"La vida de Karl Marx" / "Marx in Soho"
Basado en la obra de teatro de Howard Zinn /
based on the play by Howard Zinn
(texto bilingue / bilingual text)
Professor Gerald Levy representing Karl Marx in "Marx in Soho" /
Profesor Gerald Levy representando a Karl Marx en "La Vida de Karl Marx"
En el
verano del 2005, durante el mes de Junio el Profesor Gerald Levy del Departamento
de Sociología de la Universidad de Marlboro participó del programa
de intercambio de la Fundación Melassa y trajo como aporte la representación
de la obra, "La vida de Karl Marx" basada en la novela del historiador y activista
político, Howard Zinn. Se presentó en la Universidad del
INTEC y en el Teatro de la Escuela de Arte de la Universidad Autónoma
de Santo Domingo. Además dio un taller de actuación en
traducción en el local del Movimiento Sin Aula donde también
ofreció una charla sobre la situación internacional política,
la cual repitió en la Universidad UNIBE en el contexto de un análisis
actual de la política internacional de Estados Unidos. /
In the summer of 2005, during the month of June, Professor Gerald Levy from
the Department of Sociology of Marlboro College participated in the exchange
program of the Melassa Foundation, and brought to us as his own contribution
a play, "Marx in Soho" based on the novel by historian and political activist
Howard Zinn. He performed the play at Intec University and the Theatre
of the Arts School of the Autonomous University of Santo Domingo. He
also gave an acting in translation workshop at the site of Beyond the Classroom
Movement where he also offered a talk about the current international political
situation, which also took place at UNIBE University in the context of a current
analysis of US international politics.
El Profesor Gerald Levy, antiguo profesor de
Sociología de nuestra antigua directora Karin Weyland, participó
también en un programa de radio conducido por el Movimiento Sin Aula,
y recorrió las comunidades del Batey de Palavé donde compartió
con los-as niños-as del Comedor Infantil de ADASEC donde Melassa tiene
proyectos y compartió con los jóvenes del taller de baile y
teatro de Melassa en la Escuela Básica de Mata de Los Indios, los
cuales acudieron a sus presentaciones. / Professor Gerald Levy, former professor
of our former director Karin Weyland, participated also in a radio program
coordinated by the Beyond the Classroom movement, and visited the communities
of the Batey Palavé where he shared with the kids from the ADASEC Food
Kitchen where Melassa collaborates, and shared with the Melassa dance and
theatre group at the Primary School of Mata Los Indios, who attended his
performances.
Texto de la obra de teatro (en español solamente, in Spanish only)
!Gracias a Dios, una audiencia!
Que bueno que vinieron
y no se dejaron llevar de esos idiotas que dicen que “Marx está muerto”
Bueno, estoy… y no estoy. Eso es dialéctica para ustedes.
Se preguntan como
llegue hasta aquí… transporte público.
Yo no esperaba volver
aquí… quería regresar a Soho. Allí es donde vivo en Londres
pero…hubo una confusión burocrática y aquí estoy Soho
en Nueva York.
Bueno siempre quise
visitar New York. ¿Por qué he regresado?
Para verificar mi
nombre. He estado leyendo periódicos… están diciendo que mis
ideas están muertas! No es nada nuevo.
Estos payasos están
diciendo esto por más de cien años… no se sorprendan ¿Por
qué es necesario que me declaren una y otra vez?
Bueno, ya me tienen
harto. Pedí por el derecho de volver un tiempo corto. Pero hay reglas.
Se los dije: es la
burocracia. Se permite leer y ver pero no viajar. Ya proteste porsupuesto.
Y tuve algo de apoyo…
Sócrates dijo:
“El que no viaja no vive”.
Gandhi hizo huelga
de hambre.
La Madre Jones amenazo
con organizar manifestaciones.
Mark Tawin me
defendió en su forma.
Buda canto: hummmmm!
Pero los demás se quedaron callados. Mi Dios, a estas alturas ¿Qué
tienen que perder?
Si, ya se que tengo
reputación de revoltoso y aun así, la protesta funciona. Finalmente
ellos dicen: “Esta bien. Puedes ir. Tienes una hora para hablar pero
recuerda sin agitaciones!”.
Realmente creen en
el derecho a hablar libremente… pero claro dentro de los límites…
son liberales. Divulgenlo: Marx ha regresado por un tiempo. Pero entiendan
una cosa. No soy marxista.
Le dije eso una vez
a Pieper y casi se atrangató debería contarles sobre Pieper.
Estábamos viviendo en Londres. Jenny y yo y los niños pequeños
y dos perros, tres patos y dos pájaros. Casi sobreviviendo. Un apartamento
en la calle Dean, cerca de los desagues de la ciudad.
Estábamos en
Londres por que me habían expulsado del continente, expulsado de la
tierra donde nací, Alemania.
Había hecho
cosas peligrosas. Fuí editor de un periódico no tan revolucionario
pero supongo que el acto más revolucionario es… decir la verdad.
En Alemania los policías
estaban arrestando a la gente pobre por recoger madera para el fuego de las
tierras de los ricos. Escribí un editorial protestando sobre la situación.
Y trataron de censurar el periódico.
Entonces escribí
que no había libertad de prensa en Alemania. Decidieron darme la razón
y nos cerraron. Fue ahí que nos volvimos radicales.
La ultima edición
de la revista tenía por título: Revolución! Eso
no les gusto a las autoridades. Me echaron de Alemania.
Entonces, me fui a
París. ¿Dónde mas se van los exiliados? ¿Dónde
mas te puedes sentar toda la noche en un café y decir mentiras
de lo revolucionario que eras en el viejo continente?... Si vas a ser un
exiliado, vete a París.
París fue nuestra
luna de miel. Jenny encontró un apartamento pequeño en Latin
Quarter.
Meses de ensueño
pero se había corrido la voz, desde la policía alemana a la
de París, parece que la policía había desarrollado una
conciencia internacional mucho antes que los trabajadores…
Entonces me echaron
de París también, nos fuimos a Bélgica y también
nos echaron. Fuimos a Londres donde van refugiados de todo el mundo. Los britanicos
son admirados por su tolerancia…e insufribles por hablar sobre ello.
Los médicos
me dijeron que la tos se me iba a ir en una cuantas semanas. Eso fue en 1858.
Pero les contaba de
Pieper. En Londres, los refugiados políticos del continente encontraban
y salían de nuestra casa a menudo. Pieper era uno de ellos.
Me rodeaba como una
abeja, un fan indeseable. Se ubicaba a cinco centímetros de mí,
para asegurarse que yo lo notara y citaba lo que yo escribía.
Yo decia: “Pieper,
por favor no me cites a mi mismo”.
Tenía el coraje
de decir que a mi me gustaría, que iba a traducir El Capital al ingles.
Ha! El hombre no podía hablar una oración en ingles sin asesinarla.
El ingles era el lenguaje
de Shakespeare. Si Shakespeare hubiera oído hablar a Pieper una oración
en ingles se hubiera envenenado.
Pero a Jenny le daba
pena y le gustaba invitarlo a nuestras cenas familiares. Una tarde,
Pieper llego y nos anuncio la formación de la “Sociedad Marxista de
Londres”.
¿Una sociedad
marxista? Le pregunte ¿Qué es eso?
“Nos encontramos toda
la semana para discutir otro de tus escritos. Leemos todo en voz alta y examinamos
oración por oración por eso nos llamamos Marxistas. Creemos
completamente y de corazón en todo lo que has escrito.”
