"Algunos apuntes sobre la violencia hacia las mujeres
en Puerto Rico y en República Dominicana"

Por Adriana M. Mulero Claudio

 


I. Introducción


Me matriculé en el curso “Género y Migración en el Caribe” en la Universidad de Puerto Rico –a cargo de la profesora Karin Weyland- porque, a pesar de haber estado interesada en el tema del género desde hace varios años, era muy poco lo que conocía sobre la opresión hacia las mujeres y la situación de los migrantes en la región del Caribe. La mayor motivación nació del viaje que habíamos de realizar hacia República Dominicana y Haití. En dicho viaje pude conocer varios aspectos de República Dominicana y Haití que antes desconocía. Aunque ésa no fue la primera vez que viajé a República Dominicana, puedo decir que, al menos, es la primera vez que aprendí a conocer mi país vecino. Lo único que puedo atesorar de mi primer viaje a República Dominicana es el relato que me hizo un taxista sobre las hermanas Mirabal. Del viaje que realicé como parte del curso, atesoro haber conocido comunidades que resisten la ofensiva de un poder que quiere aniquilar su cultura, atesoro haber conocido grupos de mujeres dedicadas al trabajo comunitario y atesoro haber conocido grupos de niños y niñas con un talento incalculable. También atesoro haber recorrido las calles de Santo Domingo, haber tratado con su gente, haber visitado sus museos y universidades. Y sobre todas las cosas atesoro la visita al mercado fronterizo. Ahí pude constatar que la esclavitud todavía existe y que la explotación es desmedida. Ahí pude ver mujeres, hombres, niños y niñas trabajando incluso hasta contra el tiempo, pues un minuto que se pierde sin trabajar le da fortaleza a esa bestia que llamamos hambre. Después de todas estas experiencias, puedo declarar que el viaje a República Dominicana y Haití no fue sólo un detonador de conciencia, fue también un incentivo para seguir explorando el tema de la violencia contra las mujeres desde una perspectiva de clase, raza y género. Por lo mismo, centraré mi trabajo en la violencia contra las mujeres en Puerto Rico y República Dominicana partiendo del Día Internacional en Contra de la Violencia hacia las Mujeres. Dedico este trabajo “a las mujeres del mundo” que han decidido romper con las estructuras que las oprimen.

II. Día Internacional en Contra de la Violencia hacia las Mujeres

 En el primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y del Caribe que fue llevado a cabo en Bogotá (Colombia) en 1981, se declaró el 25 de noviembre como Día Internacional en Contra de la Violencia hacia las Mujeres en honor a las hermanas Mirabal: Patria, Minerva y María Teresa. Estas valientes mujeres participaron en actividades revolucionarias a favor de la democracia y la justicia. Fueron violentamente asesinadas en 1960 por mandato del dictador Trujillo. Sus destrozados cuerpos fueron encontrados al fondo de un precipicio. Sin embargo, ésta no es la única historia detrás del 25 de noviembre de 1960:  
Ya en esa fecha, mucho antes de que las instituciones y los gobiernos se pusieran a trabajar contra la violencia, las mujeres latinoamericanas denunciaron la violencia de género como una realidad sistemática que abarcaba desde agresiones domésticas a violaciones, desde tortura sexual a violencia de Estado, incluyendo abusos a mujeres prisioneras políticas. Dieciocho años después, en 1999, Naciones Unidas reconocía oficialmente el 25 de noviembre como Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres (1)
Para evidenciarlo mejor, vale la pena mencionar el surgimiento de una campaña internacional que ha tenido un alcance asombroso: los 16 Días de Activismo en Contra de la Violencia hacia las Mujeres. Esta campaña comienza en 1991 gracias al esfuerzo del Centro de Liderazgo Global de las Mujeres. El mérito de la campaña radica en la importancia de asumir la violencia hacia las mujeres como una violación de los derechos humanos. Es por eso que la campaña comienza el 25 de noviembre y termina el 10 diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos. En el transcurso de ese período, se recogen fechas que deberían estar grabadas en nuestra memoria colectiva. El Día Internacional de Lucha contra la Mutilación Femenina, celebrado el 29 de noviembre, así como el Día Internacional de Lucha contra el Sida, celebrado el 1 de diciembre, y el 6 de diciembre como aniversario de la Masacre de Montreal, no son tan sólo fechas: son dolorosas huellas de la opresión que sufren las mujeres a nivel mundial.

