship
o    Transnational migration and political and economic relations between the Dominican Republic and the United States
o    Origins of a Transnationalism “from below” in the socialization and feminization of the Latino/American nation-state
o    The coloniality of power and the latinization of transnational migration

•    Chapter Five: Transnationalism “from above”: its causes and origins seen from a poscolonial feminist perspective
o    The imperial/colonial discourse of U.S. photography during the nineteenth and beginning of the twentieth century
o    The origin of a working-women´s diapora and transnationalism “from above”

•    Final Conclusion: Lessons for the U.S. and Latino/América from a Trans/Latina Feminist perspective

•    Bibliography

Summary of the Book by Chapter

In the first Chapter I analyze the main debates of globalization and their impact on the “global” and the “local”.  It seems that the new global/local dynamic opens the door to emerging identities and social movements that in turn take a critical stance towards the state and the project of modernity, decolonizing existing power relations.  In this way, we need to look at the relationship between nation, citizenship and new gender, racial and class identities that expose migration as a social change project headed by new social actors who were previously excluded from the contemporary political system, or “world-system” as expressed by Immanuel Wallerstein.  Addressing the latest debates on gender and migration from the perspective of identity politics and the rising of social movements vis.a.vis globalization and the participation of Latino/American women in these debates, the first Chapter focuses on the politicizing of new spaces of resistance in current migratory flows, constituted mainly by women, displacing the economic factor as main motivation for emigration.  It becomes clear in this first chapter, and throughout the book, that transnationalism goes beyond looking at migration as a simple cheap labor/capital movement between nations and perceiving migrants as victims of poverty and international relations, who instead are seen as social actors with social and political agendas.            

    The second Chapter comprises an ethnographic study of the Dominican community in Washington Heights, New York, during the nineties and here I describe several types of transnationalism at the economic, political and social level.  The ethnography focuses on the transnational practices of the first generation, exploring whether the second and third generations will continue the same transnational patterns that their parents started.  It faces the problems of Latina youth who have limited access to local labor markets and become involved in practices of resistance and accommodation according to their age, such as youth pregnancies and gang involvement, cultural patterns that also become transnationalized.  Guided by the dominant value system back in the Dominican Republic, parents choose to participate in both societies even when their decisions do not go accordingly to the values and preferences of the second generation, giving rise to generational tensions and lack of community leadership.  On the other hand, this Chapter erases the myth that transnationalism is an impediment for the incorporation of migrants to a U.S. way of life.  Particularly interesting is to see how Dominican politicians in New York build their careers over “there” to have political influence over “here”.  At the same time, a transnational perspective stands in opposition to the politics of Balaguer, analyzed in Chapter Four, of centralizing authoritarian power with respect to state and migratory issues, delaying the passing of law that regulates migration and instead falling onto implicit policies between the Dominican Republic and the United States, a legacy that until this date has been difficult to change, regardless of current President Leonel Fernández speeches and conferences. 

    In the Third Chapter I describe the experiences of migrant women workers who live between New York and the Dominican Republic, and I analyze Dominican women´s market options in the new global economy, particularly their entrance into Free Trade Zones and sweatshops in New York City, both processes seen as part of the U.S. imperial legacy, and the formation of a periphery neoliberal government.  In this Chapter I also explore the benefits of transnationalism “from below” and from a gender perspective, focusing on the construction of “social capital” and the social networks of migrant women.  It particularly addresses the impact that Latina women have had in the cultural democratization of Dominican social classes, based on the new valorization of women´s work, their incorporation into U.S. labor markets, and their remittances.  A “transnational home” takes on a new meaning since it is in within the “domestic” space that most social and political struggles are played out, as well as from community or grassroots organizations.  In both spaces migrant women take advantage of their new “social capital” and participate actively in producing social change.  Transnational networks from the “home” and the “community” point to a new direction for global capitalism, and I particularly emphasize the rupture between public and private divisions, the return to the “local community”, and the role of women in defining a “supranational” citizenship, all characteristics that would fit Manuel Castells´definition of the steps necessary for a transformation from an “identity of resistance” to a “project identity” (Castells 1997:8).        

    Chapter Four advances the thesis that only through the study of transnational communities, and the role of women in them, may we arrive at a closer reading of these realities, and gain a better understanding of their impact in the staging and politicizing of new emerging spaces of empowerment.  A transnational perspective on migration and the participation of Latina women in the global economy, brings about a new visibility to women´s work and their transnational home, contrary to the politics of ex-president Joaquín Balaguer who distanced the contributions of migrants from projects of national development and public policies in order to stop any mobilizing effect that the Diaspora could have on society in general, and in particular to the nation-state status-quo.  The high number of U.S. tourist visas issued to Dominicans for decades, brings into clarity the colonial relationship between the U.S. labor market and the number of Dominicans emigrating to the United States, exceeding national quotas, not only of residents but also of “tourists”.  A transnational perspective on migration, furthermore, with a historical and contemporary account of “mestizaje” and the formation of the nation-state, and the role of women in these projects, reveals the “ideological” and “economic” bridges of migration even before its onset during the sixties and the benefits of this phenomenon in a transnational agenda “from above”.  Chapter Four also provides a literature review on migration and transnationalism, based on what has been written about the Dominican Republic, “here” and “there”, and identifies the main debates on transnational migration, race, nation and a Latino/a identity, from a poscolonial perspective, that is, taking into consideration the Euroamerican imperial legacy and the origins and advantages of transnationalism. 

Reading into the colonial discourses of the United States and through the interpretation of the work of ethnologist Herbert Kriegger whose photographs and writings of his arqueological surveys I researched at the Smithsonian Museum, the Fifth Chapter analyzes the role of the U.S. military Occupation and its impact on the education and socialization of working women in the beginning of the twentieth century.  Much the same way chronicle writers described and photographed the “exoticism” and the “innocence of elegant primitive women and naked children” reinvindicating a “stable version of the imperial macho”, Kriegger uses the camera through which “modern rationality” became “imperial domination”(Díaz Quiñones 2000:204-206).  Within a Puerto Rican context, this same author writes, “to occupy a territory, photograph the sceneries and the cities, serve as a spy, and write chronicles were in 1898, all different moments of the same project” (Díaz Quiñónez 2000: 204-206).  Between the years of 1920 and 1940, Kriegger assumed the role of chronicle writer in the Dominican Republic, and with his camera and research, he exposes Dominican people to the colonial gaze that later on would determine many of the social and economic decisions between both countries, such as the reinforcement of the patriarchal system that followed nineteenth century Catholicism and the transnationalization of capital that unified local markets, opening a door to what today we know as “globalization”.  Working directly for the Secretary of Agriculture, of which depended the National Museum of Natural History of the United States, part of the methodology of this book involves the juxtaposition between Kriegger´s photographs on Chapter Five and the photographs throughout the rest of the book that capture the daily processes of local resistance.  I hope that the reader can differentiate between these two visual methodologies that today constitute part of the Caribbean photographic historiography/genealogy.  Both visual methodologies are witness to the origins and consequences of transnationationalism “from above” and “from below”, offering as a result a new configuration of the local/global dynamic, with all its contradictions, resistance strategies, and complicities.  As Susan Sontag says, every photograph “confers in each moment the character of a mystery” (Sontag 1977:3).  Our mission is to clarify the mysteries of contemporary society that at times could be seen as “rituals of chaos” (Monsiváis 1995). 

Overall, in this book I give emphasis to the new forms of transnational organization not only at a family level, but also at a community level, and analyze the solidarity between different Latina groups in New York, and how these movements are part of a “transnational” movement of women that becomes exposed with the study of transnational migration.  It is particularly interesting the way that local processes and social change have been influenced by globalization and modernization, and how women have survived, choosing mobility between one or more nations.  Migrant women have gained access to resources through community and grassroots organizing, processes that go along transnational practices as much as they resist global capitalist practices.  From a gender perspective, the book then explores the relationship between the United States and the Dominican Republic and raises important questions regarding the advantages of transnational solidarity projects discussed throughout the book.  Some of the questions are as follow:

•    How are resisted, negotiated and reapplied the processes of exclusion of Latinos/as vis.a.vis Latino Americans, that is to say “Latino/Americans” to the global village? 
•    What is the relationship of this resistance to the strategy of the “return to the community”, and how does this process inform other processes taking place not only at the local but also at the global level?
•    What is the place of Latina migrant women in a free trade economy focusing on the Dominican Republic where an implicit migratory policy is promoted, and in what ways do they participate in discourses of globalization, Latino/a identities, feminisms, movements of women, citizenship, migration and transnationalism?  Is this location different for women than men? 
•    What is the dynamic of the new “translocal/transnational” communities that Dominican migrants travel today? 
•    Could this mobilization be part of a global social movement with a new vision of a new transnational culture of alliances born out of civil society, or a global/local network society capable of transforming our sense of community and family?  Is this a new way of doing politics and developing citizenship? 
•    What has been the resistance from the part of the production of knowledge in academic centers and from the part of the world-economy towards this community tendency of transnational solidarity, and what implications has had in terms of the fight for the defense of gender and “in”migrants rights? 
•    What have been the answers from the nation-state at both sides of the border? And finally, what can we learn from migrant women to take on a more egalitarian exchange between transnational capital and labor? 
•    Could these lessons help improve the socio-economic situation of our Latino/American communities in the United States and in Latin America?   

Focusing on the questions mentioned above, the thesis of the book, “Negotiating the Global Village”, questions the production of knowledge, in particular the divisions between traditional disciplines and Area Studies, and proposes new academic divisions based on contemporary local/global dynamics, as is further discussed in Chapter Two.  The conclusion of the book also emphasizes the formation of a new transnational juncture that must be taken into consideration to even begin to comprehend and decolonize the contradictions and the complicities of the history and everyday life of our “America”.  Only in this way we can eradicate imperial/colonial relations of power and build a more democratic academic and community life based on cultural diversity and social justice, from a “mestiza” social perspective whereus equality on difference, Latino/American regional political unity, and universal citizenship become our most important achievements.      