¿Completamente
y de corazón? Le pregunté
“Si y sería
un honor Herr Doktor Marx”… siempre me llamaba así… “Si pudiera venir
a la proxima reunion de la sociedad marxista”.
“No puedo hacer eso”.
¿Por qué?
Pregunto.
“Porque no soy un
Marxista”.
No importaba su inglés,
el mío no era muy bueno tampoco.
Era su forma de pensar.
Era una vergüenza un satélite alrededor de mis palabras, reflejándolas
al mundo pero también distorsionándolas. y defendía
las distorsiones como un fanático, denunciando a cualquiera que las
interpretaba diferente.
Una vez le dije a
Jenny: “Sabes que mas me da miedo?” y ella me dijo: “Que la revolución
de los trabajadores nunca llegue”
“No, que la revolución
llegará y sea controlada por hombres como Pieper…
Fanáticos sin
poder. Dogmáticos. Hablaráis por el proletariado e interpretaráis
mis ideas para el mundo. Organizaran una nueva religión, una nueva
jerarquía, con excomunicaciones e índices, inquisiciones y escuadrones
armados.
“Todo esto se hara
en el nombre del comunismo, dilatando por ciento de años, el comunismo
de la libertad, dividiendo El mundo entre imperios capitalistas e imperios
comunistas.
Copiarán nuestro
sueño hermoso y llevará otra revolución, quizás
dos o tres, para limpiarlo. Eso es a lo que le temo”
No iba a dejar que
Pieper traduciera El Capital al ingles. Represento quince años de
trabajo, en las condiciones de Soho.
Es decir, caminando
cada mañana hacia el Museo Británico y su magnifica biblioteca,
viendo como los mendigos duermen en las calles al lado de los desagües,
trabajando en el museo hasta el atardecer, leyendo y leyendo … ¿hay
algo mas aburrido que leer sobre economía política?
Si, escribir sobre
economía política, devuelta a la casa, a través de las
calles oscuras, oir a los vendedores cantar los precios de sus productos,
y a los veteranos de guerra, algunos ciegos, otros sin piernas, pidiendo
dinero… el olor pobre de Londres.
Mis críticos
tratando de minimizar el efecto de El Capital dirían como siempre han
dicho de los escritores radicales:
“Seguro que ha tenido
alguna experiencia traumática”…si, si quieren saber, esa caminata a
casa a través de Soho encendió el enojo que se refleja en El
Capital.
Los oigo decir, “Claro
porsupuesto, eso era antes, unos cien años atrás”. ¿Sólo
entonces?
De camino aquí,
camine por las calles de su ciudad, llenas de basura, respirando aire contaminado,
pasando por cuerpo de hombres y mujeres durmiendo en la calle cubriéndose
del frío.
En vez de cantar una
balada oigo en mi oído, “Por favor, señor para una taza de café.”
Llaman a esto progreso
porque tienen motores, teléfonos, máquinas que vuelan y mil
perfumes que los hacen oler mejor.
¿Y que hay
de la gente durmiendo en la calle? Un reporte oficial:
El producto bruto
de Estados Unidos… si nacional, nacional… El año pasado llego
a 7 mil millones de dolares. ¿Qué impresionante pero diganme,
donde estan? ¿Quién se beneficia de el? ¿Quién
no?
Menos de 500 personas
controlan 2 mil millones de dólares en inversiones comerciales. Son
estas personas más nobles, más trabajadores más utiles
a la sociedad que la madre en el barrio, dándole de comer a 3 hijos
durante el invierno, sin dinero para pagar la calefacción?
Y yo no lo había
dicho, 150 años atrás que el capitalismo incrementaría
la riqueza de la sociedad, pero que esta riqueza, estaría concentrada
en menos y menos manos?
Se mergen el Banco
Chase de Manhattan con el Chemical. 12 mil trabajadores perderan sus empleos…las
acciones suben…
…y decían que
mis ideas estaban muertas!
Conocen el
poema de Oliver Goldsmith, “La aldea desierta”.
Donde la riqueza se
acumula y los hombres se deterioran. Si deterioro. Eso fue lo que ví
mientras caminaba a través de la cuidad esta mañana, casas deterioradas,
escuelas deterioradas, personas deterioradas.
Pero caminé
un poco mas y me encontré rodeado de hombres con riqueza, mujeres
con joyas y pieles.
De repente sentí
el sonido de las sirenas…
¿Hubo violencia
en algun sitio? ¿Se cometio algun crimen de quien se quiso llevar parte
del producto bruto nacional ilegalmente, de aquellos que se lo habían
robado legalmente?
Oh! Las maravillas
del sistema del mercado!
Los seres humanos
convertidos en productos, sus vidas controladas por el super producto, el
dinero!
Al comité no
le gusta eso!
En ese apartamento
pequeño en Soho, Jenny hizo sopa caliente y papas hervidas.
Había pan fresco
de nuestro amigo el panadero de la esquina.
Nos sentábamos
alrededor de la mesa y comíamos y hablábamos de los eventos
del día… la lucha por la libertad de los irlandeses, la última
guerra, la estupidez de los líderes políticos, una oposición
política confabulándose a morir, la prensa cobarde…
Supongo que las cosas
son diferentes estos días, eh?
Después de
la cena recogíamos la mesa y me ponía a trabajar con mis cigarros
a mano, y un vaso de cerveza.
Trabajaba hasta las
3 o 4 de la mañana. Mis libros afiliados en un lado los reportes parlamentarios
en el otro. Jenny estaba al otro extremo de la mesa, transcribiendo…mi escritura
era imposible y ella rescribía cada palabra mía…
¿Pueden imaginarse
algo mas heroico?
Ocasionalmente una
crisis. No una crisis mundial. Un día no podía encontrar mi
Ricardo. Le pregunte a Jenny “¿Donde esta mi Ricardo?” me dijo, Principios
de la Economía política. Bueno ella pensó que yo ya la
había leído y lo llevo a la casa de empeño.
Perdí la paciencia
“Mi Ricardo”.
Empeñaste mi
Ricardo”!
Ella me dijo: “No
te alteres. ¿Y la semana pasada no empañamos el anillo que
me dio mi mamá?.”
Así era. Empeñábamos
todo, especialmente regalos de la familia de Jenny. Cuando se acaban empeñábamos
nuestra ropa.
Un invierno. ¿Conocen
los inviernos de Londres? No tenia con que abrigarme. En otra ocasión
camine fuera de la casa mis pies se empezaron a congelar en la nieve, y después
me di cuenta, que no tenia zapatos. Los habíamos empeñado el
día anterior.
Cuando El Capital
fue publicado, celebramos, pero Engels tuvo que darnos algo de dinero para
sacar los manteles y platos de la casa de empeño. Engels era un santo.
No había otra palabra para el.
Cuando nos cortaron
el agua, el gas, y la casa estaba oscura y nuestros ánimos abajo, Engels
pagaba nuestras cuentas. Su padre era dueño de fábricas en
Manchester.
Si…el capitalismo
nos salvo!
No siempre entendía
nuestras necesidades. No teníamos dinero para comer y el nos enviaba
cajas de vino! Una navidad, cuando no pudimos comprar un árbol Engels
llego con 6 botellas de champaña.
Entonces nos imaginamos
un árbol, formamos un círculo alrededor, nos bebíamos
el champán y cantábamos canciones de Navidad.