En el año 2005 se celebró por primera vez -en el ámbito universitario- dicha campaña. Este esfuerzo fue realizado por el Comité Educativo en Contra del Discrimen por Razón de Género con el propósito de exponer el tema de la violencia hacia las mujeres como un problema social que afecta tanto el desarrollo de aquellas mujeres que sufren violencia como de aquellas personas que las rodean, ya que el ambiente en el que crecen funciona como una cadena de violencia muy difícil de romper. La actividad que dio comienzo a la campaña fue la realización de un mural en la pared del Archivo Central de la Universidad de Puerto Rico el día 23 de noviembre. El contenido escrito del mural era el siguiente: “El silencio te hace cómplice. La violencia doméstica es un problema que nos afecta  a todos” Y el diseño consistía de tres elementos: el rostro afligido de una mujer negra y el de una niña y un niño temerosos. Aunque el mural tuvo una excelente acogida, la administración universitaria insistía en catalogarlo como un acto de vandalismo. En el periódico “El Nuevo Día”, el 1 de diciembre de 2005, se cubre dicha polémica:
El comité denunció que a pesar de la importancia del mensaje, la administración universitaria tiene la intención de borrarlo. Para el grupo, eso sería un intento de coartar la expresión pública en el recinto y una muestra de la “histórica negación” a aceptar que en la universidad ocurren casos de la violencia hacia la mujer (El País, 21) (2) .
La denuncia de la intransigencia de la administración universitaria y de la importancia del mensaje tuvieron un resultado favorable pues el mural pudo permanecer en su sitio durante una cantidad de tiempo razonable. Sin embargo, tiempo después, el mural fue vandalizado –entre muchos otros- por algunos miembros de la Juventud Universitaria Popular a nombre de la Juventud Pro Estadidad, con el objetivo de crear un rencilla partidista en la Universidad que le quitara el foco de atención a las denuncias en contra de los abusos del Partido Popular hacia la clase trabajadora. Los principales responsables de estas acciones son Samuel Donato y Noel García, quines fueron vistos dañando con tinta azul el mural y dibujando una x en la boca del rostro de la niña. Esta acción es un indicio de la indiferencia que existe en torno al maltrato hacia la mujer y pone sobre el tapete el intento por acallar las voces de protesta en torno a esta situación. En la asamblea del 19 de abril del 2006, el Comité –que para entonces pasó a conocerse como Masfaldas- exigió la destitución de Samuel Donato de las estructuras del Consejo General de Estudiantes y dicha moción fue aprobada por la mayoría.

Por otra parte, el 23 de noviembre de 2006 me encontraba en lugar diferente aunque el propósito no era diferente al que tenía cuando participé de la creación del mural. Ese lugar diferente era el mercado fronterizo en la parte norte de República Dominicana y Haití.  Ahí pude participar, como parte del viaje, de una marcha en conmemoración del Día Internacional en Contra de la Violencia hacia las Mujeres organizada por Solidaridad Fronteriza & Solidarite Fwontalye. Solidaridad Fronteriza es una institución que sostiene lazos con organizaciones comunitarias de la frontera norte dominico-haitiana y con los obreros migrantes en la región noroeste de República Dominicana. El trabajo de Solidaridad Fronteriza ha sido de vital importancia en la lucha por lograr que los seres humanos tengan las mismas oportunidades sin importar su sexo, raza y/o nacionalidad. Lo más que me impresionó de esta institución fue la labor de mujeres como Altagracia Tapia, quien se ha dedicado a romper con los mitos y prejuicios que impiden una mejora en la calidad de vida de las mujeres (3). En la marcha del 23 de diciembre, pude compartir con diferentes personas y hasta intercambiar experiencias al ritmo de una canción que nos acompañó durante todo el trayecto