Book´s Methodological Note

Living transnationally between the Dominican community of Washington Heights in New York City, and the Dominican Republic between the years 1993-1996, and returning later on to both places in 1998, 1999, and 2001, I could appreciate a strong Dominican desire to overcome internal and external obstacles translated into the efforts of thousands of women faced with domination, an Euroamerican legacy of imperialism and colonialism.  After spending almost a year in Santo Domingo in 1995, I went back in 2001 and have lived there for the next five years, teaching at the University of INTEC (Instituto Tecnológico de Santo Domingo).  Since then, and until 2006 I was the founder and director of the Visual Documentation Center, Melassa, dedicated to the production of conscious-raising documentaries about identity and Latina/o culture, and the cultural and academic exchange of students from U.S., Dominican and European universities.  I am also a member of the Dominican National Academy of Sciences, and during the year 2003-2004 I obtained a research fellowship from this institution in order to update and translate my doctoral dissertation.  Furthermore, I was able to complete this book with the help of a Fulbright Fellowship that allowed me to return to the Dominican Republic and stay for several years teaching and doing research on the Dominican Diaspora. 

    Coming back to my first years of research in Washington Heights, in 1993 I began to work at the Columbia Presbyterian Hospital as part of a psychological study on suicide and family, through which I met more than 50 Dominican families who, in case of a family emergency, would recur to the emergency room of the hospital.  Since most families did not have health insurance, they would attend the hospital to see a doctor through the emergency room and were immediately recruited into the study.  Free of charge, one of my colleagues would recruit the families into the study, and in exchange they would receive therapy and medical attention for the next eighteen months.  Our job was to interview the mother and the daughter and complete a series of questionnaires about family behavior and personality disorders related to suicide.  My interest in the situation of Dominican women, and Latina women in general, grew when I saw that psychological answers to the problems these women faced were not enough to understand family dynamics of this migrant community.  Therefore I volunteered at the Center for the Development of Dominican Women in 1994 in order to expand my knowledge of the community and the women who participated in the organization program.  This was my first experience collaborating in a community based organization, and I could see the difference between the atmosphere in the hospital and at the Center where women felt at “home”.  The Center provided them with a space where they could express their needs and train themselves to overcome them, as well as a place where their “voice” could be heard and respected in their own terms.  The hospital, on the other hand, being an official institution, raised many suspicions amongst Dominican families, and one could notice the distance between patients and workers, as well as the incongruence between the interests of researchers and the needs of the community and families. 

    While I worked at the hospital I remembered in several occasions, the critiques I had read about Oscar Lewis book, La Vida, and his conclusions about Puerto Rican migrants based on an ethnographic study spreading one single Puerto Rican family across San Juan and New York, and their patterns of prostitution and domestic violence coined into the “culture of poverty”.  Unfortunately, such ethnography had a great impact on public policy from the part of U.S. official institutions towards the Latino/Puerto Rican community.  I also remembered the most recent work of Phillippe Bourgois (1995) and his description of Puerto Rican women as frequent victims of “nervous breakdowns”, and could not help thinking about patterns of domination and resistance that I have read more recently and observed in the imperial/colonial relationship between the United States and the Caribbean, in contrast to patterns of abuse, violence and victimization that other researchers and public policy writers attributed to the social character of the group and its “making it in America”.  In fact, many of these public policies followed the partial descriptions of these first researchers who used Latino communities as experiments for their psychological studies, ignoring the history of resistance from the part of Latino communities and the year 1898 that marked the onset of the United States as an imperial center.  Public policy also ignored the impact official history had on Latino/a identities, particularly from the point of view of women. 

    Due to the lack of a Latino academic production at the time that would take a more contestatarian position, today there is a vast literature on Latina women and their psychological pathologies (Guarnaccia, De la Candela and Carrillo 1989, Lewis-Fernández 1992).  Back then, in order to avoid this line of work, I decided to leave the research at the hospital and explored other venues to access the community.  Confirming my initial observations, when I visited the area of the hospital in 2003, I could see that as the hospital increased its number of work and residential buildings, and new residents moved into the newly renovated apartment complex, tensions I had noticed earlier had increased with the new demographic distribution.  During Giuliani´s governance during the nineties, many areas in the city were renovated, ignoring the processes of local resistance and displacing old residents from their communities, in particular working-class, Latina, Puerto Rican and Afro-American communities.  This process was part of a larger attempt of transforming the City of New York into an administrative space of the global economy, where the FIRE sector would occupy an important place.  In fact, the New York FIRE sector along with capital value have received full attention in the media and public discourses, while “ethnic” communities, and their “cheap labor” are being displaced by more expensive residential buildings and cultural economies with high class consumption despite their cultural and economic contributions to the global economy.  These processes have received the name of “gentrification” (Smith 1996), and have had a strong impact in many Latina communities such as the Lower East Side, 42nd Street, Harlem and Washington Heights, today the largest Dominican community in the United States, as we shall describe ahead.  

    Through my work at the Women´s Center, and during my later visits to the City, I had the opportunity of participating in various grassroots mobilization such as all night vigils and manifestations against cuts on public spending, the loss of jobs, reduction of welfare spending, police brutality, increased violence against women and the feminization of poverty, central themes for the understanding of global dynamics and the position of Latina migrant women today.   At the Center I also collaborated in various educational projects and participated in several of their activities from English and Literacy classes, to programming meetings and festivities.  These times were of much enthusiasm since a group of Latina women were preparing themselves to attend the Women´s World Conference in Beijing in 1995 sponsored by the United Nations.  By this time, losing more than my “Argentinian” accent, I was already living in the Washington Heights area and was part of the daily life of the community, traveling in the subway, engaging in supermarket and “ethnic” shopping, singing in parades and street festivities, as well as participating in political campaigning, and other community events.  Little by little I became immersed in the New York Latino culture, and was able to complete a series of in-depth interviews with forty Dominican women, and later on with community leaders and entrepreneurs.  In 1995 I obtained a fellowship from the Organization of American States to travel to the Dominican Republic and was affiliated with CIPAF, a long-standing research center for women´s action.  Through this organization I contacted several migrant and non-migrant families and other community organizations such as COPADEBA, Council for the Defense of Neighborhood Rights, and the Neighborhood Association of Arroyo Hondo, all of whom welcomed and offered me new opportunities for interviewing families and community leaders.  I also interviewed some relatives of the families I had interviewed in New York City, especially in the Cibao region, and studied Dominican perceptions on migration through different social stratums and geographical sectors of the country.  Many women understand this project as lifestyle, a choice informed by cultural and imperial/colonial patterns, while only at the surface may seem a simple opportunity many cannot resist when facing the demand of women´s cheap labor force, and the several neoliberal economic and political crises that have impacted women and their families the most.  In 2003 and 2004 I traveled back to Washington Heights after living in the Dominican Republic for two and three years respectively.  During this time I interviewed some of the same community leaders I had interviewed earlier, and obtained a new look at contemporary politics, although not much had changed since the late nineties.  And I concluded that even though women had been at the forerun of new social movements through their participation in community and other struggles in New York City and at a transnational level as well, due to the little valorization their work receives in public discourses, we have not been able to fully benefit from the development of local agendas and transnational alliances that include women´s concerns and strategies at both sides of the border, making women´s great contributions invisible.  Furthermore, the division between the “public” and the “private” has taken away recognition from women´s community organizing and their daily resistance, pushing the new achievements and spaces of empowerment back into the domestic sphere.  As we shall see throughout the Chapters of this book, a translocal/transnational agenda is necessary if we want to fully grasp the relationship between gender, power and identity, particularly the space gained by Translatina women, and their participation and autonomy in a transnational network society, and the new forms of citizenship they have conquered.   
     



La doctora Karin Weyland comparte su nuevo libro con las estudiantes de la Maestría de Género de la Universidad del INTEC donde impartió clases en el verano del 2006 / Dr. Karin Weyland shares his new book with students from the Gender Studies Master´s Degree Program from INTEC Universtiy where she taught during the summer of 2006:




 









 



Grupo de estudiantes de la cuarta ronda de la Maestría de Género del Centro de Estudios de Género del INTEC donde la Doctora Karin Weyland impartió clases en el verano del 2006 utilizando como referencia bibliográfica su propio libro, entre otras.  




Especialización/Maestría en Género y Desarrollo / INTEC University

ASG-402 Ciencia, Cambio de Paradigma y Movimientos Sociales / Syllabi

Profesora Dra. Karin Weyland

DESCRIPCION:


En esta asignatura se analizaran los diferentes fundamentos teóricos y metodológicos que sustentan el pensamiento social latinoamericano y la forma en que este ha incidido en los procesos de desarrollo de la región.  El contenido de la asignatura inicia a partir del surgimiento del pensamiento moderno en Europa y su relación con el proceso de colonización, independencia, y conformación de las naciones latinoamericanas.  Después de analizar la forma en que estos procesos establecieron la organización social de las naciones latinoamericanas, se analiza el desarrollo del siglo XX como época de cambios profundos en la forma de entender las relaciones sociales.  Para concluir, se analizan las nuevas propuestas de concepción del sujeto social y de los procesos políticos y sus posibles implicaciones para el fortalecimiento del ejercicio de la ciudadanía en América Latina.


CALENDARIO Y CONTENIDOS:

UNIDAD I: Los cimientos filosóficos y políticos de la Modernidad

•    Renacimiento e ilustración: secularización, razón, y sujeto
•    Razón crítica y razón instrumental: La irrupción de la ciencia moderna. Revolución Científica y revolución industrial
•    La racionalidad científica: la oposición sujeto-objeto y los sujetos universales
•    Sujetos, democracia, y ciudadanía: Las reivindicaciones de las mujeres
•    La modernidad y las grandes ideologías del siglo XX: Positivismo, liberalismo, socialismo.  La emancipación como gran utopía moderna.


Metodología de ésta unidad:
Conferencias de la Profesora y discusión en clase sobre las lecturas

Bibliografía:

Mayo, Viernes 26, 4-8 pm

Rubén H. Pardo. “Verdad e historicidad. El conocimiento científico y sus fracturas” En: Díaz, Esther. La posciencia: el conocimiento científico en las postrimerías de la modernidad. 1ra. Ed. Buenos Aires: Biblos, 2000.