Yo se que mis amigos
revolucionarios estaban pensando: “Marx, el ateo, con un árbol de Navidad”.
Si, yo describí
a la religión como el opio de la gente, pero nadie jamás le
ha prestado atención al párrafo entero. Escuchen:
“La religion es el
alivio de la criatura oprimida, el corazón del mundo sin corazón,
el alma de las desolaciones, el opio de las personas”.
Es verdad el opio
no es la solución, pero es necesario para aliviar el dolor. ¿No
se eso de mis nacios? ¿Y el mundo no tiene un caso terrible de nacio?
Sigo pensando en Jenny
como ella empaco nuestras cosas y crió a nuestras dos niñas,
Jennychen y Laura, a través del Canal de Londres.
Y luego dio a luz
tres veces en nuestro apartamento tan frio de la Calle Dean.
Amamantaba a los bebes
y los trataba de mantener calientes y los vio morir uno a uno.
Guido, todavía
no había comenzado a caminar. Y Francesca, ella tenia un año.
Tuve que pedir tres
pesos prestados para comprar un ataúd. Sobre Moosh, el vivió
por 8 años, pero algo estaba mal desde el comienzo tenia una
gran cabeza guapa, pero el resto de el nunca creció.
La noche que murió
todos dormimos alrededor de su cuerpo hasta que llego la mañana.
Cuando Eleanor nació
teníamos miedo. Pero ella era fuerte. Fue bueno que tuviera 2 hermanas
mayores. Casi tampoco sobreviven. Jennicher nació en Paris. Paris es
grandioso para los enamorados, pero no para los niños y las niñas.
Algo sobre el aire.
Laura fue nuestra segunda hija, nacida en Bruselas. Nadie debería
nacer en Bruselas.
En Londres no teníamos
dinero. Pero siempre teníamos pasadias todos los domingos.
Caminábamos
una hora y media hacia el campo, Jenny y yo las niñas y Jennicher
(Oh, ya les contare sobre ella).
Jennicher hacia una
carne asada. Y teníamos te, pan de frutas, queso, cerveza. Eleanor
era la más joven, pero bebía cerveza.
No teníamos
dinero pero los niños necesitaban unas vacaciones. Una vez, coji dinero
de la renta y los envié a la Costa Atlántica de Francia. Otra
vez con el dinero de la comida, compre un piano, porque las niñas amaban
la música.
Un padre no se supone
que tenga favoritos entre sus hijos. Pero Eleanor! Yo le decía a Jenny:
“Eleanor es una niña extraña”. y Jenny me decía: Esperas
que los hijos de Karl Marx sean normales!
Eleanor era la más
chiquita, la más brillante. Imagínense una revolucionaria a
la edad de 8 años.
Esa era la edad
que tenia en 1863. Polonia estaba en rebelión en contra de Rusia, y
Tussy escribió una carta (así la llamábamos Tussy) le
escribió a Engels “sobre aquellos compañeros valientes de Polonia”
como ella los llamaba. Cuando tenia nueve años, le envió una
carta a América, y aconsejo al Presidente Lincoln, diciéndole
como ganar la guerra de confederación.
También fumaba
y bebía vino. Y así y todo era una niña.
Vestía muñecas…
mientras bebía una copa de vino! Jugaba ajedrez conmigo cuando tenía
10 años y no le ganaba fácil. A los 15 años, de repente
se enfureció en contra de la ley que había que observar el día
del señor.
Ninguna actividad
era permitida el domingo.
Entonces ella organizo
“tarde de domingo para la gente” en el Salón St. Martin y trajo músicos
allí a tocar Handel, Mozart, Beethoven.
Ese salón se
llenaba, dos mil personas. Era ilegal pero nadie fue arrestado. Una lección.
Si vas a violar la ley hazlo con dos mil personas…y Mozart.
Solía leerle
a ella y a sus hermanas en voz alta Shakespeare y Dante y le encantaba su
cuarto era un Museo de Shakespeare. Se había memorizado Romeo y Julieta
e insistía que le leyera una y otra vez, esas líneas de Romeo
y Julieta cuando Julieta lo vio por primera vez:
“La brillantez de
sus mejillas apagaba las estrellas como la luz del día, sus ojos en
el cielo cortaba tanto el aire de la región con su brillo que los
pájaros cantaban y pensaban que no era de noche”.
Tussy no era fácil
de convencer… Oh no!
¿Sabes lo vergonzoso
que es tener una hija que le encuentra fallas a tu razonamiento? Ella me discutía
lo que yo escribía. Por ejemplo, mi ensayo sobre la cuestión
judía, difícil de entender, lo admito.
Bueno Eleanor lo leyó
inmediatamente y me desafió: “Como tu puedes separar a los judíos
como representantes del capitalismo? No son los únicos que están
envenenados por el comercio y la ambición”.
Le trate de explicar
que no estaba separando a los judíos si no utilizándolos como
ejemplo. Su respuesta fue comenzar a utilizar una estrella judía “soy
judía” me decía ¿Qué puedes decir?
Encogía mis
hombros y Eleanor decía “eso es un gesto judío”. Podía
ser muy pedante. Tussy sabia que mi padre se había convertido al Cristianismo.
No era practico ser
un judío en Alemania… ¿Es alguna vez practico ser judío
en algún lugar? Me había bautizado a la edad de 8 años.
Este hecho había intrigado a Eleanor. Me preguntaba: “Moro” (la familia
me llamo “Moro” por mi piel oscura) “Yo se que a ti te bautizaron pero primero
te hicieron la circuncisión, no fue así?”
Nada le avergonzaba
a esa niña. En esos tiempos era imposible. Escuchen esto. Además
de su estrella judía, usaba un crucifijo. No estaba enamorada
del cristianismo pero de los irlandeses, y su rebelión en contra de
Inglaterra.
Aprendió de
la lucha irlandesa a través de Lizzie Burnns, el amor de Engels.
Lizzie era una chica
de los molinos y no podía leer. Engels hablaba 9 idiomas. Deben pensar
que esto lo hacia difícil para comunicarse pero se amaban. Lizzie era
activa en el movimiento irlandés. Tussy la visitaba y ellas dos
se sentaban en el suelo y bebían vino juntos y cantaban canciones irlandesas
hasta que se dormían.
Hubo una noche terrible,
la noche que el gobierno británico ahorco dos jóvenes irlandeses,
en medio de Soho, con una multitud de borrachos haciéndole coro…esos
británicos con su te en la tarde y sus ahorcados en publico!
Entendio que ya no
ahorcaba a la gente… solo le ponen gas y le inyectan veneno a las venas,
y electricidad para quemarlos hasta morir. Mucho más civilizado. Si,
ahorcaron a dos jóvenes irlandeses por querer la libertad de Inglaterra.
Eleanor lloró y lloró!
Yo le decía:
“Tussy, no tienes que involucrarte tan temprano con los horrores del mundo.”
Tiene solo 15 años”
y ella me decía: “ese el punto, ya no tengo 13 ni 14 años,
tengo 15”. Si, tenia 15 y se enamoraba de cada joven apuesto que desfilaba
por el apartamento. Podía hacer una lista.
Por el resto de sus
días, Eleanor era inteligente en la política pero absurda en
el amor. Estaba loca de amor por el héroe de los Comunas de Paris,
Lisagaray… por lo menos era francés.