Mujer si te han crecido las ideas, de ti van a decir cosas muy feas. Que no eres buena, que si tal cosa, que cuando callas, eres mucho más hermosa. Mujer, espiga, flor, camino, cadena de eslabones viejos, ovarios fuertes, di lo que valen. La vida empieza donde todos somos iguales. Patria, Tingo, Teresa, Minerva, mañana es tarde y el tiempo apremia.
Todo esto comprueba que hay un trecho de solidaridad entre el mural en contra de la violencia doméstica realizado en Puerto Rico el 23 de noviembre del 2005 y la marcha en contra de la violencia hacia las mujeres en la frontera de Haití realizada en el 2006 de esa misma fecha. Es decir: cuando se lucha, siempre existe la posibilidad de establecer lazos de solidaridad porque la lucha por una sociedad mejor no es una lucha regional, es una lucha internacional que se ha venido librando desde diferentes frentes y perspectivas. Lo importante es que este tipo de lucha abre camino para ir cosechando nuevos frutos.

III. Aspectos recientes de la violencia hacia las mujeres en Puerto Rico
    
La violencia hacia las mujeres en Puerto Rico alcanza cifras alarmantes. Aunque a veces ésta se encubre bajo el manto del término “violencia doméstica” -como un intento, muchas veces premeditado, de relegar este tipo de violencia al plano de lo privado-  resulta cada vez más evidente que la violencia está dirigida, en la mayor parte de los casos, hacia las mujeres (4).  De acuerdo a una reciente publicación de la Oficina de la Procuradora de las Mujeres titulada La violencia en la relación de pareja: estudios de personas convictas por Ley 54:
Las estadísticas que se han venido recopilando desde 1990 evidencian que anualmente sobre el 85% de las víctimas/sobrevivientes de incidentes informados a la Policía de Puerto Rico son mujeres. Igualmente los asesinatos por violencia doméstica reflejan que la inmensa mayoría de las víctimas son mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas (Prólogo, i).
El Movimiento Socialista de Trabajadores se ha dedicado a profundizar el tema y en su Programa de Lucha de la Mujer señala -según las estadísticas ofrecidas por la Policía de P.R. para el primer trimestre de 1990- que:
La violencia dentro y fuera del hogar es uno de los problemas más grave que enfrenta la mujer sin distinción de edad, color, ni clase social. Se manifiesta desde formas sutiles como las bromas y palabras ofensivas, el hostigamiento sexual, hasta las más graves como el maltrato físico y el asesinato. Cerca del 33% de los asesinatos cometidos son contra mujeres y relacionados con violencia doméstica. El 60% de las mujeres casadas son víctimas de maltrato emocional o físico por parte de sus esposos. Las causas están relacionadas con la visión de la mujer como propiedad privada y objeto sexual cuyo deber es la obediencia y subordinación al hombre. El conflicto entre esta visión del rol de la mujer y los cambios que ha habido en la educación y en el empleo, los cuales han disminuido la dependencia de la mujer y su actitud pasiva, dan base a problemáticas agudas en la pareja tradicional.
Aunque se pueden reconocer algunos avances en la lucha contra la violencia hacia las mujeres, en nuestro país todavía existe un silencio fúnebre en torno a la opresión de la mujer en general. Las ayudas y las leyes que protegen a la mujer han aumentando pero, ¿ha aumentando de igual forma el nivel de conciencia colectivo sobre la crueldad a la que se ven sometidas las mujeres que sufren violencia por razón de género? ¿Se puede decir que el sistema jurídico puertorriqueño es eficiente a la hora de atender los casos de violencia hacia las mujeres?  Es necesario explorar las razones por las cuales una mujer maltratada prefiere el silencio antes que denunciar al maltratante. Hay que explorar también cómo es posible que una mujer maltratada, al romper el silencio, tenga que enfrentarse a juicios como: “yo no sé de qué se queja si se lo merece.” De faltar, faltan muchas cosas, como reconoce la Oficina de la Procuradora de las Mujeres más adelante en el prólogo de su publicación:

Faltan, sin duda, otras acciones que eviten la recurrencia, que eviten el modelaje nefasto. Falta, sobre todo, la erradicación de la impunidad. Falta conocer las fallas en la implantación del sistema jurídico y administrativo establecido. Falta conocer información más detallada y precisa para articular las medidas necesarias.     
La primera Conferencia sobre las Mujeres Trabajadoras del siglo XXI en Puerto Rico es uno de los eventos que ha ayudado a llenar estos vacíos. Esta conferencia se celebró el 14 de octubre de 2005 en el Colegio de Abogados con el objetivo de juntar esfuerzos para trabajar el tema de la opresión de las mujeres en los diversos ámbitos en que se desenvuelve socialmente. En dicha actividad participaron sectores gubernamentales, no gubernamentales y organizaciones políticas, estudiantiles, cívicas, feministas y sindicales. La Conferencia estaba dividida en diversos temas como la violencia hacia las mujeres, la doble jornada, la educación y la imagen de la mujer en los medios, la salud y la seguridad social para la mujer en la vejez. Yo tuve la oportunidad de participar del taller sobre violencia hacia las mujeres, del cual se recogieron las siguientes propuestas: realizar una campaña educativa en las instituciones -en especial en las escuelas y las universidades- contando con la participación de organizaciones estudiantiles,  incluir en el currículo el tema de la violencia en general y la violencia hacia las mujeres en particular, fomentar que las personas se voluntaricen para realizar trabajos en albergues y que se enmiende la Ley 54 para hacerla extensiva a parejas del mismo sexo.

Otro paso importante en el desarrollo de estrategias para erradicar la violencia hacia las mujeres es el surgimiento de organizaciones como Proyecto Matria, Inc. Esta organización está subvencionada con fondos de la Oficina de la Procuradora de las Mujeres. El Proyecto Matria tiene dos objetivos principales: subvencionar el pago de vivienda durante un período máximo de 18 meses a las mujeres que participen del programa y adiestrar a las mujeres para que puedan alcanzar una independencia económica. En otras palabras:
Hoy en día se han identificado el desarrollo económico y la vivienda como áreas de trabajo indispensables para mantener a las mujeres fuera del ciclo de la violencia doméstica. Los derechos al desarrollo y a una vida digna son derechos humanos. Desde julio de 2004, Proyecto Matria atiende a mujeres de toda la isla para darles una oportunidad de validar sus derechos y vivir en paz a través de sus dos programas: Alquimia y Gaia (Panfleto de descripción de Matria, en Caguas).
Aunque reconozco el mérito de algunas instituciones y organizaciones como Matria, me mantengo firme en la idea de la necesidad de propuestas radicales que cuestionen las raíces y posibles causas de la violencia hacia las mujeres. De esto, en Puerto Rico, hay una carencia bien grande. La lucha en torno a la mujer se ha institucionalizado. A pesar de los esfuerzos de organizaciones como el Movimiento Socialista de Trabajadores y Masfaldas, la lucha en torno a la violencia hacia las mujeres sigue necesitando  uno o varios programas educativos y militantes (bien articulados) que cuestionen las bases del sistema.