Treviño Moreno, Pedro. “Apuntes para una definición de la modernidad” En: Zidane Zeraqui. Modernidad y Posmodernidad La crisis de los paradigmas y valores. México, D.F.: Limusa, 2001. pp. 9-?

 “El Malestar en la modernidad” En: Lyon, David. Postmodernidad. Madrid: Alianza, 1996. Págs. 43-69.

Karl Marx, 18th Century Brumaire (traducción al español) y el Manifiesto Comunista.

Molina Petit, Cristina. 2000. “Ilustración” En: Celia Amorós (dir.). 10 palabras clave sobre Mujer. España. Pp. 189-216


Mayo, Sábado 27, 9 am – 1 pm

Zeraqui, Zidane. “La crisis de los paradigmas: por una nueva lectura de la historia” En: Zidane Zeraqui. Modernidad y Posmodernidad La crisis de los paradigmas y valores. México, D.F.: Limusa, 2001. Págs. 27-49

“Las formas de acción colectiva” Touraine, Alain. América Latina Política y Sociedad. Págs. 97-130

Arendt, Ana. “Introducción” del Libro: La vida del Espíritu.



UNIDAD II: Independencia y Dependencia en América: Modernidad Incompleta

•    Modernidad y modernización en América Latina: una modernidad incompleta
•    Pensamiento político latinoamericano en el siglo XIX: Organizaciones independentistas y creación de la nación
•    Nacionalismo e integración latinoamericana
•    Positivismo y liberalismo en América Latina: la promesa de la libertad, el orden y el progreso
•    José Martí: el redescubrimiento de la identidad panamericana
•    La mujer en el pensamiento latinoamericana
•    Organizaciones femeninas y feministas de finales del siglo 19 y principios del 20
•    Los EEUU y América Latina: La construcción de la dependencia. El destino manifiesto y la política hacia la región latinoamericana
•    La guerra fría y la polarización del escenario internacional


Metodología de ésta unidad:
Conferencia de la Profesora, Presentaciones Orales de los/as estudiantes y discusión en clase

Bibliografía:

Junio, Viernes 2, 4 – 8 pm

González Uresti, Luz Arali. “Crisis o continuidad paradigmática en relaciones internacionales” En: Zeraqui, Zidane. Modernidad y Posmodernidad: La crisis de los paradigmas y valores. México, D.F.: Limusa, 2001. Págs. 51-75

Karin Weyland. Negociando la Aldea global con un pie “aquí” y otro “allá”: La diáspora femenina y la transculturalidad como Alternativa Descolonizadora. Santo Domingo: Universidad del Intec y la Academia de Ciencias Dominicana, 2006, Capítulos 4 y 5.

Subirats, Eduardo. La modernidad truncada de América Latina. Caracas: 2001. (Cap. 4 pp. 51-70, Cap. 5 pp. 71-84, Cap. 6 pp. 85-89, Cap. 7 pp. 90-102, Parte II pp. 103-125)

Touraine, Alain. América Latina: Política y Sociedad. ( Cap. 1 pp. 35-55, Cap. 2 pp. 56-93)


Junio, Sábado 3, 9 am – 1 pm

Michiel Baud, “Manuel Arturo Peña Batlle y Joaquín Balaguer y la identidad nacional dominicana” en Política, identidad y pensamiento social en la República Dominicana (siglos XIX-XX), Raymundo González, y etal, editores. Santo Domingo, Republica Dominicana: Academia de Ciencias Dominicana, Págs. 153-179.

Pedro San Miguel, “Premodernidad, modernidad, y narración en Juan Bosch” en política, identidad y pensamiento social en la República Dominicana (siglos XIX-XX), Raymundo González, y etal, editores. Santo Domingo, Republica Dominicana: Academia de Ciencias Dominicana, Págs. 239-252.

Raymundo González, “Hostos y la conciencia moderna en República Dominicana”, en
política, identidad y pensamiento social en la Republica Dominicana (siglos XIX-XX), Raymundo González, y etal, editores. Santo Domingo, Republica Dominicana: Academia de Ciencias Dominicana, Págs. 95-104.

Lusitania Martínez, “Abigail Mejia y los inicios del movimiento feminista dominicano” en política, identidad y pensamiento social en la Republica Dominicana (siglos XIX-XX), Raymundo González, y etal, editores. Santo Domingo, Republica Dominicana: Academia de Ciencias Dominicana, Págs... 131-152.  

Hartsock, Nancy. “La teoría feminista y el desarrollo de la estrategia revolucionaria” En: Ziliah Eisenstein (ed.), Patriarcado Capitalista y Feminismo Socialista. Madrid: Siglo XXI, 1980.
Petchesky, Rosalind. “Para terminar con la duplicidad: Informe sobre los grupos marxistas-feministas 1-5” En: Ziliah Eisenstein (ed.), Patriarcado Capitalista y Feminismo Socialista. Madrid: Siglo XXI, 1980.

Entrega de los resúmenes de las presentaciones orales de la Unidad 2, Sábado 3 de Junio, en clase


UNIDAD III:  Contextos de cambio en el mundo contemporáneo.

•    Modernidad y Posmodernidad: El debate de una crisis
•    La posmodernidad: La critica de los fundamentos
•    La critica del sujeto y de la ciencia: la crisis de los paradigmas
•    La reivindicación de lo diverso: los nuevos temas, los nuevos sujetos, y los nuevos movimientos sociales.  La crisis de la política.
•    El fin de la guerra fría y el debate sobre el fin de la historia y el final de las ideologías.
•    América Latina y la simultaneidad de los tiempos: premodernidad, modernidad, posmodernidad.
•    Feminismo de la igualdad y de la diferencia como precursores del debate de la posmodernidad.


Metodología de ésta unidad:
Conferencia de la Profesora, Presentaciones Orales de los/as estudiantes y discusión en clase de las lecturas

Bibliografía:
Junio, Viernes 9, 4- 8 pm 

Ballesteros, Jesús. Postmodernismo: Decadencia o Resistencia. Tecnos Editorial. Págs. 15-65 (Cap. 1 pp. 17-24, Cap. 2 pp. 25-34, Cap. 3 pp. 35-42, Cap. 4 pp. 43-53, Cap. 5 pp. 54-63)

“Postmodernidad: la historia de una idea” En: Lyon, David. Postmodernidad. Madrid: Alianza, 1996. Págs. 17-41

Fox Keller, Evelyn. “La paradoja de la subjetividad científica” En: Dora Fried Schnitman (comp.) Nuevos Paradigmas, Cultura y Subjetividad. Buenos Aires: Paidós, 1998, pp. 148-182

Guattari, Félix. “El nuevo paradigma estético” En: Dora Fried Schnitman (comp.) Nuevos Paradigmas, Cultura y Subjetividad. Buenos Aires: Paidós, 1998, pp. 185-212


Junio, Sábado 10, 9 am – 1 pm

Pisano, Margarita. “Una ventana para respirar” En: Edda Gaviola y Lissette González. Feminismos en América Latina. (2001)

Lovera, Sara. “Igualdad y diferencia” En: Conmujer, De igual a igual. México: Marzo 2000, pp 39-44

Sendón de León, Victoria. “¿Qué es el feminismo de la diferencia?

Entrega de los resúmenes de las presentaciones orales de la Unidad 3, Sábado 10 de Junio, en clase


UNIDAD IV: Democracia, crisis del estado y sociedad civil
   
•    El estado nación y la crisis de la política
•    Ciudadanía y democracia en América Latina
•    Sociedad civil y democratización
•    Poder, sujeto social y procesos políticos

Metodología de ésta unidad:
Conferencia de la Profesora y discusión en clase de las lecturas

Bibliografía

Julio, Viernes 7, 4 – 8 pm

Anisi, David “La crisis del estado de bienestar” En: David Anisi. Creadores de escasez: del bienestar al miedo. Págs. 14-74

Iann, Octavio. “Las ciencias sociales y la modernidad-mundo” En: Castel, Robert; Alain Touraine, Mario Bunge et al. Desigualdad y Globalización. Buenos Aires: Manantial, 2001. Págs. 81-118

Carretón, Manuel Antonio. “Democracia y democratización: teoría y procesos” En: Política y Sociedad entre dos épocas: América Latina en el cambio de siglo. Rosario, Argentina: Homo Sapiens, 2000, pp. 65-91

Carretón, Manuel Antonio. “Sociedad civil y democratización. Una ilustración” En: Política y Sociedad entre dos épocas: América Latina en el cambio de siglo. Rosario, Argentina: Homo Sapiens, 2000, pp. 131-137

Nun, José. “El caso de América Latina”, Cap. XVIII, “Un balance desdichado”, Cap. XIX, “Una idea y sus manifestaciones concretas”, Cap. XX y “La democracia condicional”, Cap. XXI del libro Democracia ¿Gobierno del pueblo o gobierno de los políticos? Madrid: Siglo Veintiuno. pp.117-151


Julio, Sábado 8, 9 am – 1 pm

Zibechi, Raúl. “La izquierda uruguaya: de la hegemonía cultural a la hegemonía política” En: En: Bernard Duterme (coord.). Movimientos y Poderes de Izquierda en América Latina. Madrid: Editorial Popular, 2005. pp. 123-128

Arruda Sampaio, Plinio. “Lula, un gobierno decepcionante para el movimiento popular brasileño” En: En: Bernard Duterme (coord.). Movimientos y Poderes de Izquierda en América Latina. Madrid: Editorial Popular, 2005. pp. 129-134

Touraine, Alain. “El fin de la ola liberal” En: Robert Castel, Alain Touraine, Mario Bunge et al. Desigualdad y Globalización. Buenos Aires: Manantial, 2001, pp. 29-42

Capella, Juan-Ramón. “Globalización: una ciudadanía evanescente” En: Nicholas C Burbules y Carlos Alberto Torres (coord.). Globalización y Educación. Manual Crítico. Madrid: Editora Popular, 2005, pp. 169-190


Entrega de Trabajo de Medio Término en base a preguntas sobre las tres primeras unidades: Julio, Sábado 8, entrega en clase.