El novio de Jennicher
era británico. Los británicos son como la comida británica
tengo que decir más? Y el novio de Laura era La Fargue. Sus demostraciones
de pasión en público eran absurdas. Le ponía las manos
en la nalga, en publico, como si fuera lo mas natural.
Y Jenny lo defendía.
“Tu sabes que su familia
vino a Francia de Cuba” como que si en Cuba la gente anduviera con las manos
en las nalgas de los demás.
Jenny siempre trataba
de calmarme bueno, me podía calmar pero no tenía suerte con
mis hemorroides. Algunas vez las ha tenido?
No hay una enfermedad
más odiosa, eran una plaga toda mi vida. “Marx esta enojado con el
sistema capitalista porque tiene nacíos! Que imbeciles! Como hablan
de los revolucionarios que no tienen forunculos?
Claro, siempre encuentran
algo: Este lo golpeo el padre, este lo amamantaron hasta que cumplió
los diez años; ese no sabia ir al baño como si uno tuviera que
ser anormal para resistir la explotación.
Cualquier explotación
menos lo obvio, que el capitalismo por su naturaleza, su ataque al espíritu
humano, cría la rebelión…
Oh sí! Dicen
que el capitalismo se ha vuelto mas humano desde mis tiempos. De verdad? Solo
unos años atrás, salio en los periódicos que los dueños
de fabricas cerraron las puertas y dejaron adentro a las mujeres trabajando
en una fabrica en Carolina del Norte ¿Porque?
Para hacer más
dinero. Hubo un fuego y 25 trabajadores quedaron atrapados y murieron.
Quizás mi enojo
me afectaba sentarse, por los nacíos. Pero intenten sentarse y escribir
con forunculos! Y no me hablen de los medicos. Ellos sabían menos que
yo. Mucho menos porque eran míos los nacíos.
No podía dormir.
Después descubrí que el agua era milagrosa.
Si, así de
simple. Paños de agua tibia, Jenny me los ponía pacientemente,
horas tras horas.
Se despertaba en medio
de la noche cuando gritaba, y me ponía los paños. A veces
cuando Jenny no estaba, Lencher lo hacía.
Si, Lencher. Aquí
estábamos, viviendo en la pobreza en Soho y la madre de Jenny decide
mandarnos a Lencher para ayudarnos con los bebes.
Habíamos empeñado
nuestros muebles, pero teníamos una niña sirvienta. Así
es cuándo se casa con la aristocracia.
Los suegros no te
envían dinero que uno lo necesita, te envían sabanas y cubiertos
y una sirvienta. No es una mala idea. La sirvienta puede llevar la sabanas
y los cubiertos a la casa de empeño. Lencher hizo eso muchas
veces…Pero ella nunca fue una sirvienta.
Las niñas la
querían mucho, y Jenny también, cuando Jenny enfermaba Lencher
estaba con ella atendiendo a cada necesidad. Pero su presencia creó
una gran tensión entre Jenny y yo.
Me recuerdo de una
escena. Jenny dijo: “esta mañana te vi mirando a lencher”
¿Qué
quieres decir? Me refiero a la forma en que un hombre mira a una mujer! “Todavía
no se a que te refieres.” Era una de esas conversaciones que no podía
terminar bien.
Todo esto estaba pasando
en nuestro apartamento en la calle Dean. Y fuera de Londres ¿pueden
imaginarse las calles de Londres en 1858? Los chicos de los cigarros tratando
de vender algo por algunos centavos, el que toca el órgano con su mono…
Las prostitutas, los
magos, los que comen fuego, los vendedores ambulantes con sus trompetas, campanas,
y órgano y siempre una niña irlandesa cantando sus baladas.
Eso era lo que veía
y oía; caminado hacia la casa desde el Museo Británico, debajo
de las lámparas de gas que era encendidas hasta que llegaba a la calle
Dean y caminaba entre el lodo y los desagues, pensando en el cuidado con el
que pavimentan las calles de los ricos.
Bueno, me imagino que era
adecuado que el autor del El Capital caminaría entre la inmundicia
mientras escribía su reprobacion del sistema capitalista…
A Jenny no le gustaban
mis quejas sobre el lodo de la calle. Me decía: “Eso es lo que se siente
cuando lees El Capital”, siempre fue mi mayor critica. No dejaba nada fuera,
honesta pudiera ser ¿hay algo mas enfurecedor que una critica honesta?
El libro le preocupaba. Si El Capital. Se preocupaba que iba a aburrir
a la gente con mi discusión sobre el producto, la plusvalia, y el
valor de la mano de obra.
Decía que el
libro era muy largo, demasiado detalles, uso la palabra “condecoroso” pueden
imaginarse!
Me recordó
a lo que me dijo mi amigo del sindicato Peter Fox cuando le di una copia:
“Me siento como un hombre que le han dado un elefante de regalo”.
Si Jenny decía,
que era un elefante. Le trate de explicar que no era El Manifiesto Comunista
que era para el público en general. Es un análisis “deja que
sea un análisis” decía ella, pero que grite como el manifiesto,
como un fantasma esta persiguiendo Europa…. el fantasma del comunismo.
Si, decía ella,
eso le gusta a los lectores… un fantasma esta persiguiendo a Europa!
Y después me
leía las primeras palabras del El capital para atormentarme, claro.
“La riqueza de las sociedades en las que el modo de producción capitalista
prevalece se presenta como una inmensa acumulación de producción”.
Y me dijo: “Eso dormirá
a los lectores”.
Les pregunto, ¿Es
aburrido? “Bueno, quizás es un poco aburrido”, le admití a Jenny.
Y ella dijo que “No hay nada un poco aburrido”.
No malinterpreten.
Ella sí veía “El Capital” como un análisis profundo.
Mostraba cómo
el sistema capitalista se debía desarrollar en una cierta etapa histórica,
trayendo consigo un colosal crecimiento de las fuerzas productivas, un incremento
sin precedentes en la riqueza del mundo, y luego cómo, por su propia
naturaleza, distribuía la riqueza en una manera destructora tanto para
los trabajadores y trabajadoras como para los capitalistas.
Y cómo de sí
mismo surgían sus propios sepultureros y daban paso a un sistema más
humano.
Pero Jenny siempre
preguntaba: “¿Estamos llegándole a la gente que queremos llegarle?”
Un día ella
me dijo: “¿Sabes por qué los censores te han permitido publicarlo?
Porque ellos no pueden entenderlo y asumen que nadie más podrá”.
Le recordé
que “El Capital” estaba recibiendo buenas reseñas. Me recordó
que la mayor parte de las reseñas eran de Engels... Le dije que quizá
estaba siendo tan crítica de mi trabajo porque estaba infeliz conmigo.
“¡Ustedes, los
hombres!” me dijo. “No pueden creer que su trabajo merezca una crítica,
así que lo atribuyen a algo personal. Sí, Moor, mis sentimientos
personales están ahí, pero esto es algo aparte”.
Sí, sus sentimientos
personales. Jenny la estaba pasando muy mal en ese entonces. Supongo que yo
era el responsable.
Pero yo no sabía
cómo calmar su angustia. Deben entender que Jenny y yo nos enamoramos
cuando yo tenía 17 y ella 19 años. Era hermosa en ese entonces,
con pelo castaño y ojos oscuros. Por alguna razón le gusté
a su familia. Eran aristócratas y los aristócratas siempre se
impresionan con los intelectuales.