IV. Aspectos recientes de la violencia hacia las mujeres en República Dominicana

    
Si la violencia hacia las mujeres en Puerto Rico es alarmante, en República Dominicana “ha alcanzado niveles casi epidémicos” según el presidente de la Cámara de Diputados, Alfredo Pacheco. Para la conocida especialista en temas de género María Jesús Pola en su ensayo “El sistema de derecho dominicano y la violencia en pareja”: en el 2001, una investigación realizada por PROFAMILIA de los distritos judiciales de Santo Domingo y Santiago revela la cifra de 131 casos de feminicidios en el país, de los cuales el 70% responde a casos de intimidad (133). Las cifras son alarmantes y parece ser un problema que se agiganta. De acuerdo al periódico El País, “la violencia contra la mujer ha dejado, según registros periodísticos, al menos la muerte de 64 mujeres a manos de sus parejas en el 2004, una cifra inferior a la mitad de los 140 reportados en 2003, pero no porque haya menos casos, sino menos registros” (País, Violencia Intrafamiliar, jueves 25 de noviembre de 2004). “Susi” Pola argumenta que en la prensa no llegan ni al 10% del total. Además, Pola asegura que no han logrado total acceso a los archivos de homicidios de la Policía.
    En la misma fecha en que se publica la noticia anterior, se reactivan en República Dominicana la Comisión Nacional de Prevención y Lucha contra la Violencia de Género e Intrafamiliar y la ley 88-03 que da paso a las Casas de Acogidas para mujeres. Al día siguiente, según documenta el periódico El País, cientos de mujeres protestaron frente al Congreso Nacional para evitar que la reforma el Código Penal elimine los pasos de avance dados con la Ley Contra la Violencia Intrafamiliar 24-07. De acuerdo a Marién A. Capitán, periodista que escribe la noticia, Wendy Alba de la Coalición de ONG’s le entregó a la Cámara de Diputados los reclamos. Y más adelante:
Tras recordar que la República Dominicana es signataria de los acuerdos internacionales que se han firmado a favor de la no violencia hacia la mujer, Alba señaló que la reforma del código haría retroceder la justicia dominicana al punto en el que estaba hace cien años atrás. Para evitarlo, el colectivo propone que se tipifique y criminalice el incesto, que se reconozca el carácter de género de la violencia contra las mujeres, que se castiguen la violencia doméstica y psicológica y que prohíban que una víctima de una violación se case con su agresor. También que castiguen a quienes exploten sexualmente a los menores y que se reconozca el derecho de las mujeres a interrumpir un embarazo cuando su vida esté en peligro, cuando se compruebe que el feto tenga algún tipo de malformación o cuando el embarazo sea producto de una violación o de incesto (País, 26 de noviembre de 2004).    
 La situación legal de la mujer es mucho más alarmante en República Dominicana que en Puerto Rico. Si para las mujeres dominicanas es difícil, para las mujeres dominico-haitianas y las mujeres haitianas es mucho peor. Esto es algo que aprendí en el viaje que realicé como parte del curso “Género y Migración en el Caribe”. Gracias a dicho viaje pude participar de una charla con el Movimiento de Mujeres Dominico-Haitianas, Inc. (MUDHA). La situación de los/as dominico-haitianos/as es sumamente injusta, MUDHA lo describe de la siguiente forma:
A las personas nacidas en la República Dominicana hijas/os de migrantes o ascendencia Haitianos se les viola de manera flagrantes sus derechos humanos, situación que cuestiona el estado de derecho y la seguridad jurídica en nuestro país. Entre las normas violadas en perjuicio de los dominican@s de ascendencia haitiana destacan: la Constitución en sus artículos 8, 9, 11, 12, 13 100, entre otros, Código para el Sistema de Protección y los Derechos Fundamentales de los Niños, Niñas y Adolescentes (Ley 136-03), la Ley 659 sobre registro civil, Pactos y Convenciones Internacionales (Declaración Universal de Derechos Humanos, Pacto Internacional de Derechos Humanos, Convención sobre los Derechos del Niño). Convenios adoptados y ratificados por la República Dominicana. Las violaciones a las normas citadas, implican una limitación en el ejercicio y disfrute de derechos civiles, políticos, culturales, sociales y económicos, al grupo étnico más numeroso de la República Dominicana.

El propósito de citar cada una de las violaciones es dar una idea de la injusticia que viven día a día los/as dominico-haitianos/as. El Estado dominicano insiste en negarle a este sector el derecho a inscribirse en el registro civil de nacimiento. Condenados/as a la “no existencia civil”, este sector de la población queda anulado social, económica y políticamente. Esto afecta de forma particular a las mujeres ya que socialmente son las encargadas de manejar los asuntos de la educación, la vivienda y la salud. Lo más triste de todo esto es que yo sólo estoy señalando una ínfima parte de los problemas que viven las mujeres día a día según su condición social y experiencias personales.