UNIDAD V: Globalización, exclusión y nuevos paradigmas

•    Los efectos del neoliberalismo en Latino América
•    Migración, nación y nuevas formas de ciudadanía
•    Nuevos sujetos sociales: Repensando el genero, la raza y la clase
•    Hacia una nueva pedagogía y construcción del conocimiento
•    El rol de las mujeres migrantes en la aldea global, estrategias de negociación y resistencia
•    Identidad y los nuevos movimientos sociales latinoamericanos
•    Alianzas transnacionales y redes de solidaridad

Metodología de ésta unidad:
Conferencia de la Profesora, presentación de videos en clase y discusión de las lecturas
Bibliografía:

Julio, Viernes 14, 4 – 8 pm

Castells, Manuel. “El fin del patriarcado: movimientos sociales, familia y sexualidad en la era de la información” El poder de la identidad. Alianza Editorial, pp. 159-269

Sader, Emir. “¿Son eficaces las luchas latinoamericanas contra el neoliberalismo?” En: Bernard Duterme (coord.). Movimientos y Poderes de Izquierda en América Latina. Madrid: Editorial Popular, 2005. pp. 73-79

Dos Santos, Theotonio. “De la resistencia a la ofensiva: el programa alternativo de los movimientos sociales” En: Bernard Duterme (coord.). Movimientos y Poderes de Izquierda en América Latina. Madrid: Editorial Popular, 2005. pp. 81-92

Ouviña, Hernán. “Zapatistas, Piqueteros y Sin Tierra. Nuevas radicalidades políticas en América Latina” En: Bernard Duterme (coord.). Movimientos y Poderes de Izquierda en América Latina. Madrid: Editorial Popular, 2005. pp. 93-108

Blackmore, Jill. “Globalización ¿Un concepto útil para la teoría del replanteamiento feminista y las estrategias en la educación?” En: Nicholas C Burbules y Carlos Alberto Torres (coord.). Globalización y Educación. Manual Crítico. Madrid: Editora Popular, 2005, pp. 101-122


Sábado 15, 9 am – 1 pm

Alvarez, Sonia E. 1997. “Articulación y transnacionalización de los feminismos latinoamericanos” En: Debate Feminista. Año 8, Vol. 15. pp. 146-170.

Karin Weyland. Negociando la Aldea global con un pie “aquí” y otro “allá”: La diáspora femenina y la transculturalidad como Alternativa Descolonizadora. Santo Domingo: Universidad del Intec y la Academia de Ciencias Dominicana, 2006, Capítulos 1, 2, 3 y Conclusión.

Gloria Anzaldúa, “La conciencia de la mestiza/ Towards a New Consciousness” en Bordelands: La Frontera. San Francisco: Aunt Lute Books, 1987

Kellner, Douglas. “Globalización y nuevos movimientos sociales. Lecciones para una teoría y pedagogía críticas” En: Nicholas C Burbules y Carlos Alberto Torres (coord.). Globalización y Educación. Manual Crítico. Madrid: Editora Popular, 2005, pp. 211- 230

McCarthy, Cameron y Grez Dimitriades. “Globalización de las pedagogías. Poder, resentimiento y re-narración de la diferencia” En: Nicholas C Burbules y Carlos Alberto Torres (coord.). Globalización y Educación. Manual Crítico. Madrid: Editora Popular, 2005, pp. 151-167

Entrega de Trabajo Final en base a preguntas sobre las dos últimas unidades:
Julio, Lunes 24, 5 pm  (entrega en la Oficina del Centro de Género)





METODOLOGIA Y EVALUACION

La metodología en clase es altamente participativa, aunque la profesora expondrá los diferentes temas en forma de conferencia. Se espera que los-as estudiantes asistan a clase con las lecturas previamente leídas, y traigan comentarios y preguntas que sirvan como puntos de partida para la discusión en general.   En clase también se presentaran diferentes videos, o partes de ellos, según el tiempo asignado, que ayudaran a promover la discusión, entre ellos, “Congo Pa Ti: identidad afro-latina en la cultura dominicana”, “Las Piqueteros”, “Vidas Paralelas: Mujeres migrantes negociando la aldea global”, y “Afro-argentinos-as: El estatus de las comunidades afro-descendientes en las Americas”.

La evaluación tomará en cuenta la participación en clase de los-as estudiantes, elaboración de resúmenes de lecturas asignadas y presentaciones orales de los-as estudiantes, además de la presentación de dos ensayos, uno de medio término y otro al final del curso, de acuerdo a preguntas elaboradas por la profesora.  El producto final de las presentaciones orales no está limitado a presentar el material hablado, sino que también puede incluir teatro, poesía, una canción, historietas, imágenes, video y fotografías, o cualquier otro tipo de creatividad/educación popular que nos ayude a explorar y comprender mejor el material, es decir de una forma crítica y que rompa con los esquemas tradicionales pedagógicos. Puede elaborarse en grupos de acuerdo a las necesidades del producto final con previa autorización de la profesora. 

Asistencia y Participación:                15
Resumen y presentación oral:            25
Trabajo de medio término:                25
Trabajo final:                        25     

Total                             100




Resumen del libro /Book´s summary:
“Negociando la aldea global con un pie aquí y otro allá”: La Diáspora dominicana femenina y la transculturalidad como
alternativa descolonizadora

Autoría de Dra. Karin Weyland, Miembra de la Academia de Ciencias Dominicana, Profesora del Area de Sociales del INTEC, Instituto Tecnológico de Santo Domingo, y Catedrática del Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de Puerto Rico, Recinto Río Piedras.

Resumen

Este resumen describe las prácticas culturales y políticas transnacionales de mujeres dominicanas que han migrado a la Metrópolis de Nueva York a partir de los años setenta en un contexto de integración cultural y económica.  Analiza la forma en que han surgido las comunidades transnacionales con el fin de crear alternativas a la globalización “desde abajo” donde las mujeres se posicionan en una nueva sociedad civil internacional, creando en el proceso nuevas formas de ciudadanía y empoderamiento.


Los objetivos principales del libro son los siguientes:

    Analizar la migración femenina dominicana a través del fenómeno global/local--resultado del proyecto de modernidad/colonialidad y la contiuación del mismo a través del neoliberalismo.
    Definir el fenómeno de las nuevas comunidades transnacionales en relación a nuevas dinámicas de poder comunitario, principalmente la creación de una sociedad civil internacional, tomando en cuenta e debilitamiento del estado-nación.
    Definir la mujer latina/dominicana como nuevo sujeto histórico desde una perspectiva de género transnacional crítica con potencial de cambio social en las relaciones patriarcales de poder y con el  estado-nación.
    Analizar los discursos de globalización, Latinidad y transnacionalismo en base a la situación de la mujer Latina migrante, el hogar transnacional y las nuevas prácticas políticas y culturales que son la base de una nueva ciudadanía transnacional.

Preguntas de Investigación:

    ¿Cuál es la relación existente, ya sea de contradicción o de retroalimentación entre estos globalismos y localismos, particularmente desde una mirada de género crítica?
    ¿De qué forma las mujeres migrantes participan en los discursos sobre la globalización,  el transnacionalismo, la Latinidad, y los “viejos” y “nuevos” feminismos? 
    ¿Cuál es la dinámica de las nuevas “comunidades transnacionales” que hoy en día transitan las migrantes dominicanas? ¿Podría considerarse esta movilización parte de un movimiento social globalizado, visionario de una nueva cultura de alianzas transnacionales desde la sociedad civil o la sociedad de redes en respuesta al sistema colonial/moderno y la división del espacio público/privado?
      ¿Es ésta una nueva forma de politizar estos espacios y de crear nuevas formas de ciudadanía, y qué lugar ocupa la mujer y las organizaciones de mujeres en esa nueva politización? ¿Cuáles han sido las respuestas de la segunda generación y el estado-nación?

Antecedentes y Metodología:

La investigación de campo para este ensayo se realizó en la comunidad de Washington Heights, Nueva York durante los años 1993 y 1994, donde realicé trabajo voluntario en el Centro de Desarrollo de la Mujer Dominicana y conduje entrevistas a profundidad con mujeres migrantes.  Luego extendí la investigación a República Dominicana en el 2005 y colaboré con las instituciones CIPAF (Centro para la Investigación y Acción Femenina) y COPADEBA (Centro para los Derechos Barriales).  Durante estos años tome notas de campo y fotografías que son parte de la metodología etnográfica utilizada, y además trabajé con los archivos y fotografías de Herbert Kriegger en el Museo Smithsoniano en Washington DC. Herbert Kriegger fue un etnólogo que trabajó en República Dominicana contribuyendo a la conformación de un transnacionalismo desde arriba, es decir colonial, patriarcal, e imperial.  Para actualizar la investigación original viajé en el 2003 y 2004 a Nueva York y entrevisté a los líderes comunitarios que había entrevistado previamente y algunas mujeres migrantes, además de ponerme al día con las actividades comunitarias más recientes, como por ejemplo la expansión del Centro de Desarrollo de la Mujer Dominicana a Puerto Rico, y posiblemente en un futuro a República Dominicana, además de enterarme de los nuevos cargos políticos.
 
Introducción: La mujer latina, la migración y el fenómeno de la globalización.
“Porque soy mestiza, continuamente me salgo de una cultura para entrar en otra, porque estoy en todas las culturas al mismo tiempo, alma entre dos mundos, tres, cuatro, me zumba la cabeza con lo contradictorio. Estoy norteada por todas las voces que me hablan simultáneamente”  GloriaAnzaldúa—La Frontera/Borderland (1987).


Sin llegar a pertenecer completamente a la cultura dominante neoyorkina cuya frontera se traza de forma imaginaria a partir de la Calle 96 en la Zona Oeste de Manhattan hacia el “downtown,” la comunidad translocal de Washington Heights vive con dinamismo su experiencia comunitaria transnacional, “transculturalizando” las creencias y costumbres de ambos lugares, a veces en complicidad y a veces en oposición.  En la esquina de la Calle 181 y Saint Nicholas Avenue—hoy denominada la Avenida Juan Pablo Duarte--mujeres dominicanas empujan sus carritos con plásticos que cubren el rostro de sus niños del frío y fundas de compra a los lados; otras venden habichuelas dulces cerca de la parada del subway mientras más mujeres se desmontan de los trenes con paso rápido hacia sus hogares para cocinar y atender a sus familias luego de un día en la factoría, la oficina, la casa de familia o el hospital; otras atienden a clientes en las tiendas de telecomunicaciones, ropa o zapatos, en salones de belleza o restaurantes, clientes que buscan la típica comida dominicana o que le planchen el cabello al estilo “santo domingo” en un ambiente ameno y familiar, con productos y sabores “locales”.  Las tiendas de envío siempre están llenas, las remesas alcanzando en 2004 un monto anual de 2 mil millones de dólares que llegan a más del 30 por ciento de la población en República Dominicana quiénes dependen de esas remesas para subsistir . 