El padre de Jenny
y yo teníamos largas discusiones sobre filosofía griega. Había
hecho mi tesis doctoral sobre Demócrito y Heráclito. Me estaba
empezando a dar cuenta de que hasta ahora los filósofos sólo
han interpretado el mundo, ¡cuando el punto está en transformarlo!
Cuando fui expulsado
de Alemania, Jenny me siguió hasta París y allí nos casamos
y dio a luz a Jennichen y Laura.
Éramos felices
en París, viviendo de la nada, juntándonos con nuestras amistades
en el café. Ellos también vivían de la nada.
¡Qué
grupo éramos! Bakunin, el gran anarquista desgreñado. Engels,
el ateo buenmozo. Heine, el poeta santo. Oh, Stirner, un completo inadaptado.
Y Proudhon, quien dijo “¡La propiedad es un robo!”... ¡Pero quería
alguna!
Ser pobre en París
es una cosa. Pero ser pobre en Londres es otra. Nos mudamos allí con
dos hijas y muy pronto Jenny se volvió a embarazar. A veces sentía
que ella me culpaba a mí por criar a nuestros hijos en un lugar frío
donde siempre había alguien enfermo.
A Jenny le dio viruela.
Se recuperó, pero le dejó marcas en la cara. Traté de
decirle que todavía era hermosa, pero eso no ayudó.
Yo desearía
que pudieran conocer a Jenny. Lo que ella hizo por mí no puede ser
calculado. Y ella aceptó el hecho de que yo simplemente no podía
conseguir un trabajo como los demás hombres. Sí, lo intenté
una vez.
Escribí una
carta preguntando si había un puesto de vendedor en el ferrocarril.
Respondieron de la siguiente manera: “Dr. Marx, nos honra su solicitud de
un puesto aquí. Nunca hemos tenido un doctor en filosofía trabajando
aquí como vendedor. Pero el puesto requiere de letra legible, así
es que lamentablemente tendremos que rechazar su oferta”.
Jenny creía
en mis ideas. Pero era impaciente con lo que consideraba las pretensiones
de una gran erudición. “Baja a la tierra, Gran Doctor” me decía.
Ella quería
que yo pudiera explicar la teoría de la plus valía de manera
tal que los trabajadores ordinarios pudiesen entenderla. Le dije: “Nadie
puede entenderla sin antes entender la teoría del valor del trabajo
y cómo la fuerza de trabajo es una mercancía especial cuyo
valor está determinado por el costo de los medios de subsistencia
y todavía da valor a todas las otras mercancías, un valor que
siempre excede el valor de la fuerza de trabajo”.
Ella negaba con la
cabeza: “No, eso no servirá. Todo lo que tienes que decir es esto:
tu empleador te da el salario mínimo, sólo lo necesario para
que sobrevivas y trabajes; pero fuera de tu trabajo él gana muchísimo
más de lo que te paga a ti. Así es que se hace cada vez más
rico, mientras tú te quedas pobre”.
Está bien.
Digamos que sólo cien personas en la historia mundial han entendido
mi teoría de la plus valía. ¡Pero todavía es cierta!
Sólo el año pasado estuve leyendo los informes del Departamento
del Trabajo de los Estados Unidos. Ahí lo tienen.
Los trabajadores están
produciendo más y más bienes y ganando menos y menos salario.
¿Cuál es el resultado? Como lo predije. Ahora el uno por ciento
más rico de la población estadounidense controla el cuarenta
por ciento de la riqueza de la nación. Y esto en el gran modelo del
mundo capitalista, la nación que no sólo le ha robado a su propia
gente sino que se ha chupado la riqueza del resto del mundo…
Jenny siempre estaba
intentando simplificar ideas que eran, por naturaleza, complejas. Ella me
acusaba de ser primero un académico y como segundo un revolucionario.
Ella decía:
“Olvídate de tus lectores intelectuales. Dirígete a los trabajadores”.
Me llamaba arrogante
e intolerante: “¿Por qué atacas a los revolucionarios con mayor
vehemencia de la que atacas a la burguesía?”, preguntaba.
Proudhon, por ejemplo.
El tipo no entendía que debíamos aplaudir al capitalismo por
su desarrollo de las grandes industrias y luego tomarlas. Proudhon pensaba
que debíamos convertirnos hacia una sociedad más simple. Cuando
escribió su libro “La filosofía de la Pobreza”, le respondí
con mi propio libro “La pobreza de la filosofía”.
Pensé que esto
era inteligente. Jenny pensó que era ofensivo. Supongo que Jenny era
un mucho mejor ser humano de lo que yo podía ser.
Me incitó a
pararme de mi asiento y a involucrarme en la causa de los trabajadores ingleses.
Vino conmigo cuando fui invitado a hablar ante la primera reunión de
la Asociación Internacional de Trabajadores. Era el otoño de
1864.
Dos mil personas se
aglomeraron en el St. Martin´s hall. “Los trabajadores de todos
los países debemos unirnos contra las políticas exteriores criminales,
que juegan con los prejuicios nacionales y desperdician en guerras la sangre
y tesoro de la gente.
Debemos unirnos a
través de las fronteras para reivindicar las simples leyes de moralidad
y justicia en los asuntos internacionales… ¡Proletarios de todos los
países, uníos!”
A Jenny le gustó…
Mantenía a la familia funcionando con el agua cortada, el gas cortado.
Pero nunca se cansaba del tema de la emancipación femenina. Decía
que la vitalidad de las mujeres estaba siendo minada al quedarse en casa a
remendar y cocinar. Así que se negaba a quedarse en casa.
Me acusaba de ser
un libertador teórico pero que en la práctica ignoraba los
problemas de las mujeres. “Tú y Engels”, decía “escriben de
la igualdad sexual, pero no la practican”. Bueno, no haré comentarios
al respecto.
Apoyó con todo
su corazón la lucha irlandesa contra Inglaterra. La Reina Victoria
había dicho: “Estos irlandeses son realmente abominables, no como cualquier
otra nación civilizada”. Jenny escribió una carta al diario
de Londres: “Inglaterra ahorca a los rebeldes irlandeses que buscan nada
más que su libertad. ¿Es Inglaterra una nación civilizada?”
Jenny y yo estábamos
profundamente enamorados. ¿Cómo puedo hacerles entender eso?
Pero pasamos por tiempos infernales en Londres. El amor seguía allí.
Pero en un punto las cosas cambiaron. No sé por qué.
Jenny decía
que fue por que ella ya no era la gran hermosura que yo había cortejado.
Eso me enojó. Dijo que era por Lenchen. Eso me enojó aún
más. Me dijo que me enojaba porque era cierto. ¡Eso me enfureció!
Dicen que porque la
Unión Soviética colapsó, el comunismo ha muerto. ¿Acaso
saben estos idiotas lo que es el comunismo? ¿Acaso creen que un sistema
dirigido por un bruto que asesina sus compañeros revolucionarios es
comunismo? Scheisskopfen!
Los periodistas y
políticos que dicen esas cosas, ¿Qué tipo de educación
han tenido? ¿Acaso no leyeron nunca el “Manifiesto” que Engels y yo
escribimos cuando él tenía 28 y yo 30 años?
“En lugar de la vieja
sociedad burguesa, con sus clases y lucha de clases, hemos de tener una asociación
en la que el desarrollo libre de cada quien sea la condición para el
desarrollo libre de todos” ¿Escuchan eso? ¡Una asociación!
¿Acaso entienden el objetivo del comunismo? ¡Libertad del individuo!