V. Conclusión
 
Como puede verse, la violencia hacia las mujeres va desde lo jurídico hasta lo racial, pasando por un conjunto de problemas que las oprimen. Una mujer maltratada es una mujer maltratada. Pero no es lo mismo una mujer blanca maltratada con recursos económicos que la pueden ayudar a salir de su situación, que una mujer negra maltratada sin recursos económicos que la incentiven a buscar un nuevo horizonte. No pretendo ser rígida en las categorías y decir que las mujeres negras sufren más que las blancas. Lo que sí pretendo es expresar que el factor racial juega un papel importante en el nivel de opresión que puede sufrir una mujer así como también lo hace su clase social.
El problema de la violencia en sí es sumamente complejo. La violencia hacia las mujeres es un fenómeno que se está dando a nivel mundial. ¿Dónde están las soluciones? Las soluciones están en el análisis de las estructuras de poder y en la lucha por erradicarlas. ¿A quién le corresponde el reto? Como bien dijo “Susi” Pola: “El reto es para hombres y mujeres y está en desaprender los patrones que nos amarran a esta cultura depredadora”.



Notas

1 Nuria Varela, Feminismo para principiantes (Barcelona: Ediciones B, 2005) 263
2 Si se buscan las estadísticas oficiales de la Universidad, por ningún lado se encontrará referencia al número de mujeres agredidas en el recinto. Este dato es relevante y hasta inverosímil pues es un saber común que la universidad es reflejo de muchos de los problemas de la sociedad. Además, siempre hay rumores de mujeres violadas y/o acosadas sexualmente. Es importante indagar en las razones por las cuales, la Universidad no lleva registro de las agresiones. Ya sea por la negativa de las víctimas a denunciarlo o por la negativa de la administración a reconocerlo.
3 Altagracia Tapia y Cristina Reyna, Tú y yo en igualdad de género (Santo Domingo: Impresora Metropolitana, 2005) 3.
4 La visión de la violencia hacia las mujeres como un asunto público responde a la necesidad de combatir la visión general sobre este tema, la cual cataloga los crímenes cometidos hacia las mujeres como problemáticas que solo competen al ámbito privado del hogar. El Comité Educativo Contra el Discrimen por Razón de Género señala la importancia de romper el silencio y denunciar la violencia hacia las mujeres como un problema social de gran envergadura que nos compete a todos y todas.


Bibliografía


Cobián, Mariana. “Pasarán rolo a un mural” Primera Hora 1 Dic. 2005. 25.

Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Oficina de la Procuradora de las Mujeres. La violencia en la relación de pareja: estudio de personas convictas por Ley 54. Puerto Rico: imprenta del Departamento de Educación, 2006.

Movimiento de Mujeres Dominico-Haitianas. ¡Aquí Nacimos, Dominican@s Somos! C/ Pedro A. Lluberes No. 1, Gazcue. Santo Domingo, Rep. Dom. Apartado Postal 136-B.

Movimiento Socialista de Trabajadores. Programa de Lucha de la Mujer. Puerto Rico: Imprenta Gutenberg, enero 1991. 12.

Pola Z., María Jesús. “El sistema de derecho dominicano y la violencia de pareja.” Miradas Desencadenantes: Los Estudios de Género en la República Dominicana al inicio del Tercer Milenio. Comp. Gineta E.B. Candelario. República Dominicana: Centro de Estudios de Género, INTEC, 2005. 123-138.

Roldán Soto, Camile. “Polémico mural antiviolencia en recinto de UPR” El Nuevo Día 1 Dic. 2005.
21.

Tapia, Altagracia y Cristina Reyna. Tú y yo en igualdad de género. Santo Domingo: Impresora Metropolitana, enero 2005.

Varela, Nuria. “La violencia: los crímenes del patriarcado.” Feminismo para principiantes. Barcelona: Ediciones B, 2005. 251-267.




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