En el contexto actual de una transculturalidad cotidiana, podemos afirmar que las migraciones son producto de la nueva dinámica global/local o “globalización.”  Se entiende por “globalización” la internacionalización del capital a nivel global, un fenómeno que ha estado ocurriendo en las últimas cuatro décadas, liderado por Estados Unidos y otros centros de poder como Europa y Japón desde donde un grupo pequeño de companías multinacionales controlan la tecnología, la producción y los mercados financieros . Algunos autores se han referido a esta nueva restructuración de las economías como “el nuevo orden mundial” (Frobel et.al. 1980), sin embargo un concepto más revolucionario de la división internacional del trabajo fue presentado por el sociólogo Immanuel Wallerstein (1974, 1979 y 1991) quién recurre a la división “Centro” y “Periferia” para distinguir entre países “desarrollados” y “subdesarrollados”.  Esta teoría que divide a la “economía mundo” de acuerdo a los proyectos de colonialidad/modernidad del siglo XVI permite estudiar los aspectos socio-culturales de la globalización en que se fundamentan los discursos coloniales/modernos, es decir el género, la raza y la comunidad nacional (García Canclini 1989, 1995, 1996; Weyland 1999, 2001).  Al parecer, la misma exclusión contenida en los discursos de la globalización y los procesos que la conforman le ha dado reconocimiento a los procesos de resistencia y a los discursos identitarios, y ha arrojado grandes potenciales de cambio social, cuestionando a su vez las bases en que el sistema económico mundial se fundamenta.  Una perspectiva socio-cultural, permite además enfocarse en las migrantes como actores sociales con suficiente poder para transformar la estrucura social; como veremos a continuación, la nueva dinámica global/local ha contribuído a estos cambios.

Por ejemplo, así como las migrantes son afectadas por la integración económica y cultural, legado del colonialismo imperial, ellas también tienen un impacto en la creación de nuevos espacios identitarios y nuevos proyectos político-culturales desde la conformación de “comunidades translocales/transnacionales”.  Llamadas “comunidades translocales/transnacionales” son todas aquellas comunidades de migrantes residentes en el extranjero que están organizadas social, económica y políticamente a través de la frontera.  Es decir, que desde una localidad “al borde” las migrantes han desarrollado lazos fuertes entre la vida social y la política municipal de la Ciudad donde residen, y los pueblos de orígen, transcendiendo doblemente los bordes geográficos y nacionales, de “aquí” para “allá” y de “allá” para “aquí”.  En el proceso, actuando desde estas comunidades las migrantes también han establecido un precedente nunca antes visto en cuánto a la formación de nuevos discursos, alianzas, e identidades, que sirven como crítica tanto al pasado “tradicional” patriarcal como al proyecto de “modernidad” excluyente actual.  Este es el caso de la mujer dominicana migrante que se ha trasladado hacia Nueva York (Weyland 1999), Boston (Levitt 2001), Puerto Rico (Duany 1995) y España (Gallardo 1995), ayudándola a redefinir los imaginarios locales y globales dados por los proyectos del estado-nación y las relaciones internacionales que éste dictaminaba.  Entonces, en un contexto de translocalidad entre el “aquí” y el “allá”, vemos que la mujer migrante participa en dos procesos paralelos, interrelacionados y contradictorios, constituídos por la vuelta a lo local, por un lado, y la pertenencia a la aldea global, por el otro.  Como veremos a continuación ambos están redibujando la relación entre “lo local” y “lo global”, dándole a la mujer más autonomía para actuar y decidir como relacionarse con los mercados internacionales. 

Paradójicamente, también se globaliza lo local y localiza lo global, desplazando la idea de lo soberano y debilitando o influenciando las políticas internacionales definidas exclusivamente desde un sistema de poder patriarcal “tradicional” construído en base al ser nacional.  Este no se abandona pero se modifica con elementos de la “modernidad” al asumir otro sistema de valores basado en la “transnacionalidad o transculturalidad”, es decir, en los patrones culturales, sociales, y económicos que se transmutan de una sociedad a otra, produciendo una “cultura híbrida” o nuevo espacio de negociación localizado fuera del estado-nación y de la cotidianidad nacional.  Por un lado, entonces vemos que se da la transformación del concepto de “comunidad” fragmentado ahora en enclaves contestatarios de diferencia, negociación y resistencia que reflejan una vuelta a “lo local” desde donde el sujeto actúa su transculturalidad como alternativa a la pobreza, la exclusión y la discriminación.  Lo local se revaloriza al ponerse en perspectiva las culturas y conocimientos subalternos ancestrales que se proyectan de forma “translocal”, es decir de la comunidad hacia el mundo sin importar los límites territoriales de la nación, asumiendo nuevos y múltiples significados dependiendo hasta donde viajen y como lleguen (medios de comunicación, contacto humano, llamadas de teléfono, enviós, remesas, redes sociales, familiares, etc).  Esta vuelta a “lo local” es contestataria y difiere de la división del conocimiento actual que asocia lo “moderno” con lo “global” y lo “tradicional” con lo “local”; esta es una definición estática de la cultura que no coincide con las realidades sociales de los flujos migratorios actuales. 

Por el otro lado, también se da el surgimiento de nuevas identidades culturales que se mueven a través de la fronteras y que transcienden previas identificaciones con la comunidad imaginaria del estado-nación, “globalizando” una ideología de consumo dominante cómplice de las dinámicas capitalistas neoliberales y nociones hegemónicas de “raza” y “género” mantenidas por el capital cultural privilegiado.  En conclusión, la nueva dinámica local/global ha transformado el sentimiento de pertenencia a una comunidad local la cual ya no depende de una identificación nacional con un territorio específico, es decir al estado-nación, sino que se adhiere a una comunidad o aldea “global”, por un lado, y a los procesos de supervivencia y resistencia “local” de un barrio o comunidad “étnica” por el otro, conformándose entonces en una comunidad transnacional. 

Desde los años sesenta en adelante, el gran número de mujeres migrantes ha ido cambiando la esencia de la migración, y millones de Latino/Americanas se han movilizado hacia el Centro, es decir ha ocurrido una “recolonización” o “Reconquista”, encabezada mayormente por mujeres que por su circularidad entre Estados Unidos y Latino América, ha revertido por primera vez el camino de “asimilación” de grupos “étnicos” llegando a cuestionar las bases etnocéntricas del “sueño americano”.  Estos cambios a su vez nos han obligado a hacer una revisión de nuestro enfoque sobre la migración hacia la Metrópolis, utilizando como punto de partida el género y la “raza” de los sujetos versus los procesos anteriores de “asimilación étnica”.  Contrario a la experiencia anterior del migrante, que se enfoca en el sujeto masculino y que le lleva una a dos generaciones “americanizarse” y obtener el “sueño americano”, las mujeres migrantes han obtenido una mayor inclusión y participación en el mapa cultural y ecónomico de la economía global desde la primera generación ya que además de insertarse en la comunidad local receptora, en este caso Nueva York, han mantenido contacto fluído con las comunidades de orígen, transformando el proceso de asimilación.  En su libro, Local Histories/Global Designs, Walter Mignolo nos dice que “en la segunda mitad del siglo veinte el surgimiento del colonialismo global, administrado por corporaciones transnacionales, borró la distinción que era válida para las formas antiguas del colonialismo y la colonialidad del poder.  Ayer la diferencia colonial estaba allí afuera, lejos del Centro.  Hoy está en todas partes, en las periferias del Centro y en los centros de la Periferia” (2000:ix).  En una nueva transculturalidad cotidiana, las mujeres migrantes han reconquistado el espacio de la Metrópolis, fusionando el Centro con la Periferia, y transformando a la vez el discurso dominante de Estados Unidos con respecto a la migración y la etnicidad.  Dada la relación excluyente entre colonialidad/modernidad y desarrollo/estado-nación (Mignolo 2000), no es coincidencia entonces que la mayoría de los migrantes actuales esté constituído por mujeres; mujeres que “son” y “no son” de la nación, así como Latino América es y no es del Occidente ya que ninguna de las dos se ha beneficiado completamente del proyecto de modernización.  Bajo el dominio del sistema patriarcal y la expansión del capital global, ambas han sido desplazadas a los márgenes del “desarrollo” y la acumulación de capital e imaginadas como seres pacíficos o necesarios de “domesticar”.  Veamos los elementos históricos y los puentes económicos e ideológicos que contribuyen a una diáspora femenina.


El Orígen de la diáspora femenina obrera y el transnacionalismo “desde arriba”:

Durante la Ocupación de Estados Unidos en el país (1916-1924) se conformó un imaginario social del Caribe en base a la alteridad, es decir a la construcción del “otro dominicano”; el imaginario colonial obedecía nociones occidentales de racionalidad y progreso, y la dicotomía occidental entre “civilizacion” y “barbarie/primitivo”.  La representación de la mujer estaba limitada a objeto sexual de deseo, y siempre aparecían inocentes, con muchos niños, mostrando su potencial educativo y civilizador, paradas o sentadas, descalzas, frente a viviendas humildes, trabajadoras, y sumisas.  Imágenes como la de Herbert Kriegger legitimaron la transferencia de una autoridad patriarcal a otra, es decir de la colonial a la nacional (Ver foto 1). 