Para desarrollarse
a sí mismo y misma como un ser humano compasivo. ¿Creen que
alguien que se llame a sí mismo un comunista o un socialista y actúe
como un gánster entiende el comunismo?
Dispararle a quienes
están en desacuerdo contigo ¿Puede eso ser el comunismo por
el cual di mi vida? Ese monstruo que se llevó todo el poder para sí
en Rusia – y que insistía en interpretar mis ideas como un fanático
religioso- cuando estaba poniendo a sus propios camaradas contra la pared
frente a escuadrones de la muerte.
¿Acaso él
permitió a sus propios ciudadanos leer aquella carta que escribí
a la Tribuna de Nueva York en la que decía que el castigo capital no
podía ser justificado en cualquier sociedad que se llamase a sí
misma civilizada?…
¡El socialismo
no está supuesto a reproducir las estupideces del capitalismo!
Aquí en América,
sus cárceles están llenas. ¿Quiénes están
allí? Los pobres. Algunos han cometido crímenes violentos y
terribles. La mayoría son ladrones y vendedores de drogas. ¡Creen
en la libre empresa! Hacen lo que hacen los capitalistas, pero en una dimensión
más pequeña.
¿Saben lo que
Engels y yo escribimos sobre las cárceles?
“Más que castigar
a los individuos por sus crímenes, debemos destruir las condiciones
sociales que generan el crimen y darle a cada individuo el espacio que necesita
en la sociedad para desarrollar su vida”
Sí, hablábamos
de un “estado del proletariado”. No una dictadura del partido, de un comité
central, no la dictadura de un hombre. No. Hablábamos de un estado
temporal de la clase trabajadora.
La masa de gente tomaría
el Estado y el Gobierno para los intereses de todos y todas, hasta que el
Estado mismo se volviera innecesario y gradualmente desapareciera.
Bakunin, por supuesto,
estaba en desacuerdo. Decía que un Estado, incluso uno de trabajadores,
si tiene cualquier ejército, policía, cárceles, se convertirá
en una tiranía. Le encantaba discutir conmigo.
¿Lo conocen?
¿A Bakunin, el anarquista? Si un novelista inventara un personaje como
él, dirían que la existencia de una persona así era
imposible. Decir que Bakunin y yo no nos llevábamos es una descripción
insuficiente.
Escuchen lo que él
dijo cuando Engels y yo estábamos en Bruselas escribiendo el “Manifiesto”.
“Marx y Engels, especialmente Marx, son burgueses arraigados”.
¡Nosotros éramos
burgueses arraigados! Por supuesto, comparados con Bakunin, todo el mundo
era un burgués, porque Bakunin eligió vivir como un cerdo. Y
si tú no vivías como un cerdo, si tenías un techo sobre
tu cabeza, si tenías un piano en tu sala, si disfrutabas de pan fresco
y vino, eras un burgués.
Le concedo coraje
a este hombre. Fue encarcelado, enviado a Siberia, escapó, vagó
por el mundo tratando de fomentar la revolución en todos lados. Quería
una sociedad anárquica, pero el único anarquismo que logró
establecer fue el de su cabeza.
Trató de iniciar
una revuelta en Bologna y casi se mata con su propio revolver. Sus revoluciones
fallaron en todas partes, pero era como un hombre cuyo fracaso con las mujeres
sólo lo estimulaba más.
¿Alguna vez
vieron una foto de Bakunin? Un gigante de hombre. Una cabeza calva que cubría
con una capa gris. Barba masiva. Expresión feroz. No tenía dientes,
el resultado de su dieta de prisión. Parecía vivir no en este
mundo pero en otro de su imaginación.
Era inconsciente con
el dinero. Cuando lo tenía, lo daba; cuando no lo tenía, lo
pedía prestado sin ninguna intención de devolverlo.
No tenía casa,
o, podrían decir que el mundo era su casa. Llegaba a casa de un camarada
y anunciaba “Estoy aquí, ¿Dónde voy a dormir y qué
hay de comer?” ¡En una hora estaba más en casa que sus anfitriones!
Hubo una vez en SOHO...
Estábamos cenando y Bakunin llegó… no se molestó en tocar
la puerta. Era su hábito llegar a la hora de la cena. Nos sorprendimos;
pensábamos que estaba en Italia. Cuando escuchábamos de él,
estaba en algún país lejano organizando una revolución.
Bueno, casi tocó
la puerta, entró, miró a su alrededor, sonrío su sonrisa
sin dientes y dijo “Buenas noches, camaradas” y sin esperar una respuesta,
se sentó en la mesa comenzó a devorar la salchicha y la
carne en mordidas enormes, tragándose el queso también y vaso
tras vaso de brandy.
Le dije: “Mikhail,
prueba el vino, tenemos mucho de eso. El brandy es caro”. Bebió un
poco de vino, lo escupió “Absolutamente desabrido” dijo, “El brandy
te ayuda a pensar con claridad”.
Luego inició
su actuación habitual, predicando, discutiendo, ordenando, gritando,
exhortando. Yo estaba furioso, pero era Jenny la que hablaba “Mikhail” decía
“!Para! ¡Estás consumiendo todo el oxígeno de la habitación!”
Él sólo estrellaba de la risa y continuaba.
La cabeza de Bakunin
estaba llena de basura anarquista. Sinsentidos románticos y utópicos.
Yo quería suspenderlo de la Internacional. Jenny pensaba que era ridículo.
¿Por qué –preguntaba- los grupos revolucionarios de seis miembros
siempre amenazan a alguien de expulsión?
Tenía cientos
de disfraces porque la policía lo estaba buscando en cada país
de Europa. Cuando vino donde nosotros en Londres, estaba disfrazado de cura.
Al menos eso creía él. ¡Se veía ridículo!
Bueno, se quedó
con nosotros una semana. Una vez nos quedamos levantados toda la noche, bebiendo
y discutiendo un poco más, hasta que ninguno pudo hablar más.
De hecho, yo me quedé dormido en medio de una de las peroratas de Bakunin.
Me sacudió hasta que desperté diciendo “No he terminado mi
punto”.
Fue aquel glorioso
tiempo del invierno de 1871, cuando la Comuna había tomado poder en
París… Sí, la Comuna de París. Bakunin dio un salto,
con todo su volumen hacia esa revolución. Los franceses lo entendieron.
Tenían un dicho “El primer día de una revolución, Bakunin
es un tesoro. El segundo día, debería ser disparado”.
¿Conocen ese
episodio magnífico de la historia humana, la Comuna de París?
La historia comienza con estupidez. Estoy hablando de Napolen III. Sí,
el Sobrino de Bonaparte.
Era un bufón,
un comediante sonriendo a la masa mientras dieciséis millones de campesinos
franceses vivían en casuchas oscuras, sus hijos se morían de
hambre. Pero como mantenía una legislatura, porque la gente votó,
se creía que tenían democracia… Un error común.
Bonaparte quería
gloria, así que cometió el error de atacar el ejército
de Bismarck. Fue rápidamente derrotado, mientras las victoriosas
tropas alemanas marcharon a Paris y fueron recibidas con algo más devastador
que las armas: el silencio. Encontraron las estatuas de París envueltas
en negro, una inmensa e invisible resistencia silente. Hicieron lo
sabio. Desfilaron por el Arco del Triunfo y rápidamente partieron.