Históricamente el lugar que ha ocupado la mujer dominicana en los mercados locales y globales como mano de obra barata se debe a la relación imperial/colonial que Estados Unidos ha mantenido con Latino América y el Caribe.  Esta relación colonial/imperial ha determinado el transcurso, y algunas veces, el destino laboral de muchas mujeres obreras mientras las clases criollas fueron favorecidas por la Colonia y la conformación de las instituciones democráticas de la nuevas repúblicas.  En el ensayo, “Nuestra América”, José Martí ya nos había advertido de la corrupción al interior de las nuevas repúblicas, y su ensayo se convierte en un texto “fundacional” de la identidad nacional y regional latinoamericana en oposición y en complicidad con Estados Unidos (Laó Montes 2003).  Aún basándose en el proyecto modernista de desarrollo que articularon los intelectuales de esa época, José Martí supo defender los derechos de los “nativos” de América, campesinos, mujeres, negros e indígenas, con la visión de establecer una democracia popular que le hiciera frente al colonialismo y al imperialismo norteamericano emergente, y que desarrollara un conocimiento Latinoamericano propio, como él mismo escribió: “la universidad europea ha de ceder a la universidad americana” y “nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra”.  Pero al estar arraigado en la corriente positivista que influyó su pensamiento, es decir en la racionalidad y el progreso del s.XVI, el mismo Martí se demuestra ambivalente cuando describe a las masas “incultas”, “tímidas” y “perezosas” o al “criollo exótico”, debilitando su retórica y proyección, las cuales se asemejan a los discursos de la época que truncaron el desarrollo propio del Caribe y Latino América (Weyland 2004b).    

En el caso dominicano, por ejemplo, la intervención norteamericana a principios del siglo veinte llegó a impedir el desarrollo de un sector industrial femenino que sólo logró expandirse con el surgimiento de las Zonas Francas en la segunda mitad del siglo XX y con la exportación de mano de obra barata femenina.  Los procesos coloniales/imperiales que se dieron antes de la incorporación de mujeres a las Zonas Francas y en las factorías de Nueva York fueron resultado de políticas públicas y de acuerdos entre el gobierno local y el gobierno de Estados Unidos, representado en ese entonces por las fuerzas militares que tenían intervenido el territorio dominicano.  Este conjunto de políticas se ocuparon sútilmente de mantener a la mujer como una miembra agregada a los proyectos de desarrollo nacional.  Posteriormente, durante la dictadura de Leónidas Trujillo (1930-1961), la mujer dominicana fue excluída aún más violentamente de los procesos sociales y políticos de la nación, silenciando su contribución por un lado, y delimitando las labores de las primeras “feministas” a labores sociales.  En su novela, In the Time of the Butterflies (1995) Julia Alvarez relata el asesinato de las Hermanas Mirabal por su resistencia a la ideología oficial trujillista.  A pesar de esta situación de represión y censura, algunos logros se consiguieron en el marco de la dictadura de Trujillo, entre ellos el voto para la mujer.  Sin embargo, era notorio el carácter patriarcal de ésta primera mitad del siglo XX, apoyado tanto por el gobierno ocupacional norteamericano como las instituciones locales, cuya ideología se reflejaba especialmente en el sistema educativo y en los sectores laborales de la mujer trabajadora (Guerrero 1991).  Debido a una fuerte división entre lo público y lo privado, heredada de la visión educativa y religiosa del siglo XIX, la labor de la mujer que trabajaba fuera del hogar todavía era considerada una extensión del hogar, es decir, que a pesar de la transcendencia de su trabajo en la economía nacional, éste pertenecía al ámbito doméstico por sus características manuales y de servicio y por lo tanto no era debidamente reconocido o remunerado. 

A finales del siglo XIX y durante la primera mitad del siglo veinte, era común que las escuelas enseñaran a las mujeres labores domésticos que requerían destreza manual, como por ejemplo, cocinar, planchar, limpiar y particularmente coser, limitando el futuro desenvolvimiento de la mujer dominicana, en particular la mujer obrera .  Además de las instituciones gubernamentales, la iglesia católica también dio un fuerte apoyo a ésta ideología de dependencia patriarcal en cuánto a lo referente a la socialización y educación de la mujer, sustentando tanto el régimen ocupacional como dictatorial.  Tan temprano como en el 1900, la industria textilera era el sector económico más importante para la mujer dominicana que dominaba su fuerza de trabajo con 5,332 trabajadoras de un total de 202,807 (Guerrero 1991).  Las obreras trabajaban en talleres de costura y comercios a pequeña escala al igual que en talleres del estado que producían para la armada; muchas más trabajadoras laboraban desde sus casas y aunque no tenemos un número exacto, probablemente este sector era el sector laboral más extenso en esa época, comparado quizás con el sector femenino campesino y con las demás obreras quiénes tenían una relación precaria con el mercado local. 

A pesar del gran número de trabajadoras textileras, en talleres y del hogar, el control norteamericano sobre las políticas de impuesto durante los ocho años de ocupación truncaron el desarrollo de la industria textilera dejando entrar productos manufacturados desde Estados Unidos, entre ellos ropa, zapatos y carteras.  Después del Acto Impositivo del 1919 que permitió que Estados Unidos se convirtiera en el exportador principal de productos industriales, la producción local se redujo, desplazando la labor de muchas costureras.  La subcontratación de obreras que trabajaban desde la casa se convirtió en la forma dominante de trabajo femenino en la industria textilera.  Y mientras la producción nacional fue desplazada más y más hacia el interior del área doméstica, el hogar continuó siendo el sitio de producción marginal, minimizando la importancia de objetivos nacionales de desarrollo, en particular aquellos que beneficiarían a las mujeres como el fortalecimiento de una clase obrera femenina.  La organización de la fuerza laboral de la mujer, centrada alrededor de una producción local y no de capital extranjero fue bloqueada.  Este proceso colonial/imperial contribuyó aún más a la baja remuneración y a la inestabilidad del trabajo de la mujer en ese entonces.  Por otro lado, la reducción de la producción en el sector nacional como resultado de las políticas norteamericanas no sólo redujo las posibilidades de la organización laboral del trabajo de la mujer sino que contribuyó a una crisis en la producción en las primeras etapas de la industria textil manufacturera, dejando abierta las puertas a la importación masiva de productos originarios de Estados Unidos . 
Además de éstos cambios estructurales, también hubo serias transformaciones a nivel ideológico que tuvieron un impacto en la educación formal de la mujer obrera y también en los marcos de referencia a los que ella estaba expuesta en su trabajo y círculos sociales.  A principios de 1920, mientras la industria textilera sufrió una baja en producción por la entrada masiva de productos importados de Estados Unidos, el gobierno militar norteamericano reestructuró el sistema educacional y los talleres de labores y costura pasaron a convertirse en Escuelas Vocacionales para Señoritas.  Según la normativa de esa época, allí la mujer aprendía actividades tradicionales como cocinar, planchar, y coser, y producía para el mercado internacional al mismo tiempo, tanto desde las escuelas como de la casa .  El gobierno militar dio becas a jóvenes y construyó escuelas a través del territorio nacional, fortaleciendo así la ideología educacional dominante a través de la cual las mujeres eran instruídas en labores femeninas y economía doméstica.  Que la educación formal de la mujer era una prioridad secundaria en el desarrollo nacional del país estuvo claro en 1921, cuando la economía dominicana entró en una grave crisis económica y una nueva ley estipuló que algunas de las Escuelas Vocacionales fueran cerradas (Guerrero 1991:83; 1993).  La cancelación de escuelas redujo aún más las pocas oportunidades que quedaban en la industria textilera y la demanda de mujeres profesionales que enseñaban en las escuelas, desplazando a la mujer de la esfera laboral pública, que a su vez significaba menores beneficios y organización. 

En República Dominicana, durante ésta misma época, la penetración cultural del Imperio materializada en la importación masiva de productos estadounidenses y en la propaganda de los mismos tuvo cambios profundos en los patrones culturales de los dominicanos y dominicanas, sobre todo de las élites, quiénes se ajustaban a la idea que “lo de afuera es mejor que lo local,” cambiando su gusto de la cultura europea o europeísmo, que había dominado desde el siglo dieciseis hasta el diecinueve, por la emulación de los estilos de vida norteamericanos.  Este cambio ideológico de cierta forma surge de los programas de ayuda social por parte del gobierno de Ocupación y de los estilos de vida propios de las familias de Estados Unidos dueños de plantaciones de azúcar quiénes a menudo viajaban o vivían gran parte del año en República Dominicana .  Durante los años 1920, los productos de Estados Unidos, en particular aquellos asociados a la moda, se convirtieron en los nuevos símbolos de estatus y prestigio que sólo las élites transnacionales (extranjeras y dominicanas) podían tener acceso.  La propaganda estadounidense, representada por frases como “¿Quieres ser un deportista?” o “¿Quieres ser un campeón del buen gusto?” ser convirtieron en la referencia cultural de muchos dominicanos y dominicanas (Citadas en Guerrero, 1991: 45).  Por primera vez, la moda fue introducida como un significador social que distinguía las diferencias sociales entre los que vivían en la ciudad y los que vivían en el campo y que no tenían acceso a esos nuevos símbolos de poder .  Por primera vez también, el campo perdió el prestigio que anteriormente había tenido debido a que había sido considerado siempre como la base principal de la economía local, no tanto en base a las plantaciones de azúcar que han estado mayormente dominadas por el capital extranjero, sino más bien por la producción de tabaco, cacao y café.  Esta es una producción a menor escala que se ha dado principalmente en la Región del Cibao y está caracterizada por una distribución más democrática y equitativa de la tierra y de las ganancias (Turits 1997) donde la mujer ha ocupado un rol principal en el cuidado del conuco y la producción para consumo familiar y para el mercado local .