Y la vieja orden francesa,
La República. Se llamaban a sí mismos liberales. No se atrevían
a entrar a París. Estaban temblando del miedo porque con los alemanes
fuera, París entonces fue tomada por los trabajadores, las amas de
casa, los vendedores, los intelectuales, los ciudadanos armados. La gente
de París formó –no un gobierno- pero algo más glorioso,
algo que los gobiernos en todas partes temen, una comuna, la energía
colectiva de la gente. ¡Era la comuna de París!
La gente reuniéndose
24 horas al día, por toda la ciudad, en núcleos de tres y cuatro,
tomando decisiones juntos, mientras la ciudad estaba rodeada por el ejército
francés, amenazando con invadir en cualquier momento. París
se convirtió en la primera ciudad libre del mundo, la primera muestra
de libertad en un mundo de tiranía.
Le dije a Bakunin:
“¿Quieres saber
a qué me refiero cuando hablo de la dictadura del proletariado? Mira
la comuna de París. Esa es la verdadera democracia”. No la democracia
de Inglaterra o de Estados Unidos, donde las elecciones son circos con la
gente votando por uno u otro guardián del viejo orden, donde no importa
cuál candidato gane los ricos seguirán gobernando el país.
La comuna de París.
Sobrevivió sólo unos cuantos meses. Pero fue el primer cuerpo
legislativo en la historia que representaba a los pobres. Sus leyes eran para
ellos.
Abolió sus
deudas, pospuso sus rentas, forzó a las casas de empeño a devolver
sus posesiones más necesitadas. Se rehusaron a aceptar salarios más
altos que los trabajadores. Redujeron su horario de panadero. Y planificaron
cómo dar admisión gratis para todo el mundo en el teatro.
El mismo gran Courbet,
cuyas pinturas habían impactado a Europa, presidió la federación
de artistas. Reabrieron los museos, pusieron una comisión para la educación
de las mujeres –algo que no se escuchaba- la educación de la mujeres.
Se aprovecharon de
lo último de la ciencia, el globo más ligero que el aire y
enviaron uno fuera de París para tomar la zona rural, tirando papel
impreso a los campesinos, con un simple y poderoso mensaje, el mensaje que
debería ser enviado a todas las personas trabajadoras en todas partes
del mundo: “Nuestros intereses son los mismos”.
La Comuna declaró
el propósito de las escuelas: enseñar a las niñas y niños
a amar y respetar a sus semejantes. He leído sus infinitas discusiones
sobre la educación.
¡Qué
tonterías! Enseñan todo lo necesario para tener éxito
en el mundo capitalista. ¿Pero enseñan a la juventud a luchar
por la justicia?
Los Comuneros entendieron
la importancia de esto. Educaron no sólo por sus palabras, sino también
por sus acciones. Destruyeron la guillotina, aquel instrumento de la tiranía,
incluso de la tiranía revolucionaria.
Entonces, usando bufandas
rojas, cargando un letrero rojo enorme, los edificios llenos de sábanas
rojas de seda, se reunieron alrededor de un monumento, símbolo del
poder militar, una estatua enorme arropaba la cabeza en bronce de Napoleón
Bonaparte.
Le pegaron un cartel
en la cabeza, y un sombrero al reves, la cabeza estrellada al piso. La gente
escalaba las ruinas. Ahora una bandera roja flotaba del pedestal. Ahora era
el pedestal no del país pero de la raza humana, y los hombres y mujeres
observando, lloraban de alegría.
Sí. Esa era
la comuna de París. Las calles siempre estaban llenas, los debates
continuaban en todas partes. La gente compartía cosas. Parecían
sonreir más a menudo. Gobernaba la amabilidad. Las calles eran seguras,
sin policía de ningún tipo.
Sí. ¡Eso
era socialismo!
Por supuesto, ese
ejemplo, el ejemplo de la Comuna, no podía ser permitido. Así
que los ejércitos de la República marcharon a París
e iniciaron una matanza. Los líderes de la Comuna fueron llevados
al Cementerio Pere Lachaise, puestos contra la pared de piedra y disparados.
En total, treinta mil fueron asesinados.
La comuna fue aplastada
por lobos y ladrones. Pero fue el logro más glorioso de nuestro tiempo...
Bakunin y yo bebíamos
y discutíamos, y discutíamos un poco más. Le dije: “Mikhail,
tú no entiendes el concepto de un Estado proletario. No podemos sacudir
el pasado en un momento orgásmico. Tendremos que rehacer una nueva
sociedad con los remanentes del viejo orden. Eso toma tiempo”.
“No”. Él decía.
“La gente, derrocando el viejo orden, debe inmediatamente vivir en libertad
o la perderán”.
Comenzaba a tornarse
personal. Me estaba impacientando y dije “Eres demasiado estúpido para
entenderlo”.
El brandy también
le estaba haciendo efecto a él. Dijo: “Marx, eres un hijo de tu madre…
arrogante, como siempre. Eres tú el que no entiendes.
¿Crees que
los trabajadores harán una revolución basada en tu teoría?
No les importa un carajo tu teoría. Su rabia surgirá espontáneamente
y harán una revolución sin tu supuesta ciencia. El instinto
de la revolución está en sus estómagos”. Se puso de pie
“Escupo en tus teorías”.
Mientras decía
esto, escupió en el piso. ¡Qué cerdo! Eso fue demasiado.
Le dije: “Mikhail, puedes escupir en mis teorías, pero no en mi piso.
Límpialo inmediatamente”
“Ahí tienes”
dijo “Siempre supe que eras un abusador” y dije “Siempre supe que eras un
eunuco”.
Rugió. Sonaba
como un animal prehistórico. Luego se subió encima de mí.
ustedes deben entender que este hombre era enorme.
Luchamos un poco en
el piso, pero estábamos demasiado ebrios para hacernos un real daño.
Después de un rato, estábamos tan cansados que nos acostamos
allí, recuperando la respiración.
Luego Bakunin se incorporó,
como un hipopótamo saliendo de un río, se desabotonó
sus pantalones ¡Y comenzó a orinarse fuera de la ventana! No
podía creer lo que estaba viendo "¿Qué diablos estás
haciendo, Mikhail?"
"¿Qué
crees que estoy haciendo? Me estoy meando fuera de tu ventana"
"Eso es asqueroso,
Mikhail” Le dije.
“Me estoy meando sobre
Londres. Me estoy meando sobre todo el Imperio Británico”
“No” le dije “Te estás
meando sobre mi calle”.
No me contestó.
Sólo se abotonó los pantalones, se acostó en el piso
y comenzó a roncar. Yo también me acosté en el piso y
pronto estaba inconciente. Jenny nos encontró a los dos así
horas más tarde, cuando se despertó con el amanecer.
No. No podían
permitir que la Comuna sobreviviera. La Comuna era peligrosa, un ejemplo demasiado
esperanzador para el resto del mundo, así que lo ahogaron en sangre.
Todavía sucede,
¿O no?, que cuando en algún rincón del mundo el viejo
orden es empujado a un lado y la gente comienza a experimentar una nueva forma
de vida –gente inocente de ideología, sólo con rabia por sus
vidas- no puede ser permitido. Así que ellos se van a trabajar
–saben a quiénes me refieron cuando digo “ellos”- a veces cubiertos
y otras directa y violentamente para destruirlo.
Así que siguen
diciendo “El capitalismo ha triunfado” ¡Triunfado! ¿Por qué?
¿Porque la bolsa de valores ha aumentado al cielo y los accionistas
son todavía más ricos que antes? ¿Triunfado?