La relación colonial/imperial entre el capital estadounidense y la mano de obra femenina dominicana durante la primera mitad del siglo veinte entonces tuvo grandes implicaciones económicas e ideológicas para las mujeres quiénes se vieron incluídas en procesos globales de dominación y al mismo tiempo excluídas de proyectos de desarrollo nacional que le hubieran otorgado a la mujer una mayor participación en mercados laborales locales y una mayor valorización de su trabajo tanto a nivel local como global.  Como resultado de ésta dinámica transnacional “desde arriba”, los cambios estructurales en la economía local truncaron la contribución de la mujer agricultora a la economía familiar y a las nuevas economías de mercado local, obligándola a abandonar el campo y a trasladarse a la ciudad .   En su estudio sobre la inserción femenina a mercados de trabajo, Marina Ariza determina que la migración no es en sí misma una variable en la inserción femenina laboral, ya que hay otros factores que inciden en el trabajo de las mujeres como la edad, la inestabilidad marital y/o situación conyugal, los hijos, la jefatura de hogar, y la educación, entre otros.  Sin embargo, en su estudio en las ciudades de Santiago y Santo Domingo, ella llega a la conclusión que la migración “promueve una actividad económica más intensa en las mujeres”, particularmente en mujeres menos escolarizadas (Ariza 2000:205).  Como otras autoras han señalado (Fernandez-Kelly 1983; Arraigada 1992), el capital transnacional urbano atrae el trabajo de la mujer por su bajo costo, despojando a las mujeres de sus formas tradicionales de supervivencia e incrementan el número de ellas en búsqueda de trabajo en sectores específicos como la industria manufacturera o el servicio doméstico en zonas urbanas.  Ya para los años ochenta, cuando la economía dominicana entró en recesión, se concentraba el 44 por ciento de la fuerza laboral femenina en las ciudades, agudizando los problemas estructurales y laborales, entre ellos, el subempleo y la expansión del sector informal.  A su vez, esta situación provocó la caída del ingreso real de los trabajadores aunque compensada ésta por una crecida diferenciación del ingreso urbano con el rural en más de un 70 por ciento (Ariza 2000).  Entonces vemos que en base a las políticas ya establecidas a comienzos de siglo, y como resultado de una penetración ideológica-cultural del capital norteamericano imperial, el sector femenino de la economía dominicana se ha organizado hacia el sector de servicio exportador, particularmente las Zonas Francas, la agroindustria y el turismo, donde la migración de la mujer ha jugado un papel importante a nivel económico y de movilidad.   Por otro lado, estos sectores se han convertido en los nuevos ejes del crecimiento económico, desplazando las oportunidades de desarrollo local rural-urbano y el prestigio que anteriomente tenía el trabajo en el campo.  A su vez, estos cambios tuvieron un impacto muy fuerte en las familias, incrementando el anhelo, en particular de las mujeres, de trasladarse a las ciudades de Santo Domingo y de Nueva York. 

Mientras entre los años 1857 y 1929 en Estados Unidos, la migración masculina de orígen Europeo superó a la femenina en todos los años menos uno, a partir de los sesenta más de la mitad de la migración ha estado constituída por mujeres (Houston et. al. 1984).  En el caso de República Dominicana, entre los años 1962 y 1994, la mujer dominicana migrante superó a su contraparte masculino llegando  a un promedio entre 50 y 60 por ciento por año del total de migrantes durante décadas (Ver Tabla 1).

Tabla 1
Número de “inmigrantes” y su distribución en porcentaje por sexo
Año            % Distribución por Sexo   
    Hombres    Mujeres    Hombres    Mujeres
1960    NA    NA    NA    NA
1961    NA    NA    NA    NA
1962    2,099    2,504    45.6    54.4
1963    4,662    6,021    43.6    56.6
1964    3,314    4,223    43.1    56.9
1965    4,290    5,214    45.1    54.9
1966    7,150    9,353    43.3    56.7
1967    4,709    6,805    40.9    59.1
1968    4,083    5,167    44.1    55.9
1969    4,845    5,825    45.4    54.6
1970    5,072    5,735    46.9    53.1
1971    5,963    6,661    47.2    52.8
1972    5,087    5,673    47.3    52.7
1973    6,570    7,371    47.2    52.8
1974    7,567    8,113    48.3    51.7
1975    6,639    7,427    47.2    52.8
1976    5,714    6,812    45.6    54.4
1977    5,191    6,464    44.5    55.5
1978    9,355    10,103    48.1    51.9
1979    8,868    8,651    50.6    49.4
1980    NA    NA    NA    NA
1981    NA    NA    NA    NA
1982    8,036    8,914    47.4    52.6
1983    10,086    11,250    47.3    52.7
1984    11,220    11,927    48.5    51.5
1985    11,503    12,284    48.4    51.6
1986    12,720    13,455    48.6    51.4
1987    11,860    12,998    47.7    52.3
1988    13,272    13,917    48.8    51.2
1989    12,827    13,896    48    52
1990    21,289    20,902    50.5    49.5
1991    22,184    19,219    53.6    46.4
1992    20,583    21,386    49    51
1993    21,942    23,477    48.3    51.7
1994    24,868    26,321    48.6    51.4
               

Exclusión e invisibilidad de la mujer migrante en los debates de la globalización.

A pesar que casi el sesenta por ciento de la migración contemporánea de orígen caribeño/latinoamericano está constituida por mujeres (Tienda et. al. 1984), la ausencia de una visión de género en las investigaciones sobre la migración se le puede atribuir a una variedad de factores, pero en especial es causada por demógrafos y economistas que ven a los y las migrantes como mano de obra barata y miden la migración sólo en base a las oportunidades económicas, sin embargo no ven a la mujer como un ente productivo capaz de dejar a su familia para integrarse a mercados laborales “internacionales”, enfocándose entonces en las contribuciones económicas de los varones migrantes (Piore 1979; Tienda et.al. 1984).  También se debe a que muchos de los primeros estudios sobre la migración están basados en el programa de braceros mexicanos entre 1940 y 1960, asumiendo entonces que la mayoría de migrantes Latino/Americanos son de orígen mexicano, masculinos y que vienen a Estados Unidos temporalmente.  Otros estudios (INSTRAW 1994) indican que encuestas realizadas a hogares migrantes influenciadas por la perspectiva económica, no han tomado en cuenta la participación de la mujer porque ven al hombre como el jefe de familia responsable por tomar las decisiones económicas, y muchas veces en los Censos son ellos los que responden por la familia entera.  Estos enfoques, principalmente el que prioratiza el factor económico como motivo para emigrar, invisibiliza la participación de la mujer en las migraciones y no reconoce sus contribuciones, aún en casos como el de República Dominicana donde la migración femenina ha llegado al 60 por ciento del total (Weyland 1999).

Para mejor entender la experiencia migratoria dominicana entonces es necesario enfocarse en el estudio de la mujer y comenzar a visualizar que como resultado directo de la migración, la mujer dominicana ha podido revertir muchas de las imágenes que se tenían de la mujer en el siglo XIX y comienzos del siglo XX, rompiendo con las relaciones coloniales/modernas, y dando lugar a nuevos significados de su comportamiento laboral, familiar y comunitario. 
 
Al trasladarse a Nueva York, muchas mujeres migrantes han tenido oportunidad de reflexionar y actuar sobre la problemática de género, emergiendo como nuevos actores sociales en la creación de soluciones.  Muchas veces estas soluciones dependen de una nueva vida “al borde”, es decir transnacional, la cual le provee de mayores libertades y logros personales.  Otro cambio directo de la migración ha sido que en Nueva York ha habido también un aumento de la mujer como jefa del hogar; según estudios de Ramona Hernández, catedrática de la Universidad de Nueva York CUNY, el 38% de los hogares dominicanos en Nueva York está encabezado por mujeres, factor que según la investigadora contribuye a la pobreza de la comunidad dominicana en Nueva York .  Sin embargo estas conclusiones le restan importancia al rol que los hogares de jefas de familia han tenido en la economía nacional y/o en el proceso migratorio.  Como dice Susan Brown (1972; 1977) en su estudio de familias de escasos recursos en Santo Domingo, estos hogares proveen a la mujer de mayor flexibilidad y autonomía, modalidades necesarias para desarrollar estrategias de supervivencia, tanto en la familia no migrante como en la migrante. 
La expansión del rol social de la mujer latina debido al traslado o migración nos lleva a reflexionar sobre sus motivaciones para emigrar, y podemos asegurar que la falta de visibilidad y reconocimiento de la mujer históricamente, tanto en el plano familiar como laboral están ligados directamente con el crecimiento de las migraciones de mujeres.  Los tres debates existentes sobre la globalización (alcance e inevitabilidad, resistencia local y complicidad) presentados en la primera sección de este ensayo comprueban que las mujeres han aprovechado la nueva coyuntura global/local para romper con la dominación patriarcal tradicional y con la colonialidad/modernidad del poder.  La apertura cultural y económica en los tiempos de globalización son en parte responsables de estos cambios, favoreciendo no sólo el avance económico de la mujer dominicana sino también su desenvolvimiento  social y crecimiento personal, no sólo a nivel individual sino también comunitario como veremos en las imágenes siguientes.

Recurriendo a un nuevo capital social, es decir a los contactos de familiares y amistades en el lugar de origen y de llegada, la mujer migrante ha creado las redes necesarias para sostener un hogar transnacional, maximizando sus recursos y ajustando los valores de aquí y de allá.  Este nuevo capital social y económico, sin embargo está acompañado de mucho sacrificio e inestabilidad familiar.  Sin embargo, muchas mujeres ponderan la posibilidad de expandir sus oportunidades, como por ejemplo esta mujer migrante explica las ventajas de vivir en una Ciudad “global” donde siempre hay un flujo constante de trabajos, dinero y oportunidades para el negocio y la vida transnacional:
En Nueva York siempre encuentro la forma de ganar dinero y eso me hace sentir más independiente que mis hermanas en la República Dominicana.  Por ocho años he trabajado en el sector textilero, ya sea cosiendo o limpiando hilos, y me he ganado un promedio de U$200 a la semana, en contraste con 200 pesos a la semana si me hubiera quedado en la República Dominicana.   Además de eso, siempre estoy buscando algo extra para hacer, haciendo comida para vender, o trayendo cosas desde “allá” para vender “aquí”, o también administrando un sans entre amigos y conocidos.  En Nueva York el dinero aparece rápido, y hay más oportunidades para ganar dinero tanto para los hombres como para las mujeres (Milagros)

Al igual que Milagros, muchas mujeres migrantes comentan sobre los beneficios de trabajar en Nueva York y enviar remesas a su familia, haciendo rendir más los salarios:
Siempre que podía, hacía dos tandas para cobrar el doble y ganar más dinero para enviárselo a mi hermana para que pague el colegio de mi hijo.  Nunca lo hubiera podido enviar a un buen colegio con el dinero que ganaba en la República Dominicana limpiando oficinas.  Allí ganaba en un mes la mitad de lo que yo le pagaba de escuela desde “aquí” (María). 