¿Cuándo
un cuarto de la infancia en América vive en la pobreza, cuando cuarenta
mil de esta infancia muere cada año antes de su primer cumpleaños?
Cien mil personas
se alinearon antes del amanecer en la ciudad de Nueva York para dos mil trabajos.
¿Qué pasará cuando noventa y ocho mil de ellos sean rechazados?
¿Es por eso
que están construyendo más cárceles? Sí, el capitalismo
ha triunfado, pero ¿sobre quién?
Tienen maravillas
tecnológicas, han enviado hombres a la estratósfera, ¿Pero
qué pasa con la gente que queda en la Tierra? ¿Por qué
tienen tanto miedo? ¿Por qué se convierten a las drogas, el
alcohol por qué matan? Sí, está en los periódicos.
Sus políticos
están llenos de orgullo. Ahora el mundo se tornará hacia “el
sistema de la libre empresa” dicen ellos.
¿Acaso todo
el mundo se volvió estúpido? ¿Acaso no conocen la historia
del sistema de libre empresa, cuando los gobiernos no hacían nada por
la gente y todo por los ricos?
Cuando su gobierno
dio cien millones de tareas de tierra gratis para las vías de tren,
pero obviaba a los inmigrantes chinos e irlandeses que trabajaban doce horas
al día en esas vías y murieron de calor y frío.
Y cuando los trabajadores
de rebelaron e hicieron huelga, el gobierno envió al ejército
para aplastarlos hacia la sumisión.
¿Para qué
diablos escribí El Capital si no porque veía la miseria del
capitalismo, del “sistema de la libre empresa”?
En Inglaterra, los
niños pequeños eran puestos a trabajar en los textiles, porque
sus dedos pequeños podían trabajar los maquinas. En América,
las jóvenes iban a trabajar en las fábricas de Massachusetts
a los diez años y y morían a los 25.
Las ciudades eran
sitios de vicio y pobreza. Eso es el capitalismo, entonces y ahora.
Sí, veo los
lujos promocionados en sus revistas y en sus pantallas. Sí, todas
esas pantallas con todas esas imágenes. ¡Ven tanto y saben tan
poco!
¿Acaso nadie
lee historia? ¿Qué tipo de porqueria les enseñan en las
escuelas en estos días? ¡Son tan sensibles!
Extraño a Jenny.
Ella tendría algo que decir sobre todo esto. La vi morir, enferma y
miserable al final. Pero seguramente ella recordaba nuestros años de
placer, nuestros momentos de éxtasis en París e incluso en
Soho.
Extraño a mis
hijas...
Aniversario de la
Guerra del Golfo. Una victoria corta y dulce.
Sí, conozco
de estas cortas y dulces guerras, que dejan miles de cadáveres en
los campos y niños muriendo de falta de comida y medicamento.
En Europa, África, Palestina, la gente matándose una a la otra
por las fronteras.
¿No escucharon
lo que yo dije ciento cincuenta años atrás? ¡Borren esas
ridículas fronteras nacionales! ¡No más pasaportes, ni
visas, ni más guardias en la frontera ni impuestos de inmigración!
¡No más banderas ni símbolos de pertenencia a esa entidad
artificial llamada nación! ¡Trabajadores del mundo, uníos!
Oh Dios, mi espalda
me está matando...
Lo confieso: No preví
la ingeniosidad del capitalismo para sobrevivir. No me imaginé que
habrían drogas para mantener al enfermo sistema vivo.
La guerra para mantener
a las industrias funcionando, para hacer a la gente loca con el patriotismo
para que se olvidaran de su miseria. Los fanáticos religiosos prometiendo
a las masas que Jesús vuelve. Yo conozco a Jesús y él
no va a volver.
Estaba errado en 1848,
pensando que el capitalismo estaba en su puerta de salida. Estaba un poco
adelantado, quizá por doscientos años. Pero será transformado.
Todos los sistemas de ahora serán transformados.
La gente no es tonta.
Recuerdo a su presidente Lincoln diciendo que no se puede engañar a
la gente todo el tiempo. Su sentido común, su instinto de decencia
y justicia les unirá.
No se burlen.
¡Ha sucedido
antes! Puede volver a suceder, en una escala mucho más amplia. Y cuando
suceda, los dueños de la sociedad, con toda su riqueza y todos sus
ejércitos, no podrán prevenirlo. Sus sirvientes se rehusarán
a servir, sus soldados desobedecerán las órdenes.
Sí, el capitalismo
ha cumplido maravillas sin precedentes en la historia – milagros de la tecnología
y la ciencia.
Pero está preparando
su propia muerte. Su apetito voraz por la ganancia – ¡más, más,
más!- crea un mundo de caos.
Convierte a todo –
el arte, la literatura, la música, la belleza misma- en mencancías
para ser compradas y vendidas. Convierte a los seres humanos en mercancías.
No sólo el
obrero de fábrica, pero el físico, el científico, el
abogado, el poeta, los artistas- todos han de venderse para sobrevivir.
¿Y qué
pasará cuando toda esta gente se dé cuenta de que son obreros,
que tienen un enemigo común?
Se unirán
a los demás para sentirse bien. Y no sólo en su propio país,
porque el capitalismo necesita un mercado mundial.
Su grito es el “¡Libre
comercio!” porque necesita moverse libremente en todas partes del globo para
hacer más ganancias -¡más, más! Pero haciendo esto
crea una cultura mundial. La gente cruza las fronteras como nunca antes en
la historia.
Las ideas cruzan las
fronteras. Algo nuevo ha de venir de todo esto.
Cuando estuve en París
con Jenny en 1843, yo tenía 25 años y escribí que en
el nuevo sistema industrial la gente está enajenada de su trabajo porque
no les gusta.
Están enajenados
de la naturaleza, mientras las máquinas, el humo, los olores, el ruido
invaden sus sentidos –progreso, le llaman.
Están enajenados
de los demás porque todo mundo está contra todo mundo, luchando
por la sobrevivencia.
Y están enajenados
de sí mismos, viviendo vidas ajenas, viviendo como si no quisieran
vivir, como si la buena vida sólo fuese posible en sueños, en
fantasía.
Pero no tiene que
ser así. Todavía hay posibilidad de elección. Sólo
la posibilidad, eso se los concedo. No hay certeza.
Eso está claro
ahora. Yo tenía demasiada certeza. Ahora sé que cualquier cosa
puede suceder. ¡Pero la gente debe pararse de sus asientos!
¿Eso suena
demasiado radical para ustedes?
Recuerden que ser
radicales es simplemente agarrar la raíz de un problema. Y la raíz
somos nosotros.
Tengo una sugerencia.
Pretendan que tienen tremendos forunculos. Pretendan que estar sentados les
provoca un dolor enorme, así que deben ponerse de pie. Deben moverse,
deben actuar.
No hablemos más
de capitalismo, socialismo.
Sólo hablemos
de usar la increíble riqueza de la Tierra para los seres humanos.
Darle a la gente lo
que necesitan: comida, medicamento, aire puro, agua pura, árboles y
grama, hogares placenteros, algunas horas de trabajo, más horas de
ocio. No preguntemos quién se lo merece. Todo ser humano se lo merece.
Bueno, es hora de
irse.
¿Resienten
el que yo haya regresado y los haya irritado?
Mírenlo de
esta manera.
Es la segunda venida.
Cristo no pudo llegar, así que vino Marx...