Como vemos, la migración amplía los roles sociales de la mujer, es decir, el nuevo salario de la factoría ayuda a construir un nuevo capital pero no cambia completamente los roles asignados a las mujeres ya que muchas de ellas siguen haciendo los mismos trabajos y además asumen el rol de administradora y proveedora del hogar.  Lo que realmente cambia es el valor que se le atribuye a las remesas y al trabajo que las mujeres envían y hacen desde “allá”.
    De esta forma, la mujer migrante ha traído muchos avances a sus comunidades, tanto en Nueva York como en República Dominicana, contribuyendo al desarrollo comunitario y la democratización de la cultura y espacios públicos.

El deterioro de la economía neoyorkina para finales de los ochenta, al igual que el incremento de la violencia debido a la expansión de un mercado abierto de distribución de drogas, afectó la posición de la mujer quién se había ganado un nueva valorización de su trabajo en la factoría, y ahora tenía que asumir otro tipo de trabajo en el área de servicios, mucho más competitivo, o enfrentarse al desempleo y la ayuda social; el incremento de embarazos de adolescentes también fortaleció los lazos de mujeres jóvenes al estado del cual recibían cupones y cheques de la Oficina de Ayuda Social.

De esta coyuntura económica y política, nace la idea en los ochenta de crear un Centro para el Desarrollo de la Mujer Dominicana, fundado y dirigido desde 1988 por la líder comunitaria Rosita Báez para mejorar la calidad de vida de la mujer en Washington Heights, como ella expresa: “El Centro es un proyecto que se lleva a cabo en los hogares de las mujeres de Washington Heights.”  Politizando la esfera privada y rompiendo con la división colonial/nacional de lo público y lo privado, Rosita valora el “hogar” como espacio  contestatario donde la mujer migrante acumula las preocupaciones de la vida cotidiana.  Otra colega de Rosita Báez, Antonia Cruz nos cuenta: “Necesitábamos un lugar donde compartir como compañeras y amigas y donde pudiéramos discutir la situación en que muchas mujeres vivimos. Eramos nueve mujeres que nos reuníamos para decidir que tipo de organización queríamos fundar y en que dirección queríamos ir.”  Antonia nos explica que muchas organizaciones orientaban sus preocupaciones hacia Santo Domingo y ellas querían un “lugar” para “abordar la crianza de hijos e hijas en Nueva York, y enfrentar los problemas que significaba ser Latina, negra e inmigrante.”  Los testimonios de la mayoría de las líderes comunitarias femeninas demostraron, más que los hombres, una sensibilización por temas de la identidad, en particular el “ser mujer migrante” como expresa Rosita:

Las mujeres inmigrantes están obteniendo más oportunidades en este país; creo que esto es un fenómeno histórico sujeto a una realidad económica ya que la economía de Estados Unidos está organizada alrededor de la mano de obra barata.  Nuestras mujeres proveen eso, pero en el proceso también hay un empoderamiento porque ellas logran su independencia económica y una mejor educación.  Sin embargo, hay un gran número de mujeres que están oprimidas y que son explotadas, como por ejemplo en las factorías, en los restaurantes y las que trabajan atendiendo personas en las casas.  Estos trabajos tienden a pagar muy poco y tienen muy pocos beneficios (Rosita Báez).

El ser “mujer migrante” en la Ciudad de Nueva York, como afirma Rosita Báez, es ventajoso pero implica mucho sacrificio.  Por lo tanto, podemos concluir que empoderamiento de la mujer que resulta del proceso migratorio trae consigo rasgos de opresión y explotación que sólo cambiando el sistema actual desde abajo, es decir descolonizando el proyecto de modernidad/colonialidad, podremos superar y alcanzar una visión más humana del desarrollo y la convivencia entre comunidades y naciones.  

Dado lo expuesto anteriormente, veamos como relacionamos lo logros de la mujere migrante, es decir su nuevo capital económico y social, y los aportes que ha hecho a sus comunidades de origen y destino con el movimiento feminista.  ¿De qué forma han contribuído las mujeres migrantes a los “viejos” y “nuevos” feminismos?  En lo que refiere a la categoría de género, hablar de un feminismo “global” o “nacional” ha traído numerosos cuestionamientos a la validez del movimiento de mujeres, prefiriendo las mujeres identificarse con los feminismos locales, de la misma comunidad o barrio, por ejemplo, así como prefieren identificarse con las identidades que mejor reflejen sus experiencias diarias, ya sea ésta “latina”, “negra”, “índigena” o “mujer migrante”.  Como crítica a Robin Morgan, autora de Sisterhood is Global (1984), Amrita Basu en su libro, The Challenge of Local Feminisms, argumenta que los movimientos de mujeres son producto de las influencias globales y locales, más que de políticas de desarrollo y modernización negociadas entre organismos internacionales y los respectivos gobiernos, y que a pesar que la mayoría de los feminismos han estado dirigidos por mujeres de clase media, particularmente en Latino América (Bose y Acosta-Belen 1995; Saffa 1995b), hay muchas mujeres de bajos recursos que han participado en activismo comunitario de base y redes de solidaridad internacional que hoy día constituyen movimientos de mujeres sólidos y resistentes y que han contribuido enormemente a los encuentros de mujeres locales y de conferencias globales al igual que son parte de proyectos nacionales de desarrollo, particularmente a partir de la década de los ochenta con la ayuda financiera de organismos internacionales que han institucionalizado y burocratizado muchos de estos esfuerzos de base como parte de políticas de desarrollo nacional (Basu 1995:2).  La misma autora distingue al feminismo, a veces prejuiciado por sus perspectivas nacionales y de clase, de las luchas de resistencia de mujeres y define a los “movimientos sociales de mujeres” como una gran variedad de luchas en contra de la desigualdad de género, que pueden ser locales o nacionales, afiliados a partidos políticos o no, a movimientos nacionalistas/dictatoriales o no, de corta o larga duración, y que pueden constituirse en coaliciones de varias clases o de una base social más estrecha, o de redes informales (Basu 1995:3-10), como el caso de los movimientos sociales identitarios de las Madres de Plaza de Mayo en contra de la dictadura argentina.  En el caso de las mujeres Latinas/dominicanas en Nueva York, las luchas de resistencia comunitaria a partir de las políticas implantadas por las instituciones públicas como la Policía, la Oficina de Ayuda Social y la Oficina de Inmigración, han sido quizás los feminismos locales más fuertes en la comunidad de Washington Heights.  Debido a su especificidad histórica y a su contexto comunitario, los movimientos locales de resistencia de mujeres latinas/dominicanas generalmente reconocen la heterogeneidad y la diversidad que no ofrecen los feminismos globales, dando paso a una transformación “desde abajo”.  Ya las mismas mujeres migrantes encuentran difícil separar lo subalterno de lo local, y mientras no pueden escapar la inevitabilidad del proceso de dominación colonial/moderno, si pueden transformar sus luchas sociales, adaptando, rechazando o integrando los diseños globales a sus agendas locales, y aumentando así sus formas de participación y visibilidad.  Como mujeres migrantes, este proceso se facilita aún más por la movilidad inherente a las comunidades transnacionales, convirtiéndose el traslado o la movilidad en una estrategia viable de descolonización que trasciende los procesos soberanos del estado-nación.

Las estrategias de descolonización, particularmente la flexibilidad entre el “aquí” y el “allá” dan paso a la acción solidaria transnacional a través de la cual las mujeres migrantes expanden sus roles y redes sociales, mientras que los envíos, las llamadas y visitas frecuentes, y la vida “entre dos mundos” en general comienza a imponerse como “un bolsillo de esperanza”.  Las nuevas formas de pensar en la supervivencia familiar incluyen el reuso, la recategorización, y la deterritorialización de los discursos dominantes, posicionándose entonces en contra de las estructuras rígidas de la nación y la modernidad.  La “cultura mundo” de Wallerstein debe hacer lugar a la intensificación de “lo local” y a las luchas políticas localizadas, aún cuando estas representen un nivel primario de agencia o empoderamiento colectivo, quizás hasta segregado y fragmentado pero con potencial para coaliciones regionales y agendas transnacionales lideradas por organizaciones y movimientos supranacionales.  En algunos países como México, ya están trabajando estas alianzas descolonizadoras entre residentes mexicanos en Estados Unidos y los gobiernos federales y municipales para avanzar las necesidades de una gran parte de la población mexicana que colabora con organizaciones y federaciones de mexicanos/as residentes en Estados Unidos.  En la conclusión hago algunas recomendaciones sobre la dirección en que las instituciones dominicanas a ambos lados de la frontera pudieran encaminarse para el beneficio tanto de las comunidades migrantes aquí y allá y para potencializar el capital social y los nuevos espacios de empoderamiento ya conquistados por las mujeres, particularmente si vemos a la migración como un “nuevo” movimiento social de mujeres.

Conclusión.

Para concluir, quisiera resaltar el impacto de la diáspora femenina y las ventajas de una visión de género transnacional sobre la migración:
    Participación de la mujer en un sistema transnacional socio-cultural y maximización de recursos a través de las fronteras, particularmente en términos de residencias, negocios y una mejor calidad de vida.
    Mayor participación de la mujer en la migración y en las luchas comunitarias—encargada de la reunificación familiar y el proceso migratorio.
    Mayor visibilidad de la mujer migrante y valorización de su trabajo a nivel local y global
    Politización del ámbito doméstico y comunitario—estrategias de supervivencia y creación del “hogar transnacional”.
    Alianzas transnacionales a nivel familiar/comunitario con potencial de cambio social, para dar lugar a una sociedad civil internacional.
    Reconceptualización de la ciudadanía, desde abajo y fuera de la nación, y conformación de un nuevo capital social y económico.
    Afirmación del transnacionalismo, es decir de los “procesos a través de los cuales migrantes forjan y sostienen relaciones sociales múltiples que unen sus sociedades de origen y de llegada, integrando dos idiomas, dos hogares y dos sistemas políticos, contribuyendo a ambos lados de la frontera”.

Además quisiera concluir con un listado de los desafíos al fortalecimiento de la
comunidad transnacional, aquí y allá, y algunas recomendaciones:

Desafíos: